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LA CALENTURA DE HERODES

cineAmelia Perret es reiterativa con el tema religioso. Lee y relee la Biblia. Le apasionan los relatos relacionados a las doce principales mujeres aludidas en el mamotreto.

Cada domingo, después de asistir al templo cristiano, me habla por teléfono.

—¿Oraste, Eduardo? —cuestiona.

—Antes de dormir —replico para no discutir.

—Con un Padre nuestro es suficiente…

Corto por lo sano. Después de los sesenta años de edad el temor a la muerte nos obliga a levantar la vista.

Le recuerdo lo de nuestra cena con Guty.

—¿Y ahora cual es la sorpresa? —intenta indagar.

—Encontró en la Gran biblioteca una película de Rita Hayworth…

—Otras vez con sus calenturas de anciano…

—No, no —contengo su retahíla moralizadora—, en esta ocasión representa a un personaje bíblico, precisamente del Nuevo Testamento

—Me imagino, conociéndolo —me responde con ironía—, no dudo que sea Gilda o Sangre y Arena…

—Es Salome

—Te digo… Seguramente habrá alguna escena indecente…

 —No lo creo, el filme es de la década de los cincuenta… Y Guty dijo que te dijera que la consiguió para ti…

—Me imagino lo que quiere mostrarme —repuso—:  Salome en la cama del asesino de Juan el Bautista y con la complacencia de su madre…

Amelia seguramente conocía a detalle esa parte dramática de la historia de Jesús de Nazaret. Tres de los cuatro evangelistas consignaron el crimen: Marcos, Lucas y Mateo.

—Creo que vale la pena confirmarlo —sugerí—. ¿No lo crees, Amelia?

—Ahí estaré… Y espero no equivocarme.

 De acuerdo al Nuevo Testamento, en versión de Cipriano de Valera, Salome fue la directa responsable de la muerte del primo hermano de Jesús.

Juan el bautista cuestionaba, ante sus seguidores, la relación conyugal de Herodes Antipas con su cuñada Herodías.

Y Salome —princesa de Galilea— intuía que su padrastro la deseaba sexualmente.

Durante el cumpleaños del tetrarca, su hijastra lo incita a decapitar al profeta hebreo por llamar prostituta a su madre. La ejecución ocurre en el año 32 de nuestra era.

En torno a este hecho, poetas, novelistas y dramaturgos dieron su propia versión de lo ocurrido.

Y antes de la exhibición de la película, Guty nos propuso debatir sobre Salome. Lo hicimos mientras cenábamos.

Amelia llevó una buena ración de ceviche de camarón para consumirlo con costadas embarradas de mayonesa. Yo aporté el vino blanco y Guty las palomitas.

Amalia reprodujo, Biblia en mano, las tres versiones registradas en el Nuevo Testamento.

De Mateo el evangelista, leyó:

Por aquel mismo tiempo, Herodes, el que gobernaba en Galilea, oyó hablar de Jesús y dijo a los que estaban a su servicio:

—Ése es Juan el Bautista, que ha resucitado. Por eso tiene este poder milagroso.

Es que Herodes había hecho arrestar y encarcelar a Juan. Lo hizo por causa de Herodías, esposa de su hermano Filipo, pues Juan había dicho a Herodes:

—No debes tenerla como tu mujer.

Herodes, que quería matar a Juan, tenía miedo de la gente, porque todos creían que Juan era un profeta. Pero en el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías salió a bailar delante de los invitados, y le gustó tanto a Herodes que le prometió bajo juramento darle cualquier cosa que pidiera. Ella entonces, aconsejada por su madre, dijo a Herodes:

—Dame en un plato la cabeza de Juan el Bautista.

 Esto entristeció al rey Herodes; pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, mandó que se la dieran. Ordenó, pues, cortarle la cabeza a Juan en la cárcel; luego la llevaron en un plato y se la dieron a la muchacha, y ella se la entregó a su madre.

Y la versión de Marcos, el evangelista, poco variaba a la anterior:

Herodías odiaba por eso a Juan, y quería matarlo; pero no podía, porque Herodes le tenía miedo, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Y aunque al oírlo se quedaba sin saber qué hacer, Herodes escuchaba a Juan de buena gana. Pero Herodías vio llegar su oportunidad cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus jefes y comandantes y a las personas importantes de Galilea. La hija de Herodías entró en el lugar del banquete y bailó, y el baile gustó tanto a Herodes y a los que estaban cenando con él, que el rey dijo a la muchacha:

—Pídeme lo que quieras, y te lo daré.

Y le juró una y otra vez que le daría cualquier cosa que pidiera, aunque fuera la mitad del país que él gobernaba. Ella salió, y le preguntó a su madre:

—¿Qué pediré?

Le contestó:

—Pídele la cabeza de Juan el Bautista.

La muchacha entró de prisa donde estaba el rey, y le dijo:

—Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.

