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Vejestorias de la pandemia

VEJESTORIAS DE LA PANDEMIA/PRÓLOGO

vejestoriasNo es fácil ejercer el oficio cuando la muerte intenta tocarte.

Dentro de los tres cubos alquilados —sala, recámara y baño— logré ser un testigo privilegiado de una hecatombe social provocada por un germen invisible.

En Montreal, de febrero a junio de 2020 me vi obligado a permanecer enclaustrado en los cubos de concreto y vidrio para no ser alcanzado por la pandemia.

Mi realidad —o rutina física— se volvió virtual y audible.

Y por teléfono y un ordenador pude darme cuenta que, en Quebec —la provincia donde radico—, murieron por el Covid 19 cinco mil 417 personas —tres mil 339 de Montreal— e infectado 54 mil 825.

El 95 por ciento de los muertos tenían entre 60 a 90 años de edad. La mayoría radicaba en casas de asilos, llamadas en francés, centres d’hébergement et de soins de longue durée (CHSLD).

En mi país de origen —México— allegados estimados tambien fueron alcanzados por la enfermedad.

Me vi precisado en registrar con palabras tipografiadas la trágica experiencia ocurrida en mi entorno. Pude haberlo hecho desde una visión periodística  —datos fríos sin adjetivos—, pero opté por escribir breves relatos donde predominaran los temas de la vejez, la soledad y el amor o desamor.

 El edificio donde habito me alimentó de ciertas escenas cotidianas.

Desde medios impresos y los ojos y oídos de mis vecinos me enteré de hechos relacionados a la pandemia. Lo mismo ocurría al ir de compras o acudir, dos veces al mes, a una lavandería pública.

El cubrebocas —o masque— se convirtió en el aderezo cotidiano de los montrealenses de a pie.

Bien predica quien bien vive, escribió Miguel de Cervantes en su don Quijote de la Mancha.

Y tenía razón.

La sociedad quebequés, como ocurría en todos los países del mundo, era informada del desarrollo de la pandemia por los canales oficiales. En Quebec, a través de tres altos burócratas de labia proelectorera: el primer ministro provincial, el director de salud pública o la titular del Ministerio de la Salud.

Los noticieros de radio y televisión y diarios impresos eran los responsables, día a día, de reproducir las cifras de los muertos e infectados por el Coronavirus.

El lunes 22 de junio fue una fecha importante para los habitantes de la provincia.

Por primera vez, los mensajeros de la muerte —François Legault, Horacio Arruda y Danielle McCann informaron que la parca detuvo su poda. La noticia fue resaltada por la prensa provincial: cero decesos por el virus del Covid.

Verdad o mentira, pero nos otorgó un poco de tranquilidad.

Este modesto testimonio, recogido en un volumen, de algo servirá para los curiosos de la historia. Lo escribí por entregas pensando en mis nietos y futuros descendientes.

Pero es necesario hacer una aclaración.

Lo ocurrido el 22 de junio resultó un espejismo.

En los días subsiguientes continuaron los decesos e infectados a consecuencia del mortal virus mata-ancianos (Sars-Cov2).

Y los estudiosos del tema —e incluyo a los científicos de la Organización Mundial de la Salud— adelantaron que los efectos del virus cesarían con el descubrimiento de una vacuna.

Y como simple registro periodístico: hasta el miércoles 1 de julio de 2020, murieron en el mundo por el Covid, 512 mil 332 personas y se infectaron 10 millones 512 mil 383.

En Canada, en el mismo lapso, ocho mil 615 decesos y 104 mil 271 infectados. En México, 27 mil 769 y 226 mil 89. Y en Estados Unidos, 128 mil 828 y dos millones 689 mil 107.

El virus tuvo un comportamiento democrático, desde que hizo su aparición pública por primera vez —diciembre de 2019— en la ciudad de Wuhan, China.

Ricos y pobres, de todas las razas y doctrinas, fueron contaminados o perdieron la vida.

Montreal, Quebec. Miércoles 1 de julio de 2020.

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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