ADIOS EN GUAYAQUIL

vuelaMe han condenado a morir consciente

en plena calle, tirado en el cemento

mi único pecado fue ser  indigente:

carne de caridad, pedinche y esperpento.

Escucho el ulular de las patrullas,

los gritos aterrados de la gente;

una noche de hienas perigrullas

que alimentan de sangre al presidente.

Clamo ayuda ahogado en la pecera

del mercader despótico y servil,

hacedor del fuego que me espera.

Clamo ayuda, mi alma es el candil

que aluza la llama de la hoguera

del Holocausto gregal de Guayaquil…

VIDEOTECA:

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