El rey se puso muy triste; pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, no quiso negarle lo que le pedía.  Así que mandó en seguida a un soldado con la orden de llevarle la cabeza de Juan. Fue el soldado a la cárcel, le cortó la cabeza a Juan  y se la llevó en un plato. Se la dio a la muchacha, y ella se la entregó a su madre.

Finalmente, Amelia reprodujo el testimonio de Lucas:

El rey Herodes oyó hablar de todo lo que sucedía; y no sabía qué pensar, porque unos decían que Juan había resucitado, otros decían que había aparecido el profeta Elías, y otros decían que era alguno de los antiguos profetas, que había resucitado. Pero Herodes dijo:

Yo mismo mandé que le cortaran la cabeza a Juan. ¿Quién será entonces este, de quien oigo contar tantas cosas?

Y Lucas, sobre el mismo hecho, consignó lo siguiente:

El rey Herodes oyó hablar de todo lo que sucedía; y no sabía qué pensar, porque unos decían que Juan había resucitado, otros decían que había aparecido el profeta Elías, y otros decían que era alguno de los antiguos profetas, que había resucitado. Pero Herodes dijo:

—Yo mismo mandé que le cortaran la cabeza a Juan. ¿Quién será entonces este, de quien oigo contar tantas cosas?

Después de escuchar las tres versiones bíblicas nada desiguales, Amelia dijo:

—Como verán,  según los evangelistas esto es lo que ocurrió y Salome no fue ninguna santa…

Yo intervine antes de que Rudy destapara la segunda botella de vino.

—Oscar Wilde escribió una obra de teatro intitulada Salome.  La presentó en 1892, tres años antes de ser enjuiciado por sodomía y terminar en prisión. Según Wilde, Salome estaba enamorada de Juan el bautista y por despecho le pidió su cabeza a Herodes. El bautista había rechazado los acosos sexuales de la princesa hebrea.

  Y abri el libro que llevaba y leí dos textos  alusivos a Salome: uno acosando al profeta y el otro en el instante que ella demanda su cabeza ante Herodes:

SALOMÉ:

—¡Juan!

JUAN:

—¿Quién habla?

SALOMÉ:

—Juan,  ¡estoy  enamorada  de  tu  cuerpo!  Tu  cuerpo  es  blanco  como  los  lirios  de  un  campo  que  el  segador  nunca  ha  segado.  Tu  cuerpo  es  blanco  como  la  nieve que se deposita sobre las montañas, como la nieve que se deposita sobre las montañas  de  Judea  y  que  cae  en  los  valles.  Las  rosas  del  jardín  de  la  reina  de  Arabia  no  son  tan  blancas  como  tu  cuerpo.  Ni  las  rosas  del  jardín  de  la  reina  de  Arabia,  ni  los  pies  del  amanecer  cuando  se  apoyan  en  las  hojas,  ni  el  pecho  de  la  Luna cuando yace sobre el pecho del mar… Nada hay en el mundo tan blanco como tu cuerpo. Déjame tocar tu cuerpo.

JUAN.:

—¡Atrás! ¡Hija de Babilonia! Por la mujer llegó el mal al mundo. No me hables. No quiero escucharte. Sólo escucho la voz del señor Dios.

Y en relación a la demanda de Salomen de decapitar al primo de Jesús, Wilde escribió que después de bailar la danza de los siete velos a su padrastro, ocurrió lo siguiente:

HERODES:

—¡Ah! ¡Maravilloso! ¡Maravilloso! Tú ves que ella ha bailado para mí, tu hija.  Acércate,  Salomé,  acércate,  para  que  pueda  darte  tu  recompensa.  ¡Ah,  pago  bien a las bailarinas! A ti te pagaré realmente. Te daré lo que sea que desees. ¿Qué quieres tú? Habla.

SALOMÉ  (arrodillándose):

—Quiero  que  me  traigan  en  seguida  en  una  bandeja  de  plata…

HERODES  (riendo):

—¿En  una  bandeja  de  plata?  Por  cierto  que  sí,  en  una  bandeja  de plata. Ella es encantadora, ¿verdad? ¿Qué es lo que deseas en una bandeja de plata,  oh  dulce  y  bella  Salomé,  que  eres  más  bella  que  todas  las  hijas  de  Judea?  ¿Qué quieres que te traigan en una bandeja de plata? Dímelo. Sea lo que fuere, te lo darán. Mis tesoros son tuyos. ¿Qué es, Salomé?

SALOMÉ (incorporándose):

—La cabeza de Juan.

Sin embargo, la película de 1953 echaba abajo las dos versiones anteriores.

Guty confesó que por primera vez  vería una película de romanos, porque su fuerte son los westerns.

—Lo hizo por ti, amiga —le dijo a Amelia.

En la película, dirigida por el alemán estadounidense William Dieterle, la Salome con rostro y cuerpo de Rita Hayworth es reivindicada.  El gringo de sangre rusa,  Harry Kleiner, fue el autor del argumento..

