EL EMBROLLO

hablemos cabezalDurante la jefatura de gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en la capital del pais, sus jefes delegacionales se servían con la cuchara grande. En el año diez meses de su mandato nadie supervisaba su accionar administrativo.

El PRD gobernaba y el PRI guardaba silencio, tras su reciente derrota política del 6 de julio de 1997.

El PAN, otro partido beneficiado por la debacle priista, se mantenía al margen por simple estrategia preelectoral. Líderes y lideresas perredistas se reunían en lo oscurito con dirigentes panistas en clara alianza para defender el voto durante los futuros comicios federales del 2 de julio del 2000.

La economista Rosario Robles Berlanga era la segunda en el mando del gobierno capitalino.

Su soltería y ambición atrajo el interés de un empresario argentino de oscuros antecedentes: Carlos Ahumada Kurtz, entonces de 36 años de edad, siete menos que Berlanga Robles.

El argentino tenía amistad y negocios con el jefe de la delegación Venustiano Carranza, Ramón Sosamontes Herreramoro, cercano a Robles Berlanga desde su paso por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Sosamontes sería el medio para juntarlos en una cena privada.

En 1998, Carlos Salinas de Gortari era mantenido a raya por el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León. Por el magnicidio del ex gobernador de Guerrero y diputado federal, José Francisco Ruiz Massieu —28 de septiembre de 1994— el gobierno de Zedillo responsabilizó y metió a la cárcel al hermano incómodo de su antecesor, Raúl Salinas de Gortari.

Carlos Salinas optó por vivir en Irlanda y actualmente tiene la residencia permanente inglesa.

Desde Dublín, el ex presidente regiomontano, seguía de cerca los acontecimientos políticos de México. Por sus políticas privatizadores de los bienes públicos, se allegó de  fortuna y de aliados de peso político y económico. Por lo mismo, nunca dudó en alentar a un panista en la precandidatura a la presidencia de la república.

Por el asunto del fraude electoral de julio de 1988, difícilmente habría cohesión en el interior del PRD para hacer algún tipo de acuerdo político-electoral con Cárdenas Solórzano. Voces de mucho peso en la dirigencia se oponían, como la de Andrés López Obrador.

Sus diferencias con el michoacano se habían diluido.

El 8 de julio de 1988 Salinas y Cárdenas se reunieron en la casa de un conocido mutuo de la Ciudad de México, Manuel Aguilera.

De acuerdo al libro La Herencia, de Jorge G. Castañeda, después del encuentro, Salinas le sugirió a Manuel Camacho Solís —su amigo y entonces Jefe del Departamento del Distrito Federal— que creara las condiciones políticas para que en el futuro Cárdenas arribara a la jefatura capitalina.

Castañeda reproduce un dicho de Salinas a su persona:

“Me pareció que habiendo él triunfado en el Distrito Federal, una opción era precisamente que él fuera el jefe del Departamento del Distrito Federal. Me parecía adecuado y correcto, y autoricé a Camacho para que se lo planteara.”

En realidad, Cárdenas tenía las intenciones de ser, por segunda ocasión, candidato a la presidencia de la república, como sucedió en 1994. Salinas, en esa ocasión, utilizó al PAN y a su amigo y candidato, Diego Fernández de Cevallos, para intentar restarle votos al PRI y beneficiar a Cárdenas.

Cárdenas no pudo remontar en preferencias electorales. Incluso, Fernández de Cevallos fue el favorito de un alto porcentaje de mexicanos sin partido, pero prefirió ocultarse y dejar que el PRI arrasara en las urnas.

Su bufete de abogados y el PAN se verían beneficiados con el triunfo político de Zedillo.

Y el tiempo le daría la razón a Cevallos.

 La maquinaria priista, ajena al liderazgo de Salinas, al que responsabilizaban del asesinato de Luis Donaldo Colosio —ocurrido el 23 de marzo de 1994—, llevó a la presidencia de la república, en los comicios del 21 de agosto de 1994, a Zedillo Ponce de León.

Salinas no desistió en su intento de tener el control político de sus antiguos colaboradores y socios.

Zedillo, a consecuencia de grave la devaluación del peso en diciembre de 1994 —por una infidencia del propio Zedillo ante empresarios—, su gobierno de debilitó y generó las condiciones sociales para impulsar nuevos liderazgos ajenos al PRI.

Es aquí donde surge un personaje singular, sui géneris en la forma de vestir y expresarse: el ex gerente ejecutivo de la Coca cola en México y gobernador de Guanajuato, Vicente Fox Quezada.

Después de su segundo fracaso por llegar, como presidente de la república, a la residencia oficial de Los Pinos, Cárdenas aceptó ser candidato a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. El 5 de diciembre de 1997 asumió el cargo, tras ganarlo en las urnas.

Y es aquí, donde el destino juega a favor de Salinas.

Carlos Ahumada, dueño del grupo Quartz, nunca imaginó que en años posteriores comería y cenaría en la mesa del ex presidente. Por el momento, su único propósito era sobarles la mano con billetes verdes a algunos delegados de la capital del país y obtener, a cambio, jugosos contratos de obra pública.

Sosamontes sería el puente idóneo para acercarlo a Robles Berlanga.

Cárdenas, el 28 de septiembre de 1999 pidió licencia para buscar, por tercera ocasión, la presidencia de la Republica.

Sin embargo, fue como dirigenta nacional del PRD cuando Robles Berlanga aceptó cenar, por primera vez, con Ahumada. Eso ocurrió el 3 de mayo de 2001 y Sosamontes asumió su papel de cupido o celestino. (Continuará).

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