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Vejestorias de la pandemia

HASTA EL FINAL

Y es que el pensamiento se distorsiona y ya no es posible retenerlo, aunque se intente…

Thomas Mann/Los Buddenbrook

vejestorias—A partir de la pandemia hay dos tipos de suicidas —reflexionó con palabras constantes y sonantes—: los que aguardan la muerte en casa o los que salen a la calle para encontrarla… Al final, es lo mismo… Unos más pálidos que otros, por la falta de sol…

—Estás loca Lena —acortó Andy Keskinbirak aun en piyama y con el vaso de leche tibia en la mano.

—Prefiero aguardarla en mi cuarto, algo ebria y con el rosario entre los dedos…

Los amigos volvían a reencontrarse en la cocina sin decirse el bonjour o el ça va de cada despertar.

Andy con su gruesa papada colgando sobre un ancho cuello de luchador y su ralo cabello blanco en torno a la cabeza, pero invisible en el occipucio. Lena Tremblay, por el contrario, muy semejante a Cindy Crawford: altiva y de rasgos delicados y firmes, a pesar de la edad.

Los dos acordaron dejar el retiro de ancianos Notre-dame-de-la-Merci y ocupar el departamento de la nieta de Lena. En el asilo, de marzo a abril, habían muerto de neumonía cincuenta y cinco internos.

Alice, al enterarse de lo ocurrido, le habló a su abuela por teléfono desde Hong Kong y le sugirió que durante el confinamiento se resguardara en su departamento.

—Ya le avisé al conserje para que te abra, abuela —le informó con cierta alarma—. Ben y yo permaneceremos en Hong Kong hasta diciembre… Así que dispón de todo, abue

—No iré sola, Alice —le advirtió Lena—, es posible que invite a Andy, tu sabes que es mi amigo y está solo, sus hijos radican en Roma…

—El tipo no es de mi agrado, por todo el mal que le hizo a la señora Florence, pero es tu decisión…

El lunes 25 de mayo, día sucio y con calles huérfanas, Lena y Andy seguían vivos y con el ánimo arriba.

Durante el desayuno, a base de huevos y pan tostado, acordaron ver una película de Charlton Heston —Cuando el destino nos alcance— y hacer pan de sal para cenar molletes con frijoles refritos. El tema de la muerte era algo recurrente en las intervenciones de Lena. Andy prefería eludirla y socavar viejos recuerdos, principalmente los de su tiempo de taxista. En uno de sus tantos recorridos por Montreal la conoció. Desde entonces se volvieron inseparables, sin llegar a la cama. Lena era casada y estaba enamorada de su marido, un militar comisionado en Sudáfrica.

—¿Tuviste buenos o malos sueños, en esta ocasión? —preguntó Andy mientras bebía su segunda taza de café.

—Tal vez por dormir con el televisor encendido soñé estar en una jungla perseguida por nativos con taparrabo…

—Seguro que intentaste ver La Proie nue (La presa desnuda).

—Lo intenté, a pesar de ser una de mis películas favoritas…

—Sí, Cornel Wilde tambien fue de mi agrado…

—¿Y tu qué soñaste?

—Que volaba sobre la ciudad tratando de encontrarme, imagínate tal locura…

—Te das cuenta que no soñamos con nuestros compañeros de internamiento o los viejos amores…

Andy, sin la anuencia de Lena, le llenó nuevamente la taza de café. Notó que le faltaba un broche del camisón y era posible ver una parte generosa de sus senos, algo marchitos. Sintió un breve estremecimiento en la ingle.

—El subconsciente lo evita y creo que es lo correcto… Entre ayer y hoy, por ejemplo, murieron cuarenta y cuatro personas por culpa del Covid 19 y 573 se infectaron… Lo escuché por la radio…

—Añoras recorrer la ciudad en tu taxi, como antaño, Andy… Yo, simplemente vivo mi momento. No es fortuito que me convirtiera en una cazadora de elefantes para traficar con el marfil de sus colmillos y terminara siendo presa de los nativos…

—Desde el atentado en Ciudad del Cabo, tu vida fue otra, reconócelo…

—En verdad, pero ya no pienso en eso… —dijo sin contaminar de tristeza sus palabras—, Fredy tenía otra familia y siempre me lo ocultó… Que Dios guarde su alma… Ni Alice me lo recuerda durante nuestros escasos encuentros…

—Quiero pedirte un favor y espero no te ofendas —prorrumpió Andy, alisándose las canas con las manos.

—¿Por qué debo ofenderme? Tú me conoces y todo te confío…

—¿Puedo quedarme en tu cama después de ver la película?

—Es lo mismo que te iba a sugerir —respondió Lena al tiempo de acariciarle una mejilla a su amigo—. Creo que hemos hecho suficientes méritos para dormir juntos y ayudarnos en nuestras pesadillas… Tal vez la muerte se apiade de nosotros…

Lejos estaban de meterse en la piel lacerada por tantas lágrimas de los deudos que aun respiraban en Quebec.

Hasta ese lunes sin sol habían fallecido por el Covid cuatro mil 69 personas y enfermaron 47 mil 987.

En los hospitales permanecían mil 425 infectados y al no poder respirar, 179 tuvieron que ser entubadas a un respirador mecánico.

HEMEROTECA: Hagan sitio Hagan sitio – Harry Harrison

VIDEOTECA: https://ok.ru/video/31674338000

 

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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