Según esta versión, si Salome bailó para  Herodes fue para pedirle que liberara a Juan el bautista.

La princesa estaba enamorada de un centurión romano, Claudio, seguidor esbozado del profeta antiimperialista. Cuando éste intenta liberarlo, un guardia de Herodes lo decapita, por petición de Herodías.

El filme llega a su fin en los momentos que Jesús predica su sermón de la montaña. Y entre la muchedumbre se encuentran Salome y el romano, sin uniforme. Es representado por el actor Stewart Granger.

La versión de Wilde me parece la más sensata al tocar los extremos de la pasión: la de Salome por El bautista y la de Herodes por su hijastra.

Me vi precisado en respaldar los textos leídos por Amelia. Guty tambien lo hizo. Una discusión por asuntos religiosos podrían distanciarnos.

Y por desgracia casi experimento el mismo sinsabor amoroso, aludido por Wilde, de Salome y el rey Herodes.

VIDEOTECA:

HEMEROTECA: Wilde, Oscar – Salome

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INFANCIA PERDIDA

cineUn Pérez en México es como un Martin en Francia. Martin se pronuncia Martan en francés y además, proviene de Marte. Mi amigo es un marciano y no lo disimula.

Guty afloja la mandíbula.

Su jir-jir-jir-jir se asemeja a una ráfaga de trinos.

Y Amelia tambien festina la ocurrencia.

—La vida, como la piedra, es dura…

En esta ocasión, los cuatro decidimos ir al cine club de la Universidad de Concordia. Durante dos semanas exhibirían películas con el tema de los niños de la calle.

El Limpiabotas de Vittorio de Sica abriría el ciclo. La cinta italiana, filmada el mismo año que llegó a su fin la segunda guerra mundial —1945—, seria premiada, como mejor película extranjera, en Hollywood, un año después de su estreno.

La broma del apellido de Guty era banal. No existía relación alguna entre Pérez y Martin. En realidad Pérez, sin el sufijo ez significa Pedro, Pierre o Piedra, que en latín es Petrus.

Sara prometió alcanzarnos en el bar donde comúnmente acudimos antes de ir al cine.  Y en el instante de pagar la nota de consumo habló por teléfono.

—Discúlpame corazón —dijo con voz apesumbrada— tengo que cuidar a Vicky, está malita…

Guty nos hizo extensiva la noticia.

—Tiene que hacerla de nana con su nieta, como siempre —expresó mi amigo sin dar muestras de malestar.

En Montreal, los viejos con hijos terminan cuidando nietos. Y Sara no sería la excepción.

Ni Amalie y yo cuestionamos el hecho. Lo importante era que la niña tendría amor y cuidados de su abuela.

En una pequeña sala con media butaquería vacía se exhibió la excelente copia del filme neorrealista. Los subtítulos, como en algunas ocasiones ocurre en los cines club de Montreal, fueron en francés. De ser en inglés hubiésemos contado con el apoyo de Amalie.

La historia de los dos niños lustradores —uno huérfano a consecuencia de la guerra— me hizo recordar una novela de Luis Spota —Casi el Paraíso— y la película Los Olvidados de Luis Buñuel.

El Limpiabotas, indiscutiblemente fue la cantera que alimentó el talento de Spota y Buñuel para realizar las dos obras mencionadas.

La Roma devastada por los bombardeos le sirvió de escenario a Cesare Zavattini —el principal guionista del neorrealismo italiano — para presentar el crudo drama de los dos niños de la calle y el asunto de la delincuencia juvenil.

El mensaje es pesimista: ambos seres son condenados  a seguir en el infierno de una sociedad enajenada por la guerra.

El reformatorio de la cinta es un tenebroso refugio con celdas, barrotes y patio. Ahí, dos o tres centenares de niños y adolescentes enfrentan el miedo, el dolor, el frio y el hambre.

Giuseppe y Pasquale —principales personajes de la historia—  son enganchados por una banda de estafadores —entre ellos un hermano de Giuseppe— para vender una manta robada, propiedad del ejército de ocupación estadounidense. Una anciana agiotista fue la compradora.

La muerte de Giuseppe y la reaprehensión de Pasquale, le permitieron  a De Sica cumplir su cometido: evidenciar las consecuencias de una conflagración protagonizada por líderes fascistas y gobiernos colonialistas. Una guerra que costó más de cincuenta millones de vidas. Y en este caso, tambien murieron infantes.

La presencia en El Limpiabotas de gallinas y caballos me permitió recordar escenas similares en Los Olvidados. Y el origen del personaje central de la novela de Spota en Casi el Paraíso. En Nápoles, Ugo Conti vende objetos que les son robados a militares estadounidenses.

