NIÑA LUZBEL

EL ESCUPITAJO Hay dos maneras prácticas para evadir la incomunicación y suponer que el mundo nos escucha con solo cerrar los ojos: el sueño e internet. El hecho es tan real que asusta porque cada usuario suelta lo que tiene dentro y convierte la palabra escrita en una pintura fresca, impregnada de sentimientos, dudas o resentimientos. Del humor a la tragedia, depende de unas cuantas teclas del ordenador…

Luzbel Garrido, sobrina del gobernador de Tabasco, nunca pensó ver lo que, cien años después fue posible: estar en una gran metrópoli, comprar  botas de nieve y observar un enfrentamiento a balazos entre policías y sicarios.

Luzbel se lo contó a su madre durante el carnaval de Tenosique, en una comilona de barbacoa.

Y Matilde se lo confió a Tomás Garrido Canabal.

—Nieve, nieve.. Ay cuñada, dile a Luzbel que la va a conocer y muy pronto… Tengo planes de ir a la capital y me la llevo al Iztaccihuatl.

Y le cumplió:

El 24 de diciembre de 1919, Garrido Canabal tuvo un encuentro con el general Álvaro Obregón , en la ciudad de México. En el viaje se hizo acompañar de su hermano Pio Sexto, Matilde y Luzbel.

El gobernador interino no simpatizaba con Venustiano Carranza. Era aliado de una camarilla de sonorenses que intentaban tener el control político del país.

El jefe guerrillero Emiliano Zapata  había sido ejecutado nueve meses atrás. En la misma fecha, el general Francisco Villa entró en negociaciones con el gobierno federal para deponer las armas y retirarse a la hacienda de Canutillo, Durango.

Venustiano Carranza quería imponer como su sucesor en la presidencia de la república a su embajador en Washington, Ignacio Bonillas. Eso molestó a Garrido Canabal, enemigo acérrimo del clero católico.

Luzbel no disimuló su alegría al enterarse que conocería la nieve, como en sus sueños.

Durante su cumpleaños nueve, Garrido Canabal le regaló un cerdo blanco llamado El Papa.

Y siempre que los visitaba preguntaba por el cerdo y la perra María, una dálmata que adquirió durante un viaje a San Francisco.

A su primogénito, primo de Luzbel, lo llamó Lenin.

También organizó un comando paramilitar, denominado Camisas rojas. Lo utilizó para perseguir y asesinar a sacerdotes y mayordomos de los templos católicos.  No dudó en ordenar el fusilamiento de santos, vírgenes y cristos de yeso y madera.

El gobernador, adoctrinado con la experiencia bolchevique, suponía que la iglesia católica era la responsable de todos los males sociales predominantes en México.

Su misión —y la hizo saber a sus seguidores—, era poner en marcha un programa de educación laica, pública y gratuita.

Y a los maestros  rurales los convirtió en promotores de la revolución cultural tabasqueña. Su cruzada antirreligiosa duraría casi quince años.

Desde su asiento del vagón, Luzbel observó las montañas del Iztaccihuatl y Popocatepetl.

De boca de Tomás Garrido se enteró de una leyenda indígena, relacionada a los volcanes.

Popocatepetl era un general azteca e Iztaccihuatl, la hija del emperador Tezozomoc.

El jefe militar, antes de contraer nupcias con Iztaccihuatl, fue comisionado para someter a un dirigente rebelde oaxaqueño. Al retornar de la misión, le informaron que la princesa se había suicidado. Ella creyó que su esposo había muerto en manos de los zapotecos.

Entonces, Popocatepetl tomó en sus brazos a la hija de Tezozomoc y abandonó Tenochtitlán (hoy Ciudad de México).

Detuvo su marcha a cincuenta y cinco kilómetros de  Tenochtitlán ahí se quitó la vida.

Los enamorados suicidas se transformaron en los volcanes Iztaccihuatl y Popocatepetl.

Luzbel lloró al recordar la tragedia de los enamorados aztecas.

Su madre, conmovida, le confió de lo ocurrido a Garrido Canabal.

El gobernador en una de las charlas informales, se lo comentó al general Obregón, que divertido, dijo:

—Calan más las historias de amor, que los desencuentros políticos, cargados de odio. El Barbas (Carranza) ya quiere ser inmortalizado… Apúntate Tomás para que lo cargues…

Luzbel con más de cien años a cuestas, alcanzó a conocer los ordenadores portátiles y los teléfonos celulares.

En 1984 decidió vivir en Montreal. Nunca quiso regresar al México de sus ancestros, al suponer que su tío Tomás había sido traicionado por el presidente Lázaro Cárdenas del Rio.

Estaba segura que el general michoacano alentó la trifulca de la Plaza de Coyoacán, en febrero de 1934, que provocó el asesinato de una jovencita católica y el linchamiento de un camisa roja.

Su tío, entonces Ministro de Agricultura y Ganadería, tuvo que renunciar y exiliarse en República Dominicana y posteriormente en Costa Rica.

En 1940, muy enfermo regresó a México.

Tres años después, el 8 de abril de 1943, murió en un hospital de Los Ángeles, California.

El domingo 8 de abril de 2012, en su diario, Luzbel escribió con una caligrafía perfecta:

Hay dos maneras prácticas para evadir la incomunicación y suponer que el mundo nos escucha con solo cerrar los ojos: el sueño e internet. El hecho es tan real que asusta porque cada usuario, hombre y mujer, suelta lo que tiene dentro y convierte la palabra escrita en una pintura fresca impregnada de sentimientos, dudas o resentimientos. Del humor a la tragedia, depende de unas cuantas teclas del ordenador…

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