LA GENERACIÓN PERDIDA DE ÓSCAR CHÁVEZ

Por Everardo Monroy Caracas

oscarTendremos que acostumbrarnos.

Tu allá, tu acullá y yo por acá…

La distancia necesaria para no contaminarnos.

El cuatrimestre del horror.

Un confinamiento de reencuentros domésticos.

Y ahora todo es distinto.

Quedó atrás aquello de que cada cabeza es un mundo.

No.

El enunciado se altera: cada refugio es un mundo.

Solo nos une la misma rola

Paren oreja.

—o—

Mi generación, de la década de los setenta, creció bajo los resabios de la protesta generacional.

Vietnam y el hippismo comunitario.

La melena y la poesía como herramientas de protesta.

No solo al establishment burocrático, sino a la familia patriarcal y autoritaria.

Y por ahí andaba yo, con una libretita en  mano, registrando la verborrea del poder.

Y de paso cerveceando, escuchando rolas de protesta en las Peñas o en tocadiscos de metro y medio de largo.

Así conocí al chilango Oscar Chávez Fernández.

En las protestas gremiales de la Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca —Civac— era posible observarlo y escucharlo sobre entarimados desechables. Empinando con sus versos al burócrata corrupto y al patrón explotador.

Y el proletariado, feliz.

Lo mismo que la juventud clasemediera, la del libro bajo el sobaco y afín a los versos de amor de Pablo Neruda y Mario Benedetti.

En Tepoztlán abordé en una ocasión al juglar universal, al tal Óscar Chávez Fernández, el de los tres acentos, después de haber proyectado la película sesentera Los Caifanes.

En el quiosco de la cabecera municipal de Tlalnepantla encabezó un recital y de ahí, por invitación de un reportero, aceptó hacer una parada en Tepoztlán.

Lo recuerdo con su cola de caballo, en jeans y camisa negra de manga larga. La guitarra estuvo ausente en el encuentro.

Hombre sencillo, de buen humor y palabra certera. Tendría cuarenta y tres o cuarenta y cinco años, eso supuse.

El disco Marihuana estaba vigente entre la briosa del barrio. En mi caso, sus Parodias y Latinoamérica canta eran —y son— mis acetatos favoritos.

El tema de las dos películas de Juan Ibáñez, donde Oscar Chávez tuvo un rol actoral, dominó la breve entrevista. Los Caifanes, de 1966, y La Generala, de 1970, abordaron dos Méxicos distintos: la revolución mexicana y la revuelta del lumpen.

En Los Caifanes se da la confrontación cultural e ideológica de la burguesía y la gente de barriada del entonces Distrito Federal.

En La Generala, un feminismo ramplón donde la actriz María Felix intenta lucirse e impone sus códigos de belleza.  Un director de cine al servicio de la diva.

La sana distancia, impuesta por el Coronavirus, carecía de sentido en aquella década que me marcó.

Oscar Chávez representó a una generación rebelde, posdomesticada por la realidad política y su nueva familia.

Gabriel Retes y Raúl Araiza la registraron correctamente en sus películas El Bulto y La Trampa.

Sin embargo, el Caifán Mayor, como llamaban a Oscar Chávez, continuó con su cantojondo,  latinoamericanismo  y el rescate del folklor regionalista.

—Cada quien pone su grano de arena para mejorar al mundo —me dijo Oscar Chávez sin caer en la trampa del halago.

Su visión de vida, le permitió trasponer las fronteras clasistas e ideológicas. Lo mismo era recibido con afecto por indígenas zapatistas que por Carlos Slim o los juniors de Las Lomas de la Ciudad de México o del Valle de Atongo de Tepoztlán.

Salvo con los descendientes del presidente Enrique Peña, seguramente hay un disco del cantautor chilango, en la recamara de los hijos de los presidentes Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

De ahí la trascendencia ideológica y moral de este gran juglar latinoamericano.

Su partida física trataré de resumirla en este soneto:

EL JUGLAR DE LA PROTESTA

Oscar Chávez se ausentó

en pleno treinta de abril;

y en su partida legó

el canto como fusil.

 

Era el año dos mil veinte

en tiempos de la pandemia

cuando el Juglar disidente

quiso exportar su bohemia.

 

Y lo digo sin dolor

con ganas de ir a la fiesta

de nuestro Caifán Mayor.

 

El Cantor de la protesta

nos dejó con su fulgor

una presencia modesta.

—o—

Mientras escribía estas líneas, me enteraba por la radio lo que ocurría en mi entorno de exilio. Soy uno más de los confinados en cuatro paredes por culpa de la pandemia.

El Ministerio de la Salud de Quebec, en su boletín del sábado 2 de mayo, informó que en las últimas veinticuatro horas han muerto otros 114 quebequés y se registraron mil 5 nuevos infectados.

Por lo tanto, hasta la fecha, han fallecido por el Covid 19, dos mil 136, en su mayoría ancianos.

Y 29 mil 656 personas se encuentran infectadas. De estas, mil 735 están hospitalizadas y 222 intubadas a una máquina de oxigenación.   

VIDEOTECA:

 

 

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