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El relincho del miedo

LA OTRA BATALLA

relincho del miedo portadaSorprendido.

Nada falta en la gigantesca nave de concreto, acero y vidrieras.

Los montrealenses, sin evidenciar prisa o preocupación, recorren los pasillos bordeados de canceles rellenos de mercancías de variado color y volumen.

 Juego geométrico con letras y figuras atractivas.

La estantería metálica es infinita. Los mensajes impresos en francés e inglés intentan conmover y convencer a los voraces visitantes.

—Disculpe señor  —le pido a un empleado de sonrisa congelada—¿Puede echarme una ayudadita?

—Es mi trabajo, a sus órdenes —responde con cortesía.

—Busco un cepillo dental eléctrico, de los que también blanquean los dientes y dan masaje a las encías…

—En el pasillo seis, frente a la sección de cerrajería…

Todo el personal viste camisa, blusa o chaleco rojo y pantalón o falda negra. Observa, vigila, atiende y cobra.

Tienen una sonrisa tatuada en la cara.

Ojos electrónicos por doquier. Cada mercancía presenta un código magnético de seguridad.

La luz artificial le impide descansar a los escarabajos humanos que circulan por los anaqueles.

Día y noche los productos son observados por cámaras y policías privados. La liberación depende de la holgura económica del cliente.

—Señorita, ¿puedo probar la juguera que separa las semillas y no desaprovecha las cáscaras de la fruta?

—Claro, claro —responde la chica-sonrisa de pelo amarillo—. De todos modos si no le satisface la compra, tiene una semana para regresarla y le devolvemos su dinero.

Los aparatos electrodomésticos están impávidos, a la espera de abandonar su obligado encierro:

Refrigeradores, estufas, calefacciones, aires acondicionados, lavadoras y secadoras de ropa, licuadoras, batidoras, televisores, reproductores de video y música, ordenadores…

El maravilloso paraíso de albañiles, pintores de brocha gorda, carpinteros, electricistas, suicidas, ingenieros civiles, expertos en informática, fontaneros, decoradores, jardineros, psicópatas, cerrajeros, cocineros, taxistas, traileros, deportistas, artistas plásticos, amas de casa…

—Las malditas chinches no ceden, señorita —exclamo—. ¿Qué me recomienda?

—Bueno —dice la chica-sonrisas con un cilindro verde en la mano—, este insecticida es japonés y protege la salud de su familia y las mascotas.

—¿Es nuevo?

—Es de la empresa que contrató a Grace Kelly para promoverlo… Como verá, ya tienen experiencia en combatir chinches, moscas, zancudos y cucarachas…

—Convincente, gracias —afirmo y lo echo a la canastilla rodante.

Imposible describir todo lo que resguarda el supermercado.

Durante los 365 días del año conserva el mismo clima veraniego. Los despropósitos de una sociedad de consumo. Y todo depende del subconsciente mancillado por la publicidad subliminal.

Ni los automotores se sienten desvalidos. No importa de dónde provengan.

¿Europa, Asia, Brasil, Estados Unidos?

Tienen garantizada su ración de aceite, líquido de frenos, anticongelante. Lo mismo infinidad de accesorios: neumáticos, parrillas, fanales, refacciones…

La felicidad es plena.

Y aun aguardan su turno de escape el papel sanitario, la pasta dental, los pañales para niños y ancianos, las cajas de cereales…

Una fresa triangular con el maple verde en la cresta sobresale en la fachada del supermercado.

Los niños corren por los pasillos. Las empleadas los premian con globos de colores y paletones.

En la sección de muebles de madera y herramientas, un hombre hercúleo y en overol, arma un armario. Nada falta en su largo banco de carpintero: cepillo eléctrico, berbiquí, pistola eléctrica, brocas, barrenas, escuadras, clavos, tornillos, garlopas, martillos, gubias…

Varios hombres de la tercera edad lo observan con atención. Clientes cautivos, seguramente.

En un área abierta, como especie de terraza, dos empleadas en mandil y con botas negras de hule riegan los atados de flores y plantas de sombra, metidas en maceteros. Cada maceta tiene impreso el nombre y el costo.

Fragancias agradables.

Los compradores —mujeres primordialmente— aprovechan la oferta. No hay desperdicio.

—Me encantan las begonias y los rosales  —opina la dama de los ojos caprinos y piel sin planchar.

—Mejor esos crisantemos amarillos, son hermosos —agrega su acompañante, septuagenario y con peluca de un negro intenso.

—¿Y qué me dicen de las gardenias y los geranios?

—La lavanda, corazón  —opina el anciano de camisa holgada y chanclas playeras—. O los girasoles y esos helechos para la entrada…

Es difícil disimular su emoción.

Montreal vive un nuevo verano. Y el verdor sentó sus reales en la isla.

La demanda de jardineros y albañiles se acrecenta.

¿Y las parrilladas al aire libre de salchichas?

Las famosas torradas o barbacoas…

Los fines de semana, familiares y amigos conviven y en el traspatio de su casa. Beben vino o cerveza fría en su punto boreal.

No faltan en la parrilla las alitas de pollo, chorizos argentinos, chuletas de cerdo o res, cebollas, papas, tomates, camotes…

Y el pan para las hamburguesas, sándwiches y hotdogs…

Estoy por abandonar el local. Me he allegado, además, de un juego de desarmadores y doce rollos de papel sanitario.

Me detengo antes de llegar a la sección de las cajas registradoras.

He olvidado la bolsa de Pedigree para el perro de mis vecinos, muy traqueteados por la edad.

Es un bulldog pinto de veinticinco kilos de peso que durante las madrugadas exige su paseo. De no cumplirle el capricho ladra sin descanso y con la testa golpea las puertas. Debo ir en su ayuda.

Mi manera de caminar conmueve a la cajera. Les demanda comprensión a los clientes que me anteceden. Nadie se opone. Pago antes que ellos.

La esperanza muere al final. Espero que alguien me ayude a descender por el terraplén del estacionamiento. No me entregan aun la silla de ruedas.

Y Canadian Tire, este gran corporativo —por desgracia— no vende prótesis para veteranos de guerra.

VIDEOTECA:

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

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