LO QUE NO DICEN LOS DETRACTORES DEL PEJE

hablemos cabezalLas oligarquías centroamericanas, de la mano de las trasnacionales, sistemáticamente exilian a sus pobres y delincuentes.

Por desgracia, le corresponde a México protegerlos y cuidarlos mientras el gobierno estadounidense no resuelva la miseria, represión y corrupción que imperan en sus tres colonias: Honduras, El Salvador y Guatemala.

En la actualidad, esos tres países son gobernados por la mismas oligarquías autoritarias y racistas que desde la década de los cincuenta tienen el control político y económico de la región.

En la década de los noventa, con el ascenso de gobiernos de centro derechistas en Guatemala, se contuvo temporalmente la persecución, tortura y asesinato de los líderes sociales o ex guerrilleros marxistas. En este caso, jugó un papel protagónico la Organización de las Naciones Unidas.

Las fuerzas armadas guatemaltecas son entrenadas y supervisadas por el Pentágono.

La izquierda quedó relegada de las grandes decisiones  de los poderes ejecutivo y judicial de Guatemala. Únicamente se les permitió obtener algunas curules en el poder legislativo, sin representar un riesgo político para la oligarquía y las trasnacionales. Un gran porcentaje de líderes sociales fue corrompido y sometido.

Ningún presidente de la república en turno ha salido incólume de los señalamientos de corrupción y represión hechos por organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Desde el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz, militar nacionalista y patriota, Estados Unidos intervino abiertamente y apoyó a los 26 abogados y oficiales del ejército que lo sucedieron.

Significa que de 1954 a 2020, la oligarquía y las trasnacionales dirigen el destino político y económico de Guatemala.

No importa que algunos presidentes de la república o dictadores sean genocidas, ladrones o asesinos. Simplemente se les protege mientras gobiernan y al terminar su mandato —o antes— se les persigue, juzga y encarcela.

Los últimos dos presidentes —Jimmy Morales y Alejandro Giammattei— llegaron al extremo de cederle abiertamente la soberanía de su país a los Estados Unidos. El primero avaló la decisión de Israel de abrir su embajada en Jerusalén, sin el consenso de la ONU —solo del presidente estadounidense Donald Trump— y el segundo, accedió convertir a Guatemala en un campo de concentración para solicitantes de refugio político que aguardan una resolución migratoria en los Estados Unidos.

En El Salvador, después de la guerra civil de la década de los ochenta, la oligarquía tuvo que ceder ante la presión internacional y permitir que la izquierda cogobernara. Fue hasta el 1 de junio de 2009 que la ultraderecha salvadoreña, representada por el partido ARENA, cedió la presidencia de la república.

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, integrado por ex guerrilleros marxistas, gobernó durante diez años al país.

El 1 de junio de 2019, un empresario en alianza con la oligarquía,  Nayib Bukele, se juramenta como presidente de la república.  Y en menos de un año de gobierno, corta relaciones diplomáticos con el gobierno venezolano.

El Salvador es un país controlado por militares, policías y pandilleros.

En Honduras, la situación política y económica es aún más inestable que en Guatemala y El Salvador. Su oligarquía es abiertamente controlada por el Pentágono y la CIA.

En Honduras existe una base militar estadounidense y es sistemática la represión, tortura y asesinatos de dirigentes sociales y defensores del medio ambiente.

El presidente de la república, José Manuel Zelaya Rosales intentó gobernar sin la tutela de los Estados Unidos y tener buenas relaciones con los gobiernos venezolano y cubano. No tuvo éxito. El 28 de junio de 2009 fue depuesto del cargo, a través de un golpe militar, y sacado de su país.

La oligarquía tomó el control del gobierno y quedó bajo el escrutinio de los Estados Unidos.  Honduras, desde el 2014, es gobernado por un abogado, Juan Orlando Hernández, político relacionado con organizaciones criminales del narcotráfico. Su administración cuenta con la protección de los principales ministros de las iglesias cristianas, los marines y militares y policías hondureños.

La miseria y terror prevalece en esos tres países centroamericanos. Por lo mismo, casi 390 mil personas han abandonado su lugar de origen, se acuerdo a datos oficiales de la ONU, y en 2019, 62 mil solicitaron refugio en México. Solo en Honduras y El Salvador, 318 mil son desplazados internos.

El boletín del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, fechado en diciembre de 2019, sintetiza:

 Un creciente número de personas de Centroamérica se están viendo obligadas a dejar sus hogares. En todo el mundo, hay actualmente alrededor de 387.000 personas refugiadas y solicitantes de asilo de El Salvador, Honduras y Guatemala – una cifra que creció en una tasa anual del 24 por ciento. Ellas huyen de la violencia, las amenazas, la extorsión, el reclutamiento de las pandillas o la prostitución, así como de la violencia sexual y de género (VSG), agravados por la inestabilidad socio económica y la pobreza. Las personas lesbianas, gays, transgénero, e intersex, conocidas colectivamente como LGBTI, también están huyendo de la persecución. Muchas otras personas se desplazan dentro de su propio país o han sido deportadas de vuelta a sus países, a menudo llegando a situaciones de peligro.

Las buenas intenciones del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador de impulsar programas de apoyo al empleo en esos tres países chocan con los intereses políticos y económicos de sus oligarquías y las trasnacionales.

En Guatemala, 22 familias concentran la principal riqueza del país. Entre ellas, los Gutiérrez Bosch; Castillo, Herrera, Paiz, Novella y López Estrada.

En El Salvador, 14 y en Honduras, cinco (Canahuati Larach, Nasser Selman, Facusse, Atala Faraj y Amdani Bai).

Mientras  los pobres y miserables abandonen su país de origen, menos votos serán los que favorezcan a los adversarios políticos de la oligarquía durante los comicios presidenciales.

Y de ahí, el sistemático asesinato de los luchadores sociales y la presencia de sanguinarios paramilitares en las regiones con importantes recursos naturales.

HEMEROTECA: Sobre el poder y la ideologia – Noam Chomsky

la dalia azul – user

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