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Polvos ajenos

TIEMPOS DE CONQUISTA

polvos ajenos—Los historiadores con espíritu patriota, difícilmente lastiman a los padres fundadores de Quebec. Solo ven en ellos virtudes…

—¿Por qué lo crees?

—¿Qué sabes de Samuel de Champlain?

—Es uno de los padres fundadores de Quebec…

—Hay otras versiones…

Conversación insulsa, de comedero público. Nada extraordinaria.

Jean-Baptiste Conti aguardaba la presencia de Benzoni, su yerno. Gary Dick ingresó al restaurante media hora después del arribo de Jean-Baptiste.

Gary Dick aceptó acompañar a Jean-Baptiste en su mesa.

Un libro que leía el quebequés desencadenó el tema: el arribo de Champlain a la provincia francófona.

El anglófono de Vancouver, antes de sorber su segundo tarro de cerveza, soltó la pitanza:

—¿Sabes cuándo y con quien se casó Champlain?

—Seguro —respondió Jean-Baptista con autosuficiencia—el 30 de diciembre de 1610…

—¿En Paris?

—En Paris —confirmó el quebequés, alto y algo torcido de la espalda.

—Y si te dijera, que tu héroe, al que tanto veneras en la oficina, era un pedófilo.

—Me acordaría de tu madre y no de buenas maneras…

—Hélène Boullé, la que fue obligada a casarse por una dote, acababa de cumplir 12 años de edad…

—Eran otros tiempos, otras realidades…

—¿Y para ti, el proceder de Champlain es moralmente justificable? Champlain tenía 40 años, veintiocho más que Hélène…

—Champlain nos dio identidad cultural y vivió de acuerdo a las normas de la Francia de los siglos quince y dieciséis… Y no te olvides que por ese matrimonio, empezó la colonización de Montreal…

—¿Cómo está eso? —el comentario despertó la curiosidad de Gary Dick, que entornó sus enormes ojos turquesa, brillantes por un reciente pasón de marihuana.

—Después de la boda, Champlain regresó a Quebec con las seis mil libras que recibió del padre de Hélène, un rico burócrata real de nombre Nicolás Boullé. En la primavera de 1611 se instaló con su esposa en Montreal, en una pequeña isla que ahora es conocida como Sainte-Hélène, donde mandó construir una casa amurallada…

—Pobre chiquilla —suspiró el anglófono—, pero en algo te doy la razón… Su padre era calvinista y de acuerdo a su religión, las mujeres solo servían para dos cosas: conservar el linaje y lograr alianzas de poder y fortuna con otras familias de abolengo.

—Sí, Hélène terminó siendo católica, y después de la muerte de su esposo, tomó los hábitos de la orden de las madres ursulinas…

—Existen testimonios escritos, de que fue una mujer muy infeliz en su matrimonio…

—Fueron tiempos de conquista, Dick, no lo olvides…

VIDEOTECA:

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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