Buñuel remató su filme con la muerte y la ejecución de sus dos personajes centrales: El Jaibo y Pedro, un niño sin padre y con una madre negada a brindarle amor y cuidados.

Los Olvidados desató encono y duras críticas entre el clero, la  liga de la decencia y la alta burocracia tras exhibirse durante tres días en una sala marginal de la Ciudad de México —9, 10 y 11 de noviembre de 1950— y fue enlatada a pesar de recibir varios premios internacionales.

Amalie lloró con el desenlace de El Limpiabotas.

Después de setenta y cuatro años de exhibirse por primera vez la película, Amalie nos recordó que millones de niñas y niños enfrentan el mismo calvario. No solo en  naciones pobres, sino en la mayoria de las metrópolis de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Japón, Alemania, España, portugal, Rusia, Corea del Sur…

Su pesadumbre me dio la oportunidad de atraerla a mi hombro y rodearle la cintura con un brazo.

Guty hizo un guiño para que le susurrara algo al oído.

Y obedecí.

—Tranquila, amiga —dije en tono fraterno—. Esto amerita cenar una pasta napolitana con un vinito tinto…

—Te la acepto —respondió Amalie, la dolorosa, aun con la frente reclinada en mi hombro.

HEMEROTECA: pro1mar20  

Casi el paraiso – Luis Spota

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LA SOLEDAD DEL GUERRERO

cineUn juguetito nuevo.

No es poca cosa. Se trata de una caja plástica del tamaño de un tomo de la enciclopedia Larousse.

—Es un proyector —dijo Sara Marmolejo, la novia de Guty—, me lo regaló mi hija…

—Setenta dólares vale y es una chingonería —complementó Guty antes de trasponer la puerta de mi departamento.

Mi ánimo no estaba como para hornear bollos. La falta de sueño es algo recurrente y altera mi estado de ánimo.

El ver a Amelia Perret tras las espaldas de Sara venció cualquier resistencia.

Nada tenía qué avergonzarme de mi departamento.

Por simple rutina, después de abandonar la cama de inmediato pongo orden la habitación.  Y remato la tarea, aspiradora en mano.

Todo impoluto, bien cuadrado.

Los viejos tenemos fama de apestosos y desordenados.

Y en Montreal esa fama es ascendente. Miles de ancianos, de ambos géneros, son víctimas del síndrome de Diógenes.

Precisamente hace tres semanas, por ese problema cognoscitivo, uno de los vecinos de setenta  años tuvo que ser internado en un hospital psiquiátrico.

Los bomberos y el conserje intervinieron para sanear el departamento.

Todas las habitaciones eran auténticos vertederos de basura. Por el hedor a podrido se pudo constatar que algo irregular ocurría.

En mi departamento evitaba desatenderme de la limpieza y el orden. Por ejemplo, ningún trasto quedaba sucio antes de meterme al lecho.

El mismo cuidado observaba con los desechos orgánicos o la basura inorgánica. Puntual los metía en sus contenedores para ser llevados por el camión recolector del ayuntamiento.

Amelia no ocultó su asombro:

—Da miedo vivir con una persona como usted —dijo al momento de entregarme una olla de peltre cargada de tamales verdes y carne de cerdo.

—Ha caray ¿y por qué, hermosa dama? —cuestioné.

—El ser demasiado limpio y ordenado no es bueno para la salud…

Guty Pérez entró al quite.

—Mi cuate siempre ha sido muy pulcro, por un asunto de salud mental…

Sara lo secundó:

—Es mejor así, Amelia. Recuerda que en Montreal se padece de plagas de chinches y cucarachas… Es algo horrible…

—Y de piojos —complementé.

El propósito de la visita vespertina era para ver una película japonesa, ambientada tres años antes de iniciarse el periodo Edo o la consolidación del shogunato Tokugawa.

En lo personal, gracias a las novelas de Eiji Yoshikawa (1892-1962) me adentré al entorno cultural del Japón de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Y en esta ocasión, Guty traía una película basada en un libro de aventuras de Yoshikawa: Miyamoto Musashi.

Hiroshi Inagaki fue quien dirigió la película Samurái: Musashi Miyamoto. Así la intitularon en el mercado hispanoparlante y en 1955 obtuvo el Oscar como mejor película extranjera.

Inagaki filmó tres películas relacionadas a la biografía del legendario samurái. Las tres protagonizadas por el actor Toshiro Mifune. Esto sucedió en los años 1954, 1955 y 1956.

Para Guty, Sara y Amelia, el asunto de la película y su entorno histórico pasaba a segundo término.

Mi amigo quería presumir su nueva adquisición de setenta y ocho dólares canadienses: el mini protector portátil QKK AK-80.

En México vi parte de la obra cinematográfica sobre samuráis de Inagaki y Akira Kurosawa. En la Cineteca nacional de la Ciudad de México y en la casa de amigos con proyectores de 16 milímetros.

La ración de cerveza y el vino correría de mi parte.

