SIN RETORNO, JOE…

Por Everardo Monroy Caracas

autumn-scene-in-beautiful-laurentians-quebec-canada1Imparable.

Los decesos continúan. No hay manera de confirmar hasta cuando termina esta tragedia.

François Legault es un político tradicional, limitado a decir la verdad.

Es el rostro mediático. Hasta el jueves 24 de abril, sus palabras no fueron esperanzadoras.

Los quebequés ya no confían a cabalidad de su primer ministro. Dijo que el pico de la curva de muertos e infectados se alcanzaría el sábado 18 de abril.

Y mintió. Los números  lo han dejado claro.

En la rueda de prensa —del jueves 24— dijo que en las últimas veinticuatro horas, por el Covid-19, fallecieron 97 personas. Por lo tanto, la cifra de muertos ascendió en la provincia a mil 340.

Lo mismo ocurrió con el número de enfermos: 778 en un solo día. Ahora, 22 mil 616 luchan por su vida. Mil 466 están hospitalizados y 227 en cuidados intensivos.

Es posible que deje el departamento y me interne en el Parque Nacional de Mont-Tremblant, dentro del territorio de Laurentides.

Joe sigue renuente en acompañarme. La muerte de Anne, su esposa, lo tiene paralizado.

—Dejemos esta mierda de encierro —le ofrecí hace dos días—. En Mont-Tremblant reencontraremos nuestro equilibrio emocional… Anne ya descansó y si viviera, estaría de acuerdo de vivir en la arboleda de Laurentides, lejos de Montreal…

El desgraciado virus la asfixió. No hubo manera de salvarla.

Desde un principio me opuse a su propósito de internarse en la Residencia de Retiro de Dorval.  Joe la convenció.

Y quería que yo hiciera lo mismo.

—En la residencia tendremos techo, comida y cuidados médicos —dijo Joe— y tres meses al año vacacionamos en Nicaragua o Cuba…

—Prefiero estar solo en mi departamento y resistir —contesté—. Aún tengo fuerzas para valerme de mí mismo.

—Tienes setenta y un años, dos más que yo, Jacques… Anne quiere que nos acompañes…

Eso ocurrió hace tres años.

Por un descuido en la residencia de retiro la mitad de viejos terminaron en bolsas negras.

Joe fue uno de los sobrevivientes.

En las faldas del Mont-Tremblant hay un chalet abandonado. Muy cerca del lago Tremblant. No faltará la carne de pescado y ciervo.

Nuestro paso por Irak y Tanzania nos enseñó a aprovechar los dones de la naturaleza. Por los lugareños aprendimos a pescar y cazar sin explosivos o armas de fuego.

El domingo parto a Sainte-Aghate-des-Montes para abastecerme de víveres. Espero que Joe reconsidere su decisión y supere el abatimiento.

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