EN EL CIELO SOLO HAY SAMARITANOS…

Por Everardo Monroy Caracas

Para Ramiro Iván Gordillo

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Cada mañana que los siervos de Allah se levantan dos Ángeles descienden. Uno de ellos dice: ¡Oh, Allah! Auméntale al que hace caridad. Y el otro dice: ¡Oh, Allah! Disminúyele al que es tacaño

Corán/Transmitido por Al Bujâri y Muslim

Se trata de un asunto delicado, donde la cordura no puede perderse con oraciones y alabanzas.

Nuestros dioses no son estúpidos.

Los humanos acaban lagrimeando cuando temen.

Su debilidad da pena.

Y ahora, ante una amenaza desconocida, prometen ser menos soberbios, menos avaros y menos lujuriosos.

Lo único que demandan de rodillas, con las manos en alto, es que se les permita sobrevivir.

  Los mismos seres que mienten como respiran y jamás han compartido su dinero con los menesterosos.

¿Quién, por ejemplo, ha repartido entre los pobres el diezmo recabado durante tres años de ganancia?

Y así lo exige aquel que trazó un código de conducta en el Deuteronomio.

O, como cuestiona Isaías:

¿No es para que partas tu pan con el hambriento, y recibas en casa a los pobres sin hogar; para que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu semejante?

Si nada de esto has hecho, amiga o amigo, mejor guarda silencio. Limpia tu casa, aprende algo nuevo a través de YouTube e intenta no contaminar con tu hipocresía a quienes te escuchen o ven en las redes sociales.

Tus dioses y profetas odian al hipócrita y cobarde.

Hay quienes han leído los libros sagrados, pero se niegan a calzar las sandalias de sus profetas y mesías.

Ni siquiera saben perdonar.

Imposible declinar, menos hoy, cuando nuestro espacio vital es la única geometría tridimensional para desplazarnos.

Las paredes, puertas y ventanas nos impiden entrar en contacto con el exterior.

¿O es que tú, si tú, el o la que tiene un libro sagrado en las manos, seguiste con hechos tal sentencia?:

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis.

O simplemente, como buen samaritano, ¿ayudaste al vagabundo hambriento o enfermo?

Y le entregaste al mesonero unos denarios y pediste:

Cuídalo y todo lo demás que gastes, cuando yo regrese te lo pagaré.

No lo creo.

¿Y sabes que significa la palabra Zakat? Lo dudo. Entre la masa musulmana se traduce como caridad obligatoria.

Así que deja de orar y de esparcir tu miedo entre los tuyos.

Tus dioses no te escuchan. Jamás te has desprendido de tus bienes ante un miserable.

Pero aguarda, hay algo que debes saber.

El lunes 20 de abril, en Quebec, han muerto en las últimas 24 horas, 62 personas por el Coronavirus. Van 939 desde el inicio de la pandemia.

En estos momentos, mientras lees estas líneas, 19 mil 933 quebequés —oriundos y migrantes— están infectados de la gripa severa.

Mil 169 enfrentan la enfermedad en una cama de hospital. Sufren, oran, maldicen, lloran, claman perdón…

De sobrevivir, ya no serán los mismos. Algo en ellos se transmutará para beneficio de aquellos que sufren la injusticia del poderoso.

Los templos dejaran ser los centros de reunión de los hipócritas y timoratos.

Un amigo de sangre boliviana es ateo. Tiene 63 años y labora en un hospital de Montreal.

El lunes 20 de abril madrugó. Partió de su departamento con una mochila en la espalda.

No tiene automóvil.

Y utilizó el transporte público para cruzar media isla.

Mi teléfono repicó a las nueve veinte de la mañana. Leía los periódicos del día.

—Voy a tu departamento —me informó el boliviano—. Te llevo un paquete de levadura para pan. No necesitas salir para recibirme. Te lo dejaré en una bolsa en tu puerta.

Media hora después, busqué el paquete prometido. El producto había escaseado en los supermercados.

Y efectivamente la bolsa con la levadura colgaba del pomo del cerrojo de mi puerta.

La lección me impactó.

En el paraíso o el cielo de los creyentes de Dios, solo son aceptados los buenos samaritanos.

No es fortuito que Jesús el nazareno haya visitado Samaria, un lugar repudiado por los seguidores de Yahveh o Jehová.

Uno de los cercanos del mesías hebreo —Juan el Apóstol—, escribió de ese viaje:

Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir:

—Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (el Bautista)…

 Jesús salió de Judea y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.

Y estaba allí el pozo de Jacob.

Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo:

—Dame de beber.

Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.

La mujer samaritana le dijo:

—¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.

Respondió Jesús:

—Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

La mujer le dijo:

—Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?

Respondió Jesús:

—Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

La mujer le dijo:

—Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

Jesús le dijo:

—Ve, llama a tu marido, y ven acá.

Respondió la mujer:

—No tengo marido.

Jesús le dijo:

—Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

Le dijo la mujer:

—Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.

Jesús le dijo:

—Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que le adoran en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Le dijo la mujer:

—Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.

Jesús le dijo:

—Yo soy el que habla contigo.

En esto vinieron sus discípulos y se maravillaron de qué hablaba con una mujer. Sin embargo, ninguno dijo:

—¿Qué preguntas?

o,

—¿Qué hablas con ella?

Entonces la mujer dejó su cántaro y fue a la ciudad y dijo a los hombres:

—Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?

Entonces salieron de la ciudad y vinieron a él.

Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo:

—Rabí, come.

Él les dijo:

—Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.

Entonces los discípulos decían unos a otros:

—¿Le habrá traído alguien de comer?

Jesús les dijo:

—Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que daba testimonio diciendo:

—Me dijo todo lo que he hecho.

Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.

Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer:

—Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

HEMEROTECA: pro19av20

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