En compañía de Amelia me trasladé a una licorería cercana. Guty y Sara se encargarían de mover cuadros y muebles, si así era conveniente, e instalar el proyector frente a una pared blanca.

Las tres películas sobre  la vida de  Miyamoto Musashi fueron cargadas en una USB del tamaño de mi dedo pulgar. De un GB cada una, en color y Alta Resolución.

Amelia, además de los tamales, compró una bolsa de maíz palomero.

Y exactamente a las siete de la noche, todos atrincherados en la alfombra con cerveza, vino, tamales y palomitas, Miyamoto Musashi cobró vida en el rudo cuerpo de Mifune.

No era la primera versión fílmica relacionada al mítico personaje, autor del Go Rin No Sho o Libro de los cinco anillos. En 1944, Kenji Mizoguchi la dirigió y Chôjûrô Kawarasaki hizo el papel del guerrero samurái.

El libro de los cinco anillos es un tratado sobre la guerra, los duelos con katana, la vida, la muerte y el espíritu no violento del guerrero.

La película Samurái: Musashi Miyamoto visibiliza a la mujer sometida por la autoridad del hombre rustico y de la realeza. Y además toca asuntos de la amistad, la traición, la pobreza, la injusticia y la ignorancia.

Musashi, de acuerdo a la óptica de sus biógrafos, se educó con el duro y cruel ejercicio de la guerra y la supervivencia. Su habilidad con la katana le permitió trascender y crear un código de vida basado en la disciplina, el respeto a la autoridad —en este caso al shogunato— y el orden.

El sino de Musashi tuvo un hecho y  una fecha de partida: la sangrienta batalla de Sekigahara del 21 de octubre de 1600, fecha llamada el Keichō 5: decimoquinto día del noveno mes del antiguo calendario japonés.

La calidad de la proyección fue agradable.

Y nos dejó un buen sabor de boca.

Para fortuna mia, Amelia no intentó imbuirnos de su sapiencia religiosa, como en otras ocasiones.

En esta ocasión, su sagrado libro —la Biblia— reposó en el buró de su recámara.

Yo algo emocionado aguardaba el momento de ser su invitado a una nueva sesión de conocimientos relacionados al Nuevo testamento. Un bello pretexto para permanecer a su lado e intentar convencerla de mis buenos propósitos de vida.

Por lo pronto, Sara fue quien le propuso a Amelia exhibir la segunda película sobre Musashi en su departamento.

Nuestra inteligente y solitaria amiga aceptó, bajo el compromiso de beber vino y no cerveza durante el encuentro.

Y pensé: con un poco de suerte me verá con otros ojos, menos hostiles y desconfiados.

¿Si Maquiavelo creía en el factor suerte para conquistar el poder político, porque yo no haría lo propio con el corazón de Amelia?

HEMEROTECA: pro23feb20

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CINCO MINUTOS, CINCO Y NO MÁS…

cineEn mayo de 1983 conviví un par de horas con la actriz Katy Jurado.

Yo, en mi papel de periodista. Ella, como Comisionada de la Promoción Cinematográfica del estado de Morelos.

Hablamos de su paso por el cine y la soledad.

Y hoy, viernes —a ocho mil kilómetros de nuestro primer y único encuentro— tuve el privilegio de recordarla, tan vital y melancólica como en Cuernavaca.

Nuestro reencuentro en Montreal fue fortuito.

Ismael Posadas, el mesero del bar Les moments joyeux, resultó ser tepozteco e intérprete de las rolas de Luis Eduardo Aute.

Y precisamente, en el instante que Guty, Lisandra y yo ocupábamos una mesa cercana a la pista de baile, Ismael, guitarra en mano, interpretó una de las composiciones del filipino-español: Cinco minutos.

Katy Jurado y Luis Eduardo AuteKaty Jurado inspiró a Aute, después de una velada en Tepoztlán. En 1981 había muerto en un accidente automovilístico su hijo Victor Hugo y aun guardaba luto.

Desde esa perdida, la actriz vestía de negro con un crucifijo al cuello.

Aute intentó persuadirla para que descansara esa noche en Tepoztlán. No era el principal anfitrión de la casa, pero los dueños e invitados, de ascendencia española, admiraban su trabajo frente a las cámaras de cine.

Luis Buñuel, coterráneo del compositor, la contrató para protagonizar uno de sus filmes en México: El Bruto.

En mi encuentro con la actriz, entonces de 59 años, se sinceró al revelarme que nunca tuvo empatía con Buñuel.

En realidad, Katy Jurado adversaba el ateísmo del director, su rechazo al clero católico.

—Nunca entendí la película, le seré sincera —me dijo en su casona de Cuernavaca.

—Es una película de denuncia social, disfrazada de melodrama —señalé.

—La política no es mi fuerte, menos tratándose de Buñuel.

—¿Y cuál es el criterio de Buñuel en torno a esa historia de injusticias y engaños?

