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Cine del pueblo

LOS MARCADOS

cineEstúpido error. Cuánto lo lamento.

Guty Pérez no es el responsable. Él simplemente me extendió la invitación por teléfono.

—No dudes que iré —dije con una voz algo afectada por un resfriado—, cómo crees que voy a perderme un westerns de Alberto Mariscal… El Tunco Maclovio y Todo por nada, de lo mejorcito que he visto de este señorón…

Pude pretextar cualquier cosa. No soy afín a caminar en la nieve. Menos en temporada invernal.

La nieve se encharca. En contadas ocasiones, terminas bañado en lodo al paso de los automóviles.

Amelia Perret retornaba de la iglesia cuando coincidimos en el área de carnes del supermercado.

El frío había enrojecido sus mejillas y resaltado el tono violáceo de sus ojos, muy parecidos los de la finada Elizabeth Taylor. Portaba sus cuarenta y nueve años con mucha dignidad y altivez.

Su soltería era un enigma para sus vecinos, yo entre ellos.

En algunos encuentros, dentro o fuera del edificio, intercambiábamos saludos.

De acuerdo a su tiempo o estado de ánimo, abordábamos temas relacionados al cine y la literatura. Por ella, tuve que leer dos o tres novelas de Emilie Zola y Le retour du bonbeur de Madeleine Chapsal.

En esta ocasión, con el paquete de jamón en una mano, le dije que Guty me invitó ver una película controversial, de la década de los setenta.

—¿De qué país?

—De México… Es película del oeste, más bien un spaghetti western de mi director de cabecera…

Su primera reacción fue de consentimiento.

El acercarse a un alma descarriada, como hay tantas en Montreal, permitía hacer proselitismo religioso.

Un gesto involuntario hizo deducir que Amelia traía otras intenciones: el soltarse el cabello, alisarlo y nuevamente sujetarlo a la nuca con una horquilla dorada.

Ahora entiendo el porque los musulmanes son recelosos con el cabello de sus mujeres.

—Ese Guty es tremendo  —dijo mi vecina—, necesita acercarse más a Dios…

—Yo también lo creo…

—Y usted no debe descartarse —me lanzó el dardo—, las hermanas me han dicho que siempre las rechaza cuando lo buscan en su departamento. Ni siquiera les acepta un ejemplar de Réveillez-Vous!…

—Todo a su momento —filosofé sin mirarla a los ojos—, en los asuntos de Dios solo la angustia nos obliga a levantar la vista…

Porque andamos por fe, no por vista, recuerde lo que se lee en Corintios…

Tuve que utilizar un subterfugio para no entrar en pleito.

—¿Significa que entonces si me acompañará en la exhibición de la película? Estará la novia de Guty… En lo que a mí respecta, iré solo, como siempre…

Me observó con detenimiento, sin alterar ningún musculo facial. Sus labios gruesos, carnosos y cárdenos, alteraron mi libido. Aguardé su respuesta, reteniendo el aire.

—Cuente conmigo…  —y metió la mano a su bolso para sacar un lapicero y me lo entregó—. Anote mi número telefónico…

En el reverso de una tarjeta de presentación, escribí los nueve garabatos de mi futura felicidad.

Jamás supuse que la película de Alberto Mariscal me convirtiera, ante los ojos de Amelia, en un auténtico hijo del mal.

Mi principal error fue no preguntarle a Guty el título de la película.

Ya en su departamento me enteraría que se llamaba Los marcados.

La produjo un cantante de música ranchera, Antonio Aguilar.

La historia fue escrita por Mario Hernández —futuro director de cabecera de Aguilar— y Ricardo Garibay, un periodista iconoclasta y malhablado.

La resumo en pocas líneas:

En la frontera de México—Estados Unidos, a finales del siglo XIX, una prostituta es madre de un psicópata homosexual que tiene una relación incestuosa con su padre, el cabecilla de una banda de asesinos.

Ni siquiera mi argumento sobre Lot y sus hijas, en el Antiguo Testamento, me sacó del apuro.

VIDEOTECA: es el link para ver la pelicula en YouTube:

https://

http://www.youtube.com/watch?v=SkXiCm7ZmwA

 

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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