BAJO EL SOPOR DEL AGUARDIENTE

cineimagesMi único contacto con Aguascalientes es Manríquez, el portero del hotel Bilbao.

Es un hombretón de largos brazos, de orangután, y piernas cortas. Tiene el hueso frontal muy salido, como alero de cochera, y los ojos sumidos, en penumbras. Un pelo crespo, rojizo, le cubre su tosco rostro de nariz ancha y chata.

Ni el uniforme azul magenta y las botas negras, de militar prusiano, le dan prestancia. Es vulgar y atrabancado.

El hotel es un refugio de inmigrantes solicitantes de refugio político. Fue construido en los suburbios de Montreal.

Manríquez tiene la encomienda de evitar el ingreso de prostitutas o prostitutos. Su paga la recibe de una fundación caritativa: Le rocher de l’espoir.

Una vez por semana, el hidrocálido visita a su amante en el edificio donde habito.

Guty Pérez fue quien lo presentó.

Nuestro encuentro fue en el departamento 3, ocupado por Felisa Vivanco y su hija Esperanza. Por cierto, muy semejantes de porte y rasgos: anchas de cadera, pechos voluminosos, tez bronceada y cabello lacio y negro.

Felisa algo ajada del rostro y de cejas muy marcadas por un lápiz especial. Esperanza, de apenas diecisiete años, es de piel lozana y natural, sin retoques. El pelo es pajizo, por el tinte, y corto, apenas le llega a los hombros.

—Los tres somos de Calvillo  —me dijo Manríquez—, un pueblo colonial, muy pintoresco, donde Hollywood filmó buenas películas…

Manríquez es trece años mayor que yo.

Y no representa la edad que dice tener: setenta y ocho años.

No esconde sus raíces huicholes. Ni una cana o arruga aparecen en su testa de toro.

—Platícale aquí al amigo sobre la película donde trabajaste —pidió Guty.

El pozole de lengua de res con bastante chile piquín y el aguardiente empujaban el habla con mayor soltura. Manríquez, por su encomienda en el hotel, era prudente.

Nada de andar de lenguasuelta.

No hice el intento de ahondar sobre el asunto.

Solo recordé que en los años sesenta y setenta, algunas entidades de México —como Durango, Sonora, Guerrero, Coahuila y Aguascalientes—, atrajeron a productores y directores de cine.

Por ejemplo, La pandilla salvaje, de Sam Peckinpah fue filmada en Durango y Coahuila.

En Torreón y Parras, sus principales actores — Robert Ryan, William Holden, Edmond O´Brien, Ernest Borgnine y Emilio Indio Fernández— y el propio Peckinpah protagonizaban escandalosas borracheras en el hotel donde se hospedaban.

Manríquez rompió su silencio, al escuchar el nombre del Indio Fernández.

—Por el Indio Fernández, en Calvillo conocimos a Rock Hudson y Kirk Douglas. Mi padre conservaba algunas fotos de cuando filmaron en nuestra comunidad la película El último atardecer…

—Usted era aún un niño… —dije para alentar el dialogo.

—Ni lo crea —respondió con orgullo—, ya entonces tenía dieciocho años y un hijo de pecho…

El asunto de la película fue el detonante propicio para continuar con la charla. Y no paramos de achicar la botella de a litro con la figura del general Emiliano Zapata en la etiqueta.

Ya habrá lugar para escarbar un poco sobre el pasado de Manríquez o de Felisa y Esperanza.

Guty, como buen cinéfilo, tambien se entusiasmó con el relato de nuestro anfitrión.

—Los hombres de Calvillo fuimos contratados como extras y jornaleros. Solo exigían cierta talla y habilidades para montar caballo y arrear ganado. Tres tipos, con acento pocho, nos daban las indicaciones. Durante un mes o mes y medio construimos varias cabañas de adobe y paja, un acueducto de seis arcos y cavamos un gran agujero para rellenarlo con polvo de olote, agua y pintura color tabique. Ahí se filmó la escena donde Hudson y su caballo empiezan a sumergirse en arenas movedizas.

—Es verdad —asienta Guty—, y es Kirk Douglas quien lo salva…

La película trasciende, no por la historia o los actores y actrices:     Dorothy Malone, Carol Lynley Rock Hudson, Kirk Douglas y Joseph Cotten. Ni siquiera por el director, Robert Aldrich.

Destaca por Dalton Trumbo, el guionista.

Un año antes de filmarse El último atardecer, en 1960, Douglas lo había sacado del anonimato, después de salir de prisión por haber militado cinco años en el Partido Comunista.

El Comité de Actividades Antiestadounidenses les ordenó a los productores de cine en Hollywood no darle empleo  a Trumbo. El escritor y guionista vendía su trabajo bajo el amparo de un pseudónimo.

Douglas le puso fin a esa injusta persecución. Lo contrató para escribir el guion de Espartaco, basado en la novela homónima de Howard Fast.

El sindicato de guionista lo nominó para un premio que no obtuvo. La película ganó cuatro de seis oscares.

El último atardecer destacó el nombre de Trumbo como guionista. La historia, escenificada en el viejo oeste estadounidense, se centró en cinco personajes: un matón (Douglas), un sheriff (Hudson), el propietario de un rancho ganadero (Cotten)  y dos mujeres, madre (Malone) e hija (Lynley).

Manríquez, su padre y dos de sus hermanos tuvieron una corta intervención en el filme. Representaron a cuatro comanches montados a caballo. Hudson los guiaba para apoderarse de varias cabezas de ganado.

Les sorprendió ver bailar y cantar Cucurrucucu Paloma a Douglas. Tres actores mexicanos, vestidos de manta y sombrero,  lo acompañaron con sus voces y una guitarra.

  El guion intentó escandalizar con una escena de incesto —Douglas besando en los labios a Lynley, sin saber que es su hija—, pero redime con la muerte al responsable.

—En las fotos que aún se conservan en ni casa de Calvillo  —nos reveló Manríquez—, mi padre tuvo el cuidado de fecharlas. Y no se me olvida el mes y año: mayo de 1960.

HEMEROTECA: pro8feb20

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