—Dígamelo usted —reviró la actriz entrecerrando sus enormes ojos de circe.

El jardín donde nos encontrábamos estaba rodeado de una tapia cubierta de buganvilias.

Katy Jurado, impoluta de pies a cabeza, despedía una fragancia de almizcle, muy penetrante.

—Buñuel y Luis Alcoriza tocan el tema de los desahucios, la corrupción inmobiliaria, el abuso de un arrendatario a los inquilinos de una vecindad…

La actriz me interrumpió:

—Yo solo me di cuenta que la esposa engañaba a su marido, ya viejo, con un pobretón musculoso, precisamente El Bruto.

El Bruto era un lumpen —precisé— creado por el viejo arrendatario, que le servía de esquirol…

—Buñuel simpatizaba con los socialistas y tengo entendido que está muy enfermo… —y me cuestionó—: ¿Usted simpatiza con los socialistas?

—Creo en la solidaridad humana, señora Jurado…

—Siga la senda de Cristo, periodista…

Buñuel murió en el mes de julio de 1983 y Katy Jurado, en julio de 2002. Ella el 5, en viernes y a los 78 años y él, el 29, en viernes tambien y con 83 años a cuestas.

Su trabajadora doméstica nunca permitió que mi vaso careciera de vino blanco. Katy Jurado, durante la entrevista, únicamente bebió jugo de naranja.

La actriz, de origen jalisciense, era afín a la cerveza y al tequila, según me confió uno de los asistentes en la velada tepozteca.

Aute, en su canción Cinco minutos, deja entrever que durante la noche tomaron tequila y hubo lágrimas.

En las fotografías que registraron la bohemia, se observa a una Katy Jurado aun devastada por la muerte de su hijo de 31 años.

—Nosotros solo venimos a pagar con lágrimas alguna manda, ¿no cree usted? —preguntó la actriz de labios carnosos muy rojos.

—Usted, en mi caso, me ha alegrado la vida, señora Jurado…

—¿Acláreme el por qué, periodista?

—He visto la mayoría de películas en las que usted protagonizó, son muy dignas…

—¿De Femme fatale? ¿De malvada y mancornadora?

—De madre y guerrera digna… —puntualicé y lo dije con verdad—. En Hollywood defendió con dignidad a la mujer latina…

—Y pagué las consecuencias… —dijo con evidente melancolía—. Míreme aquí, sola y obesa, abrumada por la tristeza…

Quise entender que se refería a sus dos fracasos matrimoniales. Su primer marido, Víctor Velázquez, le doblaba la edad y fue el padre de sus dos hijos, hombre y mujer. Golpes y humillaciones provocaron la ruptura.

Victor Velázquez dejó en manos de la actriz toda la responsabilidad de alimentar y educar a sus hijos.

En su segundo matrimonio sufrió vejaciones y violencia física. El actor estadounidense  Ernest Borgnine llegó al extremo de fracturarle un brazo y casi ahorcarla con sus propias manos. Todo por celos y alcohol.

El terror que le guardaba a Borgnine provocó que durante cuatro años —1961 a 1965— dejara de hacer cine en Hollywood.

En Off record me allegué de algunas anécdotas escalofriantes del comportamiento de Borgnine con ella.

En Génova, Italia sufrió una golpiza de parte de su marido en vía pública y ante periodistas y peatones.

En 1961, Katy Jurado asistió a una ceremonia de entrega de premios por parte del Sindicato Nacional Italiano de Periodistas de Cine  por la película Barrabas, filmada en Roma y Roccastrada.

La actriz, después de un largo suspiro, exclamó:

—Son cosas dolorosas que uno debe olvidar, superar, pero dejan su marca… Imposible borrarlas…

Aun cala su expresión de desaliento.

Inexplicable situación vivida por una mujer nominada en Hollywood a un Oscar por su papel de india y esposa de un rico ganadero en la película Flecha rota. Ocurrió en 1954.   Y una mujer que actuó en 39 películas mexicanas y 26 en el extranjero, 23 de estas en Estados Unidos.

En la pista —y metido de lleno en la melodía de Aute—, sin proponérselo, Ismael me ha permitido recuperar aquel encuentro con Katy Jurado o María Cristina Jurado García, en mi papel de reportero.

Y nos dijiste: Permítanme,

voy a quedarme cinco minutos,

cinco minutos, los que me quedan,

y olvido el luto,

cinco minutos,

cinco y no más…

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BAJO EL SOPOR DEL AGUARDIENTE

cineimagesMi único contacto con Aguascalientes es Manríquez, el portero del hotel Bilbao.

Es un hombretón de largos brazos, de orangután, y piernas cortas. Tiene el hueso frontal muy salido, como alero de cochera, y los ojos sumidos, en penumbras. Un pelo crespo, rojizo, le cubre su tosco rostro de nariz ancha y chata.

