EL RELINCHO DEL MIEDO*

caballo

Por Everardo Monroy Caracas

1

Martes 17 de marzo.

Escucho golpes insistentes en la ventana de la sala. Dejo de escribir en el ordenador.

11:18 de la mañana.

Es la segunda vez que sucede algo parecido. En junio del año pasado fue un policía quien alteró mi tranquilidad. Un llamado de auxilio alentó su presencia en el edificio. Mi ventana da a la calle y buscó mi apoyo al no tener respuesta en el interfon de la anciana que demandó el servicio por un asunto conyugal.

El marido estaba borracho y la golpeó.

Sin objeción, abri la puerta de acceso al edificio. En menos de diez minutos, el colérico anciano fue sometido, esposado y ensartado en una patrulla.

En esta ocasión  —martes 17—, se trataba de un adolescente afrocanadiense. Cuando vio mi barbada cara tras el cristal, sin dejar de sonreír exclamó en francés:

—¿Necesita que le haga sus compras, señor?

Me intrigó su ofrecimiento.

—¿De qué se trata?

—Vivo en el edificio de al lado —dijo— y mi mamá me pidió que lo buscara para ofrecerle mi ayuda…

—Por el momento no te necesito, hijo —dije aun confundido por sus palabras.

—Si cambia de opinión, este es mi número telefónico —acotó y colocó en el vidrio una hoja de cuaderno con once números escritos con plumón negro.

El muchacho estaba bien abrigado y con botas de nieve. Le pedí que aguardara unos segundos para anotar la sarta de signos.

De regreso al escritorio descifré el misterio.

Por el asunto del coronavirus, el gobierno provincial les ha recomendado no salir a la calle a las personas de la tercera edad.

Los estudiosos del tema suponen que los ancianos son los más vulnerables de morir, en caso de ser tocados por el maledicente bicho.

Desde el viernes 13 de marzo (número cabalístico) se declaró el estado de emergencia y la mayoría de los lugares públicos han cerrado.

El primer ministro de Quebec, François Legault informó que será hasta el 27 de abril cuando se reabran las escuelas públicas, bibliotecas, museos y centros de recreación.

Hasta el lunes 16, el ministerio de la salud de la provincia tenía el registro de cincuenta personas enfermas por el Covid-19.  En su mayoría septuagenarios.

En Quebec, la religión católica es predominante. De los casi nueve millones de habitantes, seis millones son fieles seguidores del Vaticano. Datos de la arquidiócesis confirman que el clero católico cuenta con mil 782 parroquias, cuatro mil 242 sacerdotes, mil 188 monjes y doce mil 672 religiosas.

Por lo mismo, la mayoría de las escuelas públicas están bajo el control de la comunidad católica.

En el edificio contiguo donde habito radican familias árabes. Es evidente que profesan la religión islámica. El adolescente que me ofreció sus servicios seguramente es musulmán.

Los seguidores del Corán son respetuosos de sus padres y ancianos. Difícilmente se deshacen de ellos enviándolos a las casas de retiro. Su libro sagrado es muy claro:

Tu Señor ha ordenado que adoréis sino a Él y que seáis benévolos con vuestros padres.  Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf!  Y háblales con dulzura y respeto.  Trátales con humildad y clemencia, y ruega: ¡Oh, Señor mío!  Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo pequeño.  (Corán 17:23-24).

Cosa contraria ocurre con la grey católica. Sus viejos terminan en asilos pagados con el dinero de la pensión.

Por fortuna aun no tengo problemas de movilidad. Vivo solo y disfruto mi soltería.

Sin embargo, no puedo negar que el asunto del coronavirus ha alterado mi tranquilidad. Duermo menos que de costumbre.

Es posible que en días posteriores evite hacer mis caminatas en el parque o vaya de compras al supermercado. Y ni modo, tendré que depender del espíritu solidario de los seguidores del profeta Mahoma, mis buenos vecinos.

El adolescente se llama Mubârak: Bendito en castellano.

*He decidido reproducir parte de los apuntes de mi diario. Es importante hacerlo para dejar constancia de lo que ocurre en Montreal bajo el asedio de un extraño virus (veneno o toxina en griego) que tiene horrorizado al mundo desde finales de diciembre de 2019. Es posible que se trate de un agente infeccioso microscópico creado en un laboratorio de guerra. Por lo mismo, el letal Caballo de Troya con sus relinchos de miedo nos tiene paralizados y puede llevarnos al suicidio colectivo.

HEMEROTECA: Primer Ensayo Sobre La PoblacionMalthus Robert –

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