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BRIGADA DE LA UNIDAD

HUMANA COSA ES TENER COMPASIÓN DE LOS AFLIGIDOS…*

Por Everardo Monroy Caracas

decameron_0Macrina le habló a Zoraya, Zoraya a Altagracia, Altagracia a Remedios, Remedios a Pamela, Pamela a Isabel e Isabel a Eneida. Algo parecido hizo Arnulfo, el compañero de trabajo de Macrina. Isidro y Pablo atendieron al llamado.

Macrina y Arnulfo eran sirvientes de madame Jeanne Bochar, recién enviudada.

En los suburbios de Laval, a treinta kilómetros del rio Saint Lawrence, la mansión de los Bochar fue levantada en una hondonada boscosa cubierta de pinos, ahuehuetes y arces.

La hija del matrimonio, proveniente de Gaspé, radicaba en Paris por cuestión de negocios. La pandemia de marzo la alcanzó y por no tener parientes en Francia fue recluida en un hospital de la ciudad.

Madame Bochar pasó por la misma cuita, pero a diferencia de su hija Marie, el Covid 19 la mató. Macrina, la sirvienta, y Arnulfo, el chofer, no reportaron el deceso. El cadáver y un libro de pastas rojas terminaron en el congelador de la cava.

Y así fue como los dos empleados domésticos —inmigrantes sin papeles y oriundos de Guatemala— decidieron festejarla en grande e invitar, en tales momentos de libertinaje y regocijo, a sus cercanos y cercanas.

Desde el lunes 23 de marzo, las seis mujeres y los dos amigos —todos guatemaltecos— enfrentaban la cuarentena en su domicilio.

Eneida, Pamela y Altagracia rentaban un pequeño departamento en el  barrio de la Petite Italie. Por su parte, Zoraya, Isabel y Eneida en la Lasalle.

Pablo e Isidro habitaban el basement de una vieja casona de la rue Dufferin, próximo al Chamin de Queen Mary.

Los diez llegaron a Canada, cruzando a pie por la frontera con Estados Unidos. El coyote de Maine, contratado en Nueva York,  los puso en manos de un empleador de ilegales.

En Sandy Bay Township, pero del lado quebequés, el indio inuit los metió en su furgoneta. Y esa misma noche terminaron amontonados en un pestilente departamento de Montreal.

En la alacena-Cava de la mansión de los Bochar sobraban las vituallas y el buen vino.

Macrina y Arnulfo, después de enrollar en una gruesa cortina a madame Bochar y su libro de cabecera acordaron alimentarse y beber vino español hasta hartarse.

La anciana, de mirada sagaz y labios imperceptibles por el exceso de arrugas,  jamás volvería a controlarles el consumo de manjares o alcohol. Tampoco los conminaría con gritos y groserías a mantener limpios y relucientes el mobiliario y los pisos de jatoba de todas las estancias, principalmente de la cocina, el comedor y las recámaras.

El domingo de resurrección o Domingo de Pascua los diez amigos acordaron congregarse.

—No carguen nada —les recomendó Macrina—, aquí tenemos de todo…

Lo mismo le espetó Arnulfo a sus paisanos.

—Mínimo tres semanas durará la encerrona o pueque más…

Ninguno de los invitados tuvo curiosidad de preguntar si madame Bochar estaría presente.

De todos, solo Pamela llevaba el record de personas infectadas del virus-mata-viejos en Quebec. Por lo mismo, fue la última en arribar a la mansión de Laval.

Macrina era muy cercana a Soraya. No tanto de Pamela y sus compañeras de departamento.

En su libreta, Pamela anotó las cifras del oprobio, dictadas por el primer ministro provincial, François Legault:

El domingo 12 de abril, 328 personas murieron, doce mil 846 enfermaron, 846 fueron hospitalizadas y 217 entraron a la sala de terapia intensiva.

  Altagracia y Eneida prefirieron abandonar el departamento ansiosas de reencontrarse con Pablo e Isidro. Los cuatros nacieron y crecieron en la comunidad de Sanarate. Pablo fue el de la iniciativa de emigrar a Nueva York y de ahí a Montreal.

En la Gran Manzana coincidieron con sus otros ex compañeros de primaria.

Fue la hija de madame Bochar quien aceptó emplear a Macrina y Arnulfo por sugerencia de su ex esposo, manager de una empacadora de carne de cerdo.

—Son quienes más rinden en la factoría —le confió monsieur Marcel Vachon a  Marie—, tu madre estará muy bien protegida, ten la seguridad…

Y así ocurrió.

Madame Jeanne Bochar murió por el Covid 19 y por tres o cuatro semanas seguiría bajo la protección de sus ladinos sirvientes.

Y para su buena estrella, la anciana terminó embalsamada con su novela de cabecera: El Decamerón* de Giovanni Boccaccio.

HEMEROTECA: El Decameron – Giovanni Boccaccio

VIDEOTECA:

 

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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