Categorías
Vejestorias de la pandemia

CARAS VEMOS…

Solo la castidad a dúo es sujeto de crédito.

Carlos Monsivais/Las esencias viajeras

 

vejestorias—Buenos días, vecina…

—Buenos días, vecino…

—¿Ya se enteró?

—¿De los 27 muertitos de hoy por el Coronavirus?

—No, no… de los Marest…

—¿Los del nueve?

—Sí, de ellos… Pobres, salieron positivos en su test del Covid

—Muerte segura para la pobre mujer…

La vieja Ángela Arruma no disimulaba su satisfacción. Públicas eran sus diferencias con madame Órleme Marest.

Monsieur Jacquar-Jean tenía sus enredos amorosos con la paraguaya, esposa del conserje.

La edad no era un impedimento.

—¿O esa asquerosa latina o yo, Jac?—le expresó madame Marest a su marido al enterarse de la relación.

—Estás mal informada… —monsieur Marest intentó zafarse del embrollo—. Si he ido a su departamento es para pedirle aspirinas…

—¿Pero por qué lo haces cuando yo duermo?

—¿Cómo lo sabes?

—Me vas a matar, estúpido… No son tiempos de infidelidad… Ya estamos viejos…

Aquel drama se difuminó en el edificio como el virus del Covid por el mundo.

Por mi parte, preferí unirme al coro para aligerar el remordimiento.

 Seré honesto. La vieja paraguaya hace buenos trabajos sexuales y su tarifa no lastima nuestro presupuesto de jubilado.

De los cuarenta y dos inquilinos del edificio, todos sexagenarios, no menos de veinte intimidamos con Ángela bajo la tolerancia del marido, un anciano de pocas pulgas que sufre las inclemencias de la impotencia sexual.

La paraguaya tiene 59 años y aún conserva cierto atractivo físico. En sus tiempos mozos fue prostituta profesional.

De San Estanislao, donde nació, viajó a Asunción, después de la muerte de su padre.

Un cónsul canadiense la desvirgó por mil dólares estadounidenses o seis millones de guaraníes de los tiempos actuales.

El funcionario, oriundo de Quebec y padre de familia, se apasionó de Ángela y no dudó en convencerla para que viviera a su lado en Montreal.

La atractiva jovencita dejó el burdel para seguir al anciano quebequés.

Dos años después, terminó en brazos del chofer del cónsul, paraguayo como ella y actual conserje del edificio donde habito.

Domingo Olivares nunca pudo embarazarla.

El hijo de ambos, en realidad le pertenece al cónsul, pero nunca lo reconoció a pesar de tener los ojos azules, el pelo color trigo y la sonrisa de dandy.

El tipo, por traficar cocaína boliviana, fue arrestado en Buenos Aires, donde enfrenta una condena de veinte años de prisión.

Ángela Arruma cada mes les envía doscientos dólares a su nuera y dos nietos.

Los jubilados del edificio somos sus principales proveedores de dinero.

Y vale la pena el sacrificio.

Sin embargo, el asunto de los Marest nos pusieron los pelos de punta.

Este miércoles 17 de junio, bajo una temperatura menos fría que de costumbre, en Quebec se habían infectado 117 personas de Covid, pero en menos de tres meses, por el mismo virus, murieron cinco mil 298 y 54 mil 263 enfermaron.

Me tranquilizaba saber que solo 690 infectados permanecían hospitalizados y 72 en cuidados intensivos.

Aun así, no confiaba en las cifras vertidas por el gobierno provincial. Los empresarios, al confirmarse que la gente joven era más resistente al Covid,  presionaban para que se reabrieran  los establecimientos comerciales e industrias.

Les importaba un bledo el destino de los viejos, principales víctimas de la pandemia.

Ángela Arruma al verme en el vestíbulo —normalmente a las tres de la tarde bajo a buscar mi correspondencia— me puso al tanto de las tribulaciones de los Marest.

La esposa del conserje sabía que madame Órleme Marest estaba enferma de diabetes y de enfisema pulmonar. Difícilmente superaría los efectos del virus del Covid 19.

—¿Y tiene idea de cómo los Marest contrajeron la enfermedad? —pregunté sin ocultar mi preocupación—. Ellos no tienen hijos y desde que se declaró el estado de emergencia han permanecido en su departamento…

—Solo ellos lo saben… —respondió Ángela con cierta frialdad calculada—, caras vemos corazones no sabemos

Todos los viejos —fieles clientes de Ángela Arruma— estábamos al tanto de sus enredos de cama con Jacquar-Jean.

El miedo, desde entonces, me ha robado el apetito y el sueño.

HEWMEROTECA: Monsivais Carlos – El Genero Epistolar

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s