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Vejestorias de la pandemia

…Y LO ESCRIBO…

vejestoriasY lo escribo mientras escucho el roce de las hojas al ser azotadas por el viento. Cada cual con su peso y volumen emocional, esperando el milagro.

Es una idea.

Edward L duerme. Oriana presume que está atento y la escucha. Habla con su hermano Geoffroy.

—La presión ha disminuido, pero duerme mucho y habla muy poco…

—Paciencia… Es lo único que puedo recomendarte…

—No quiero que dependa de los antidepresivos…

—La cercanía con la muerte siempre arrastra a ese estado de ánimo. El cuñado es un anciano, hermana, no un jovencito…

—Es buen hombre, no me arrepiento de haberlo seguido a Montreal. Me gusta la isla y su gente…

El bastidor de la puerta se cimbra, dicta su mensaje fúnebre, gotea armonías de duelo, segrega llantos que resuenan como bacanal de termitas. No cesa de llamar la atención… los travesaños sustraen el aliento…

Del otro lado, donde la gente se arremolina para observar el comportamiento de los dos paramédicos, la anciana aun aguarda el arribo de su hija. Tendrá que ser llevada de emergencia al hospital de Fleury. El dolor de pecho no cesa.

—Un minutito más, por favor —demanda desde la camilla.

Solo es posible verle el rostro y el cabello tan blanco como el algodón.

Casi se asfixia al insistir.

Nadie la escucha. Los curiosos empiezan a arremolinarse tras las ventanas.

Los paramédicos continúan ensimismados en su rutina: proteger con plásticos negros la nueva camilla de patas articuladas, descender la plataforma de la unidad —la 0220—  por donde desplazaran a la anciana. Y poner al tanto al radioperador de la central para confirmar si la paciente ya cuenta con una cama en el hospital asignado.

Y Edward L, atrás del muro del edificio, no duerme, piensa (o eso cree hacer)…

¿A quién puede interesarle lo que necesito, si no existo? ¿Qué escalón pisas aun si construir? ¿Hacia dónde vas ahora que no hay piso? ¿Respiras? ¿Escuchas? ¿Piensas?

Prefiero seguir en la prisión del miedo antes de remontar a la nada con palabras señeras o dibujar en paredes de arena recuerdos sepultados.

Tengo tanto que aprender en el colegio de los jardines arrasados, pero me faltan gardenias para sobornar a mi carcelero (al que contraté como guardaespaldas).

La espera será larga. No importa. Cuando despiertes, leerás en mis gemidos los besos de tu vientre.

¿El cataclismo de los enamorados?

Y arribará el perdón, la esperanza dañada. Y no volveré a verte, porque el otro, el renacido, nos ha robado la tranquilidad.

Por su lado, Oriana insiste en mentir. No lo ama. Es ajena a lo que ocurre del otro lado del muro. Geoffroy está atento de la maniobra de los paramédicos. Observa y escucha los reproches de su hermana.

Y como un ramalazo de fuego, pero con letras iluminadas, el nombre de la anciana se hace presente: Adele.

Su final está cerca. Hay certidumbre en la conclusión.

La mujer era un misterio. Salidas y entradas con mutismo. Poco social y militante del síndrome de Diógenes.

¿Cuantas botellas de vidrio o plástico ha acumulado en su departamento?

Geoffroy mueve su cabeza de muerto viviente con barba de pedigüeño y confirma que posee la misma pestilencia.

Los libros se desbordan de los sillones y la mesa. El desorden cunde.

—Deja dormir al cuñado —sugiere, teléfono en mano, sin despegar la vista del ventanal—. Es mejor eso que discutir…

—Ya no es capaz ni de cambiarse el pañal… Me da rabia…

Y Edward L en lo suyo:

Que fea es la vejez,

opina Fedra.

Piedra sobre piedra

enterrando al mes.

 

La vida se agota,

no hay resurrección.

Jota sobre jota

y as del corazón.

 

Cuando la tristeza

consume la risa,

adiós la destreza.

 

Y entre misa y misa

Dios y su realeza

reparten ceniza. 

Sin título el soneto.

Eso es, SIN TITULO.

Lo que pase en el edificio, como ocurre en Las Vegas, se queda en el edificio.

François Legault es el político virtual que terminó siendo el mensajero de las malas noticias. Los paramédicos lo saben y callan.  Sus 33 muertitos de hoy (sábado 20 de junio) en nada le conmueven. No hay palabras de confort para los deudos. El primer ministro es conservador y sabe que su gobierno descuido a los ancianos internados en casas de retiro.

Los 92 nuevos infectados tiemblan al saber que algunos podrían ser hospitalizados. Por lo pronto, Quebec ha enterrado a cinco mil 417 personas por culpa del Covid 19. Tiene 54 mil 766 enfermos, 521 internados en hospitales públicos y privados y 61 en las salas de cuidados intensivos.

Adele nunca pudo despedirse de su hija.

HEMEROTECA: Las esencias viajeras – Carlos Monsivais

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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