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Vejestorias de la pandemia

EL HOY CUENTA

vejestoriasDomingo 7 de junio.

Noticias alentadoras. El virus del Síndrome Respiratorio Agudo Severo CoV-19 solo mató a ocho personas, cinco de Montreal.

Etienne Brébeuf registró el hecho con prudencia. La cifra fue proporcionada por el primer ministro François Legault.

Y así Etienne se lo expresó a sus compañeros de departamento: un indiano y un irlandés,

De los tres, Etienne era el único interesado en seguir de cerca el desarrollo de la pandemia.

Manjit, a sus sesenta y cuatro años, prefería distraerse en la cocina y viendo películas tres equis, donde la protagonista fuera pakistaní.

William Wallace, obrero hasta el día de su jubilación, no se despegaba del televisor y el whisky. Un gran fanático del futbol soccer. Su equipo de cabecera era el Greenock Morton. En cada muro y rincón de su recámara conservaba banderines, afiches y réplicas de la escuadra albiazul.

La figura del portero Derek Gaston sobresalía en el buró, al lado de una cama con la bandera de Escocia como edredón.

Sin las habilidades del guardameta escoses, según su paisano, el Greenock Morton no tendría tantos seguidores.   

William Wallace nació en Greenock. Su familia poseía una casa a la vera del rio Clyde y sobrevivía del dinero obtenido en un astillero de capital inglés. Durante su adolescencia mató al hombre que violó a su hermana y huyó a Canada. Nunca se le persiguió, porque el muerto era un depredador sexual.

Etienne, a pesar de poseer sangre galesa, no comulgaba con las ideas separatistas de los quebequés. Por un tiempo, en los años ochenta, militó en la Internacional Comunista. Desde su trinchera —una gris oficina pública— promovía sus ideas de igualdad y fraternidad asimiladas en tesis marxistas-leninistas.

El Manifiesto Comunista y El Estado y la Revolución eran sus libros de cabecera. Ya viejo se distraía leyendo novelas policiacas, veía películas de acción y por las noches video interactuaba con mujeres solitarias, de diferentes partes del mundo, principalmente del caribe, México y Sudamérica.

—Por lo pronto —dijo antes de atacar la rebanada de pizza que le proporcionó Manjit— hasta hoy domingo 7 de junio no fuimos parte de los 225 nuevos infectados.

—Etienne intenta ser feliz —sugirió el escoses mientras cortaba un trozo de apio para remover su bloody Mary con chorritos de vodka y whisky—, no nos falta nada y aún seguimos vivitos y coleando…

—En esa te cabe la razón, amigo —asintió el viejo quebequés—, pero es mejor estar informado para trazar el siguiente movimiento…

—En la noche cenaremos trucha empanizada con repollo a la salvadoreña  —informó Manjit con su sonrisa falsa, muy blanca, y la cara oscura y semimarchita.

El glaucoma le había dañado el ojo izquierdo.

El indiano estaba por celebrar sus 65 años de vida. El primero de noviembre colgaría la filipina de chef y dejaría de ser un asalariado.

—La pensión —exclamaba cuando abusaba del vodka — me permitirá recuperar mi lengua e identidad, hermano Etienne… Ardo de deseos de regresar a Nueva Delhi y casarme con una buena mujer.

Por la pandemia del Covid 19 y la edad obtuvo un permiso de dos meses para no acudir al hospital judío donde laboraba como ayudante de cocina.

El quebequés era el titular del departamento. Después de ser abandonado por Aleida, una exuberante cubana de piel oscura, decidió compartirlo con dos personas de su edad.

El aviso que publicó en Le Journal de Montreal tuvo una rápida respuesta.

De los treinta dos demandantes, optó por el indiano y el escoses. No fumaban y tenían solvencia económica.

Nunca les reveló que fue abandonado por Aleida, a la que conoció en la Habana, en uno de sus viajes de verano. La mujer era treinta años más joven que él y trabajaba de prostituta o jinetera, como son llamadas en la isla.

La pasión lo consumió y a los sesenta y seis años pagaba las consecuencias.

Por fortuna, un problema en la próstata le permitió cortar temporalmente el abuso de la cerveza y café negro y corregirle un defecto físico del pene. La malformación o peyronie logró superarla al serle introducida una sonda plástica en la uretra para aligerarle la vejiga cargada de orines.

Aleida estuvo a su lado en esos momentos difíciles. Por desgracia, la falta de alcohol tuvo sus consecuencias emocionales en el anciano. Se volvió huraño, autoritario y celoso.

La joven decidió abandonarlo y vivir con un mexicano menos viejo y agraciado que Etienne.

Juan Luis trabajaba en una compañía de limpieza de supermercados y tenía esposa e hijos en la Ciudad de México.

Mariela, la cubana que le cortaba el cabello, fue quien se lo presentó. Ella era originaria de Camagüey y su esposo, de padres puertorriqueños. El mexicano rentaba un departamento en el edificio contiguo de la rue Fleury.

La pandemia le aligeró la soledad y frustración a Etienne. Tenía compañía permanente y el alimento no faltaba.

Y centró su atención en ver películas estadounidenses y francesas y releer las obras completas de Georges Simenon, Mickey Spillane, Ian Fleming, Raymond Chandler, Elmore Leonard, Agatha Christie, Jim Thompson, James M. Cain y  John Le Carré.

Su siguiente paso, según se lo hizo saber a sus compañeros de departamento, viajaría a Bolivia para convivir un par de meses con una mujer de la Paz, de 50 años, madre soltera y propietaria de un restaurante, especializado en preparar empanadas salteñas, chicha y api de maíz morado.

William Wallace, menos soñador y gran dipsómano como buen escoses, tras escuchar los propósitos de Etienne y Manjit, simplemente sentenciaba:

—Me dirán aguafiestas, compañeros, pero esta realidad es un lugar de privilegio donde podemos saborear un buen trozo de pizza… Dejen de masturbarse y vivan su día… Mañana tal vez se nos meta el virus del Covid en nuestra sangre… Y sus sueños terminaran en la taza del baño…

Hasta el domingo 7 habían muerto en Quebec cuatro mil 978 personas y 52 mil 849 se infectaron por la pandemia. 972, por los efectos de la enfermedad, se hospitalizaron y 128 terminaron en la sala de cuidados intensivos.

HEMEROTECA: El Cine Que Nos Abrio Los Ojos

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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