Categorías
El relincho del miedo

MUÑECA

relincho del miedo portadaEn qué momento la perdí, lo desconozco. Lo cierto es que al regresar del trabajo no estaba en casa.

Ni un grumo de su aliento, ni una prenda suya, ningún eco. Nada. El vacío era tan abismal que podía retener en el pecho mis lágrimas y todo el sufrimiento del mundo.

Nuestro matrimonio duró tres décadas. Viviane Tracqui cumpliría en junio cincuenta y dos años.

Mi Muñeca.

El pastel de tres pisos y los aretes de oro con zafiros fueron arrojados al rio Saint Lawrence, frente al hotel La Vie, donde ocurrió nuestra primera cita.

Tambien decidí no regresar a la oficina y encerrarme en la habitación hasta enloquecer.

Mi única manera de olvidarla.

E intenté aferrarme a la idea.

Y ahora que comparto el departamento con Edwige Benzoni y sobrevivo recogiendo botellas y latas de aluminio en las calles, no es lo mío coleccionar hijos o muñecas.

Viviane me engañó durante mis ausencias. Los finales felices no le son gratos al lector perspicaz.

Tantas cosas oscuras ocurren en la ciudad que le han robado el sueño y los amaneceres al amnésico.

Es el momento de enfrentarme a la verdad.

Frente al espejo compruebo que no existo. Tampoco es posible palpar el féretro de madera labrada, donde he de reposar, antes de escuchar los últimos rezos y lamentos de Edwige o Viviane.

La Muñeca ha huido. No tengo nostalgia por percibir, una vez más, el latido de sus arterias.

Y del otro lado del espejo, igual de confundido y angustiado, el poeta Philippe Duquesne murmura:

À quel moment je l’ai perdu.

Je ne sais pas.

La vérité est que, après le travail, elle n’était pas à la maison.

Pas une note, pas un gage vôtre, aucune d’arômes.

Rien.

Le vide était tellement gros qu’il pourrait contenir la souffrance de tout le monde et mes larmes…*

Edwige es la representación viva de la muerte. La heroína la libera del mundo. En el poco cruce de palabras insiste que solo vino a abonar la tierra para que sus gusanos se alimenten.

La era del nitrógeno, según ella, cumple su ciclo de vida sin exigirle alguna cuota moral.

Viviane, por el contrario, es libre. Ni siquiera el temor de sentirse viva.

Nuestros hijos, sus hijos, estudian y trabajan.

Solo su Dios la ata.

El Dios que perdona la infidelidad.

Desde la boda por lo civil, el calzado del padrastro de mis hijos, tan infeliz como yo, jamás han pisado un bar o centro nocturno.

Es un buey de iglesia.

Y no es fácil ser la compañera de vida de una respetada ministra cristiana.

* En aquel momento la perdí.

No lo sé.

La verdad es que, después del trabajo, ella no estaba en casa.

Ninguna nota, ningún detalle tuyo, ningún aroma.

Nada.

El vacío era tan grande que podría contener todo el sufrimiento del mundo y mis lágrimas.

HEMEROTECA: 5La prisionera – Marcel Proust

Por Everardo Monroy

Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, Veracruz, México. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder, El Difícil Camino del Poder, Tepoztlán: Cuadrónomo Extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto Día del Séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al Gobernador, y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s