Ni el uniforme azul magenta y las botas negras, de militar prusiano, le dan prestancia. Es vulgar y atrabancado.

El hotel es un refugio de inmigrantes solicitantes de refugio político. Fue construido en los suburbios de Montreal.

Manríquez tiene la encomienda de evitar el ingreso de prostitutas o prostitutos. Su paga la recibe de una fundación caritativa: Le rocher de l’espoir.

Una vez por semana, el hidrocálido visita a su amante en el edificio donde habito.

Guty Pérez fue quien lo presentó.

Nuestro encuentro fue en el departamento 3, ocupado por Felisa Vivanco y su hija Esperanza. Por cierto, muy semejantes de porte y rasgos: anchas de cadera, pechos voluminosos, tez bronceada y cabello lacio y negro.

Felisa algo ajada del rostro y de cejas muy marcadas por un lápiz especial. Esperanza, de apenas diecisiete años, es de piel lozana y natural, sin retoques. El pelo es pajizo, por el tinte, y corto, apenas le llega a los hombros.

—Los tres somos de Calvillo  —me dijo Manríquez—, un pueblo colonial, muy pintoresco, donde Hollywood filmó buenas películas…

Manríquez es trece años mayor que yo.

Y no representa la edad que dice tener: setenta y ocho años.

No esconde sus raíces huicholes. Ni una cana o arruga aparecen en su testa de toro.

—Platícale aquí al amigo sobre la película donde trabajaste —pidió Guty.

El pozole de lengua de res con bastante chile piquín y el aguardiente empujaban el habla con mayor soltura. Manríquez, por su encomienda en el hotel, era prudente.

Nada de andar de lenguasuelta.

No hice el intento de ahondar sobre el asunto.

Solo recordé que en los años sesenta y setenta, algunas entidades de México —como Durango, Sonora, Guerrero, Coahuila y Aguascalientes—, atrajeron a productores y directores de cine.

Por ejemplo, La pandilla salvaje, de Sam Peckinpah fue filmada en Durango y Coahuila.

En Torreón y Parras, sus principales actores — Robert Ryan, William Holden, Edmond O´Brien, Ernest Borgnine y Emilio Indio Fernández— y el propio Peckinpah protagonizaban escandalosas borracheras en el hotel donde se hospedaban.

Manríquez rompió su silencio, al escuchar el nombre del Indio Fernández.

—Por el Indio Fernández, en Calvillo conocimos a Rock Hudson y Kirk Douglas. Mi padre conservaba algunas fotos de cuando filmaron en nuestra comunidad la película El último atardecer…

—Usted era aún un niño… —dije para alentar el dialogo.

—Ni lo crea —respondió con orgullo—, ya entonces tenía dieciocho años y un hijo de pecho…

El asunto de la película fue el detonante propicio para continuar con la charla. Y no paramos de achicar la botella de a litro con la figura del general Emiliano Zapata en la etiqueta.

Ya habrá lugar para escarbar un poco sobre el pasado de Manríquez o de Felisa y Esperanza.

Guty, como buen cinéfilo, tambien se entusiasmó con el relato de nuestro anfitrión.

—Los hombres de Calvillo fuimos contratados como extras y jornaleros. Solo exigían cierta talla y habilidades para montar caballo y arrear ganado. Tres tipos, con acento pocho, nos daban las indicaciones. Durante un mes o mes y medio construimos varias cabañas de adobe y paja, un acueducto de seis arcos y cavamos un gran agujero para rellenarlo con polvo de olote, agua y pintura color tabique. Ahí se filmó la escena donde Hudson y su caballo empiezan a sumergirse en arenas movedizas.

—Es verdad —asienta Guty—, y es Kirk Douglas quien lo salva…

La película trasciende, no por la historia o los actores y actrices:     Dorothy Malone, Carol Lynley Rock Hudson, Kirk Douglas y Joseph Cotten. Ni siquiera por el director, Robert Aldrich.

Destaca por Dalton Trumbo, el guionista.

Un año antes de filmarse El último atardecer, en 1960, Douglas lo había sacado del anonimato, después de salir de prisión por haber militado cinco años en el Partido Comunista.

El Comité de Actividades Antiestadounidenses les ordenó a los productores de cine en Hollywood no darle empleo  a Trumbo. El escritor y guionista vendía su trabajo bajo el amparo de un pseudónimo.

Douglas le puso fin a esa injusta persecución. Lo contrató para escribir el guion de Espartaco, basado en la novela homónima de Howard Fast.

El sindicato de guionista lo nominó para un premio que no obtuvo. La película ganó cuatro de seis oscares.

El último atardecer destacó el nombre de Trumbo como guionista. La historia, escenificada en el viejo oeste estadounidense, se centró en cinco personajes: un matón (Douglas), un sheriff (Hudson), el propietario de un rancho ganadero (Cotten)  y dos mujeres, madre (Malone) e hija (Lynley).

