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ANQUISES, DE VUELTA

sommus portada-ADIOS CHELITA…/2

Coralillo o Coral o Coralina… o algo así…

—Mirla Coralia… Pero me gusta que me llamen Chelita.

—Disculpe…

Claro, una disculpa en labios masculinos es prevaricar.

Lo supuse al enfrentarme al olvido imperdonable.

Chelita o Coralia podría tolerar equivocaciones. Desde 19…, fecha de su nacimiento, ha cargado en sus espaldas todos los pecados del mundo, menos el arrepentimiento.

Lo explicó en uno de nuestros tantos encuentros:

—Uno camina hacia adelante, siguiendo las huellas de los buenos valores heredados. De no recordarlo, hay quienes lo hacen distinto y les va mal. En mi caso a esos buenos valores los encuentros en el Nuevo Testamento o en mis hijos…

Mirla Coralia tiene risa contagiosa, espontánea. Y esa singularidad me permitió conocerla.

No miento.

En el autobús urbano íbamos los tres sobre un tramo de la rue Bélanger.

Y hablo de tres, porque una mujer de piel negra y robusta la acompañaba.

Ningún pasajero iba de pie.

Mi presencia era irrelevante.

—Nada quiero saber de ese monstruo… —escuché que dijo y echó al vuelo la carcajada.

Un viernes de hielo en Montreal: tarde de disipación o descanso…

Chelita lo confirmó.

—Voy a casa de Alba —se refería a la mujer que iba a su lado— y es posible que pase la noche con ella… pero mañana me regreso…

Las sandalias-oro me permitieron descubrir un par de pies rosados con uñas rojo-burdeo, como sus labios. Muy pulcros.

Los vaqueros resaltaban el poder de sus piernas y caderas. Y la blusa, bajo un tosco abrigo abierto del frente, permitía resaltar un ramillete de rosas multicolor que adornaban la posible delicadeza de sus grandes pechos mestizos.

La carcajada involucionaba en mi pecho extraños misterios.

—¿De dónde es usted? —cuestioné sin darle tiempo a reaccionar.

El dardo la alcanzó:

—De El Salvador… ¿Usted también es salvadoreño?

—No, mexicano…

—Le dije a mi amiga que usted era salvadoreño…

Me halagó saber que entre aquel mar de gente apática o adormecida pude visibilizarme.

Los cazadores de historias intuimos que cada presa tiene un pasado y un presente distinguible.

Coralia no sería la excepción.

Su paso por la isla tambien la enfrentaba a los sinsabores de la soledad y el desamor.

Después me enteraría de su maternidad y de la maternidad de sus hijos.

Coralia era militante de una iglesia cristiana.

Montreal le permitió reconstruirse emocionalmente. Era una hija de la guerra.

Tras fracasar en su primer matrimonio, volvió a intentarlo. Y de su segundo fracaso amoroso quedó embarazada de su cuarto hijo: Irvin.

Tal vez, en los momentos de nuestro encuentro, experimentaba una tercera ruptura. De ahí el llamar monstruo a alguien cercano.

El autobús continuaba su marcha.  Valía la pena no perderla de vista. No voy a mentir. Algo de ella me inquietaba. No solo era su físico.

Desconocía los asuntos de su pasado o la espina histórica, el vertedero causal de tantas lágrimas e infelicidad.

Cada inmigrante latinoamericano escala el continente con sacrificios inimaginables.

Nada le es fácil.

Huye de su país e intenta reinventarse dentro de una sociedad de sordomudos.

Por fortuna, Chelita dejó atrás aquel periplo. Ahora, poseedora de la lengua de Voltaire logró insertarse en el misterioso laberinto de los libros contables de alguna sucursal bancaria o distinguirse como una excelente clienta-deudora.

Yo acababa de hacer mi declaración de impuestos. Era uno más de los enganchados del capital. El exceso de sueño evidenciaba los torcidos vericuetos de una tristeza que peligraba la sensatez de mi espíritu.

Ser Anquises en tiempos modernos tenía ses contrastes. Chelita, como Afrodita, podría anular mi potencial de fauno.

—¿En verdad es su nombre? —dudaba al mencionarlo.

—Sí, es mi nombre: Anquises Loyola, descendiente directo de San Ignacio de Loyola…

Lógico, Chelita era ajena al santoral del padre Butler. Nada le decía el pasado guerrero de aquel vasco del siglo XV. Dejó atrás la espada y la coraza y las cambió por la cruz, el rosario y la sotana.

Mi madre fue una conspicua seguidora del santo.

Y sin embargo, mi mayor orgullo fue al deshilvanar el significado del prenom Anquises.

Chelita reveló que acudiría a un taller de capacitación laboral. Era desempleada.

El Ministerio del Trabajo de Quebec había aceptado apoyarla con mil dólares mensuales, durante un año, para aprender un nuevo oficio, el de chef.

El hospital donde laboraba como afanadora le había rescindió el contrato.

Ni modo, como lo reconoció, tendría que reinventarse dentro del mercado laboral al ser una nueva chômage.

Y admiré su entereza al no dejarse vencer por el infortunio. Era madre de un adolescente. Sus otros hijos eran adultos. No necesitaban de su ayuda económica.

Por el contrario, yo me veía en las espaldas de mi hijo Eneas huyendo de la voracidad de las llamas de Troya.

Cada historia se traza de manera distinta. Los escenarios son distintos, pero las añoranzas se hermanan. Nadie escapa de ellas.

Prohibido no imaginar que en torno a Chelita pululaban personas con angustias similares o peores.

La guanaca intentaba ser fuerte. No hundirse en la desazón o culpar a terceros de sus logros y fracasos.

—Señora —dije al comprobar la cercanía de mi domicilio—, estoy próximo a abandonar el autobús.

—Anote mi número telefónico —demandó sin soltar mi mano.

—Dígalo —pedí sin solar su mano.

—¿No se le olvida?

—Póngame a prueba…

Y Coralia liberó diez números de su hermosa boca de labios burdeos.

VIDEOTECA:

HEMEROTECA: Las Revoluciones Necesarias Para America Latina

 

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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