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EL RUCO QUIERE APRENDES FRANCES

EL TELÉFONO LLORA

EL RUCO PORTADA4

La abuela murió en brazos de Valentina, tu madre.

Tu sueño no es muy claro. Eras demasiado pequeña para entenderlo.

En tu inseparable caperuza roja recogiste las rosas que Billy arrojó desde el traspatio. Te diste cuenta de su presencia de manera casual. De no ser por la orden de tu madre de apagar el fuego de la parrilla, no hubieses entrado a la cocina.

Desde ahí, descubriste las rosas rojas y blancas desperdigadas frente a la casucha de tablas semipodridas, donde se resguardaba tu mastín.

Valentina debía regresar al orfanato. Le importaba muy poco si su madre estaba inerme en el camastro de paja con un respaldo de latón y las palabras Dieu t’aime grabadas en letras azules.

Los ciento veinte huérfanos tendrían que ser alimentados.

Tú cantas, Aline. Tienes una regordeta matrioshka​​ en los brazos y la arrullas.

Duerme, duerme niña hermosa.

solecito de mi alma

debes salir airosa

en esta noche de calma…

 

Deja ya de llorar,

no asustes los luceros

ellos te van a llevar

con tus amigos sinceros.

Billy te escucha del otro lado de la cerca. Cierra sus ojitos claros, suspira y sonríe.

Ha jurado huir del orfanatorio y seguir la ruta del arcoíris.

 Johnny Johnson la ha asegurado que en Drogheda, en la provincia de Leinter, hay un rio de agua salada. Y es ahí donde se ocultan varios calderos repletos de piedras preciosas y monedas de oro.

—Todos los arcoíris del mundo ahí terminan  —según le confió en el patio de recreo— y por sus colores, como en una resbaladilla, se deslizan las monedas…

De sus labios también supo sobre unos seres pequeños de bombín, chaquetón, pantalones ajustados y zapatillas con hebilla dorada. Les dicen leprechauns y cuidan los calderos con oro y joyas.

Tu abuela Rena confirmó lo dicho por Johnny Johnson, tan desarrapado y travieso como Billy. Solo que la anciana le aclaró que los familiares de los duendecillos radicaban en la isla de Montreal.

—No necesitas ir a Irlanda para hacerte rico  —le dijo Rena con voz socarrona—, primero tienen que aprender a leer y escribir y tener un kayak para poder internarte a tierras desconocidas. Canada es un país muy grande y si no sabes leer y escribir, podrías perderte…

Y le recomendó dejar su mutismo. De no hacerlo, le advirtió, jamás tendría el reconocimiento de la gente que lo alimentaba y daba amor.

Billy solo inclinó la cabeza y huyó de la cocina, donde la vieja pelaba papas que sacaba de un enorme costal de lona.

Cuando se enteró de su muerte, lo primero que pensó fue en ti, Aline. No en Valentina.

El niño supuso que la hija de la cocinera —tu, Alina—pasaba por momentos difíciles.

Tu padre era un mal hombre, siempre golpeaba a tu madre y le robaba su dinero.

Y aun así lo amaba y le perdonaba todas sus infidelidades y exabruptos de alcohólico.

Muñequita bonita,

Angelito de luz

cuida a mi abuelita

astillita de cruz…

 

No la desampares

dale agua y pan

porque sus pesares

nunca volverán.

Escucharte le provoca al niño paz interior, un relajamiento en sus emociones.

Y en el orfanato no para de jugar, corretear por los plantíos de maíz y calabaza.

Cuando te enteraste por primera vez de su presencia en el orfanato fue el día que Sor Hélène le pidió a tu padre que lo sometiera para sacarle un trozo de cristal en la planta del pie izquierdo, a la altura del talón.

Valentina participó en la caza.

Billy berreaba y pataleaba, pero no pudo impedir que lo amordazaran y tumbaran en la loseta de la enfermería.

Tus padres inmovilizaron sus piernas y solo así, Sor Hélène logró su propósito. Con la ayuda de una aguja y agua oxigenada, pudo extraerle el pequeño vidrio ennegrecido por la infección. Un chisguete de pus salió de la herida.

El piecito de Billy terminó limpio y vendado.

Lo obligaron a usar huaraches, mientras la herida cicatrizara y sanara.

Tú permaneciste de pie, tras los faldones de la Madre Superiora. Te sorprendió ver como aquel chicuelo de pelos pajizos y guerejo, cesó de llorar al mirarte.

Fuiste su consuelo.

Desde entonces, te sentiste observada por Billy. Y cuando intercambiaban miradas, en el salón escolar o el comedor, te sonreía y bajaba la cabeza.

Nunca lo escuchaste pronunciar alguna palabra. Ni siquiera cuando Sor Hélène le pedía cuentas por sus constantes travesuras.

Será difícil olvidar aquella noche primaveral cuando entró a la cocina, donde tus padres discutían. Tu padre estaba ebrio y amenazó con golpear a Valentina.

Billy traía una pequeña guadaña oculta tras la espalda, agarrada con fuerza.

Por fortuna, tu padre no te golpeó, como acostumbraba. De hacerlo, seguramente hubiese resentido la furia contenida del chicuelo de apenas doce años.

Y ahora, en esta noche de luto, se niega apartarse del cerco de madera y alambre de púas. Tú no dejas de canturrear mientras recoges las rosas y las metes en una canastón de yute.

Tienes empatía por el mocoso, a pesar de estar siempre sucio y descalzo.

Ya no llores abuela

tu dolor lastima

y mueve la manivela

para llevarte a la cima. 

 

Los huerfanitos se rien

para no extraviarte

y con hosannas le piden

a nuestro Cristo cuidarte.

Billy baja los párpados, retiene la respiración y agudiza los oídos. Escuchará el ruido de tus pasos al alejarte y el golpe de la puerta.

Entonces el niño sabrá que estás en la cocina, posiblemente aun triste por la partida de tu abuela.

Y tú seguramente buscarás a Valentina para ayudarla a vestir a la abuela con la pañova negra, la camisola bordada, el mandil blanco y el gorro gris de lana virgen y tiras de colores.

Y cerca de Billy, entre las setas y barañas de pirul seco, también eres observada por un leprechaun barbado, de ropajes extravagantes. Muy semejante a un burgués de la Irlanda del medievo.

El mastín Gulliver, negro y descomunal, jadea y mueve la cola. Está encadenado y echado en el interior de su guarida de madera.

VIDEOTECA:

HEMEROTECA: Grammaire Du Francais Niveau Debutant

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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