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Vejestorias de la pandemia

UNA VISITA INESPERADA

vejestoriasImposible trasponer los umbrales de Morfeo. Ya es viernes y la oscuridad es absoluta. Decido leer un poco. Las fabulas de Ovidio están a la mano. Toco el volumen y desisto.

Mejor haré pan, pienso.

Tengo harina de trigo, levadura seca y aceite de olivo.

Y en el instante que me acerco a la barra de la cocina descubro la presencia de una minúscula hormiga que merodea en el trastero. Es rojiza y entre sus mandíbulas lleva un grano de azúcar.

—¿Qué haces aquí, truhana? —le pregunto.

 La hormiga mueve las antenas y detiene su marcha.

Es aun primavera y Quebec, a esta hora, vela con los ojos cerrados.

El Sars-CoV-2 pulula en nuestro alrededor y amenaza con asesinarnos. Tiene vida, no alma. Es un zombi invisible.

Después me enteraría que este viernes 29 de mayo mató a 61 quebequés e infectó a 530. Solo en 24 horas. Por su culpa, de los 50 mil 232 enfermos, mil 265 estaban hospitalizados y 172 respiraban con ayuda de ventiladores mecánicos.

Me pregunto: ¿De los 50 mil 232 infectados que hay hasta el momento cuántos sobrevivirán?

La presencia de la hormiga, a la que bautizo como Dumofera, me acerca a la vida.

He sido egoísta durante estos casi dos meses de aislamiento. Tengo que reconocerlo. Supuse que yo era el único ocupante del departamento.

Dumofera me conecta con la realidad. Ella trabajaba, a pesar de la pandemia. En su colonia la aguardan. Es una humilde obrera.

Durante mi infancia las perseguía y mataba. Mi madre hacia lo mismo.

—Son plagas y hay que fumigarlas… —reiteraba y de inmediato sacaba el bote de insecticida y las rociaba.

Ovidio, en su libro de fábulas —La Metamorfosis— dimensiona la enseñanza de las hormigas —fourmis las llaman los quebequés—. En un breve texto reproduce el encuentro de la hormiga con un escarabajo hambriento. El escarabajo nunca se preparó para enfrentar el duro invierno.

La hormiga trabajó duro durante el verano para allegarse de suficiente alimento.

De ahí la sentencia final de Ovidio:

Los que durante el tiempo de abundancia no se preocupan del futuro, caen en la mayor miseria cuando las circunstancias cambian.

Dumofera teme por su vida, es posible. Aun no intenta huir. Está consciente de mi presencia. Sus tres ocelos —como minúsculos lentes incrustados en la cabeza— han registrado la luminosidad de la lámpara al encenderse. Sus ojos y antenas, por el momento, perciben las ráfagas de aire que provoco con mis movimientos.

—Tranquila Dumofera  —exclamo y abro la alacena para sacar la bolsa de trigo, el salero y los frascos de azúcar y aceite de olivo—, tú sigue en lo tuyo que yo voy a amasar un poco de trigo.

Imagino lo que hará al retornar a su colonia: alimentar a alguna larva en caso de no estar infectada del Sars-CoV-2. De ocurrir, estará condenada a sobrevivir fuera de su especie.

Las hormigas obreras, a la vez son hormigas enfermeras. Solo las reinas y machos tienen alas.

—Si me vas a acompañar, amiguita —le sugiero— háblame un poco de tu vida en comunidad…

Por el tamaño de sus mandíbulas, estoy consciente que tampoco es una hormiga soldado. Tal vez su madre —la misma que parió mil o dos mil hormigas antes de morir— no tuvo la delicadeza de educarla o ponerle un nombre.

¿Y qué decir de su padre? El pobre cabrón murió cuatro días después de aparearse a la reina. Maeterlinck así lo registró en La vida de las hormigas.

El destino final de la hormiga macho no fue tan trágico como el de las campamochas machos. Son devorados por su amante al depositar su carga seminal. Canibalismo sexual, le llaman los estudiosos.

—Amiguita  —murmuro mientras limpio la barra de formica—, ahora seré yo quien te platique un poco de mí y por qué vivo solo en esta jaula…

HEMEROTECA: La vida de las hormigas – Maurice Maeterlinck

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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