LA CURA MILAGROSA

Por Everardo Monroy Caracas

indigenasPrimera de dos partes

Tardó tres días la policía municipal —la SPVM— para transmitirle al Ministerio de Salud lo registrado en una de sus estaciones de la zona norte de Montreal.

—La información ha sido reiterativa, doctora… —confirmó la jefa de turno de la policía de Longue-Pointe—. En menos de una semana hemos recibido llamadas telefónicas de personas que afirman que se han curado del Coronavirus con la ayuda de un hombre que asegura provenir de la Amazonía venezolana…

—¿Cuántas llamadas han recibido?

—Nueve y todas de Longue-Pointe…

—¿Podría enviar a nuestro correo electrónico la lista de las personas que han notificado ese hecho, oficial? —pidió la funcionaria QL con cierto desdén.

La lista demandada llegó a su correo electrónico el jueves 30 de abril. El mismo día que François Legault informó que en las ultimas veinticuatro horas murieron otras 98 personas por el Covid 19. La fatal lista ascendió a mil 859. Lo mismo ocurrió con el número de infectados: de 26 mil 594 pasó a  27 mil 538. De ellos, mil 684 fueron hospitalizados y 214 en cuidados intensivos.

Los nombres y apellidos registrados en la lista enviada por la policía de Longue-Pointe pertenecían a personas con raíces jamaiquinas y haitianas.

La funcionaria QL con la hoja en mano se acercó al subdirector de salud OI que observaba por televisión el desarrollo de la conferencia de prensa.

—Tienes que leer esto, doctor OI —dijo la mujer manteniendo la distancia exigida por el Ministerio de Salud.

—¿Lo enviaste a mi buzón?

—Hace diez minutos…

—Gracias colega, lo leeré…

No lo hizo. Su mente tenía otra prioridad. El fin de semana viajaría a Toronto para entrevistarse con una ex compañera de la facultad de medicina.

De leer parte del comunicado se hubiese enterado de los testimonios recogidos por las supuestas personas sanadas por un inmigrante venezolano, de Pilones.

El indígena amazónico aseguraba que la cura milagrosa consistía en convertir el germen del Covid 19 en una molécula de oxígeno.

Una mariposa Atlas había viajado casi diez mil kilómetros —del norte de Suecia a la Amazonía venezolana— para contactar con la tribu yekuana. Procedía del abeto rojo Old Tjikko —uno de los más longevos del mundo— y se posó en la vieja espalda desnuda del Chaman mayor de Pilones en los instantes que asistía a un enfermo de Coronavirus.

La misma acción la repitió con 197 viejos de la tribu.

Después de lograr su misión, la mariposa Atlas se desprendió de la última espalda y murió.

El Chamán mayor comprobó que sus coterráneos contactados desarrollaron cualidades sanadoras. Los dieciséis aborígenes infectados por el Covid 19 lograron recuperar su salud.

Durante la Asamblea Suprema de Ancianos se acordó que los 197 elegidos por Atlas, la mariposa de noche —llamados los hijos de Wannadi—, viajarían a 197 países del mundo. Su distintivo sería la figura del Pájaro carpintero real.

Y fue así como Mahanama tuvo la responsabilidad de sanar a los enfermos de Covid en Quebec.

—Atiende primero a nuestros hermanos de sangre y esclavitud —sugirió el Chamán mayor.

Mahanama asintió con una reverencia y la mano diestra sobre el corazón e inició la marcha. Siempre contaría con el apoyo legal migratorio de un funcionario consular de Brasil, hijo del Chaman mayor.

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