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Vejestorias de la pandemia

EL PATRIOTA INMOLADO

vejestoriasSábado 6 de junio.

Murió el inquilino del 28. El cadáver fue hallado en estado de descomposición. Hedía. Los vecinos adyacentes, de los departamentos 27 y 29, reportaron la pestilencia.

En un principio supusieron que David Grenier dejó el edificio por la pandemia. Tenía amigos o familiares para resguardarse. Craso error.

Por ser viejo —llegaron a comentar los Green y Bouille— no se deshizo de los desechos orgánicos —verduras, frutas y carne comestible— y su descomposición era la causante de tan nauseabundo olor.

No era la primera vez que ocurría.

—No es posible que su familia lo tenga en el abandono —se quejaba la vieja Isela Bouille, la del departamento 29, al percibir la pestilencia—.  Es un hombre de noventa años, caramba, qué desconsideración.

La mujer se desplazaba desaliñada por los pasillos del edificio, con el mandil manchado de aceite de cocina y pasta de tomate.

Y era razonable su reclamo.

David Grenier tenía hijos, nietos y bisnietos en Montreal, Toronto y Winnipeg, según se lo reveló al periodista Nicolai Pasternak, inquilino del departamento 12.

—Prefiero vivir solo a ser un mueble para mis hijos —repetía cada vez que Pasternak le sugería contar con la protección de la familia.

—O en una casa de retiro para ancianos, ¿no lo cree usted? —reiteraba el decano periodista.

—¿Usted tiene familia, monsieur Pasternak? —reviraba con una pregunta el viejo David Grenier mirando con ojos acuosos a su vecino, tan marchito como él por los abusos de alcohol y desvelos.

—Claro, a pesar de ser viudo…

—Entonces, ¿por qué vive solo y  se aplica su receta? Yo no veo que sea un jovencito.

El cuestionamiento llegaba a incomodar al ex reportero de asuntos políticos de La Presse, pero no bajaba la guardia. Tenía 66 años y planes de rehacer su vida amorosa.

La presencia del Covid 19 frustró sus planes de pasar el verano en Sucre, Bolivia, donde tendría su primer encuentro físico con una inglesa divorciada.

Durante casi dos años intimidaron virtualmente por Facebook.

Elizabeth Corner, de 49 años, vivía del dinero que le heredó en vida su marido, un comerciante de telas de Marruecos.

Aun dormía Nicolai Pasternak cuando le notificaron del macabro hallazgo en el departamento 28. Fue el hijo del conserje quien lo hizo.

—Policías y personal del Ministerio de Salud vendrán a recoger el cadáver, señor Pasternak —informó Anwar, un estudiante universitario y el electricista y plomero del edificio—. Mi padre le pide que no abandone su departamento mientras retiran el cuerpo del señor Grenier.

—¿Sabe usted de qué murió? —intentó ahondar por simple reflejo del oficio.

—Se desconoce —asintió en tono trémulo el único hijo del conserje—. No se olvide que ya era un hombre de muy avanzada edad…

Nicolai Pasternak, de sangre rusa e ideas socialistas, lamentó no haberse despedido del viejo. Sus cansados ojos, sumergidos en bolsones de carne blancuzca, no lograron impedir que resplandecieran unos segundos al anegarse de lágrimas.

La última vez que hablaron por teléfono ocurrió a mediados de mayo.

David Grenier había aceptado narrarle detalles de su vida para integrarla en un libro que planeaba escribir sobre la inmigración quebequés.

—No creo que le sirva de mucho —le dijo David Grenier—. Aquí nací y aquí he de morir.

  —Pero usted es testigo de todo lo bueno o malo que le ha ocurrido a Montreal desde hace casi noventa años  —justificó el periodista—. Por ejemplo, lo relacionado a la Revolución tranquila de las décadas de los sesenta y setenta…

—Tal vez tenga razón —confirmó el anciano con orgullo—, porque fui activista. Por lo mismo aún conservo los banderines azules con la flor de lis y las barbas de un revolucionario… Y mire que tuve el honor de arrojarle piedras al primer ministro (Pierre Elliott) Trudeau… Yo fui miembro de la Confederación de Trabajadores Católicos y estuve a punto de incorporarme al Frente de Liberación de Quebec.

La pandemia imposibilitó materializar la entrevista.

El sábado 6 de junio, de acuerdo al parte oficial, solo se habían registrado 35 decesos por el Covid 19 y 226 nuevos infectados. En los hospitales daban la batalla 981 enfermos y de ellos, 129 permanecían en las salas de cuidados intensivos.

Elizabeth Corner, como se lo había hecho saber en un correo electrónico, estaba imposibilitada en abandonar Bolivia.

Sola, en un hostal de Sucre, enfrentaba el horror de la pandemia.

Y temía por su vida.

HEMEROTECA: LA SALIDA – ANDRES MANUEL LOPEZ OBRADOR

VIDEOTECA:

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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