ALEPH EN CASA

El ordenador se echó. Posiblemente hubo mano negra.

No es la primera vez que esto ocurre.

En cuatro ocasiones enfrenté un hecho similar.

El ordenador portátil no registra las ondas electromagnéticas del router.

En la tarde del sábado ocurrió el traspié.

En la computadora del vecino intenté descargar los drivers sugeridos para recuperar la barra de iconos de Internet.

No funcionó.

Tendré que aguardar el arribo del lunes para resolver el entuerto con un técnico en informática.

Por lo pronto, desempolvaré los libros de cuentos de Borges.

El Aleph me permitirá evocar la crueldad y envidia de la condición humana.

Yo, Carlos Argentino, no tengo el derecho a ser constante y escribir mal.

Y me disculpo con mis cuatro lectores.

Desde la Gran Biblioteca envío estas líneas.

Es difícil doblegar al porfiado.

Donatien Alphonse François de Sade es la prueba viviente de lo que afirmo.

En sus trece años de claustro obligado (ante la censura decretada por la monarquía y el papado) no cesó de escribir.

Ni cuando le prohibieron usar tinta y papel. Utilizó su sangre y los muros para liberar sus infiernos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s