Manríquez, su padre y dos de sus hermanos tuvieron una corta intervención en el filme. Representaron a cuatro comanches montados a caballo. Hudson los guiaba para apoderarse de varias cabezas de ganado.

Les sorprendió ver bailar y cantar Cucurrucucu Paloma a Douglas. Tres actores mexicanos, vestidos de manta y sombrero,  lo acompañaron con sus voces y una guitarra.

  El guion intentó escandalizar con una escena de incesto —Douglas besando en los labios a Lynley, sin saber que es su hija—, pero redime con la muerte al responsable.

—En las fotos que aún se conservan en ni casa de Calvillo  —nos reveló Manríquez—, mi padre tuvo el cuidado de fecharlas. Y no se me olvida el mes y año: mayo de 1960.

HEMEROTECA: pro8feb20

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LA LLUVIA DEL TREINTA Y DOS

cineMe preocupa. Hablo solo, o eso creo.

Honey está tan solo como yo. Por segundos pienso que me escucha. Sus desplazamientos se aceleran al acercarme a la pecera.

Tiene seis años a mi lado. Guty Pérez me lo regaló. Su nieta Chelius enfermó de asma y su madre tuvo que mudarse de Canadá.

—Te pasas mucho tiempo en tu cueva —me dijo Guty—, y tal vez este bicho te distraiga. Es un pez payaso y mi nieta lo bautizó con el nombre de Honey. Yo, en verdad amigo, apenas tengo tiempo para mí. Tú sabes que el trabajo es duro en el supermercado…

La compañía Disney es responsable de esta tragedia. Millones de mascotas parlanchinas, en sus películas, terminan muertas, maltratadas o enclaustradas.

Los peces payaso no fueron la excepción.

Desde la exhibición de la película de dibujos animados Buscando a Nemo —en el año de 2003—, el animal acuático se convirtió en un gran negocio de pescadores y propietarios de tiendas de peces.

—Pobre pez —lamenté la situación de aquel ser bicolor, tan pequeño y solitario, como yo—. Déjamelo… No te preocupes…

 Y sin darme cuenta, Honey pasó a ser parte importante de mi vida.

Me veía como una especie de Gepetto, el anciano ebanista inventado por Carlo Collodi.

Gepetto, no solo crió y educó a Pinocho, sino, de acuerdo a la película de Disney, tambien alimentó a un gato, Fígaro, y a una pez dorado, Cleo.

 Mientras hago los deberes domésticos hablo en voz alta pensando que Honey me escucha.

Hace dos meses compré un acuario. Tuve que acondicionarlo, por recomendación de la empleada de una tienda de peces. Todo un embrollo. Honey depende de un filtro para eliminar el cloro, un inyector de aire que oxigena el agua, corales y plantas acuáticas de ornato.

En fin, es parte de la responsabilidad asumida.

Me mueve el saber que hay un ser vivo en el departamento. Honey y sus escamas naranjas y negras impiden que la penumbra me trague.

El simpático pez es un aliento.

Todo lo anterior es parte de la confesión que le suelto a Guty. En quince minutos tendremos que abandonar el bar.

Mi amigo se enjaretó un vaso de ron con cocacola, hielo y limón. Yo, solo una taza de té verde.

En esta ocasión veríamos una película hollywoodense, filmada en 1932: Rain.

En francés, Pluie.

Lluvia, en castellano.

Guty me convenció de acompañarlo al cine club tras asegurar que se trataba de una película censurada después del estreno. Organizaciones cristianas, funcionarios públicos y legisladores presionaron para quitarla de cartelera.

Únicamente pudo ser exhibida un fin de semana.

Su director, Lewis Milestone, de origen moldavo, en 1928 y 1930 obtuvo la estatuilla del Oscar como mejor director. Incluso, en el mismo año que filmaba Rain, 1931, fue nominado por la misma categoría por su película The Front Page.

Y no me desilusionó.

La cinta, en blanco y negro y con subtítulos en francés, tuvo una duración de una hora treinta minutos. El argumento se basó en una novela corta de Somerset Maugham. La publicó en 1921, bajo el título de Miss Sadie Thompson.

Y Maugham tambien hizo una adaptación para el teatro,  en 1922. De ahí saltó a las salas cinematográficas al adquirir los derechos la United Artists.

La película, en tono dramático, ironiza con el asunto religioso. Me imagino que en la década de los treinta del siglo XX, la sociedad estadounidense vivía sus peores momentos.

La estrepitosa devaluación de 1929 provocó el cierre de miles de empresas y sus consecuentes efectos: desempleo, hambre y violencia.

Estados Unidos se llenó de predicadores que anunciaban el fin del mundo.

En Rain una prostituta es acosada por un predicador cristiano.

Al enfermar un marino de cólera, los pasajeros de un barco deben permanecer dos semanas en el puerto de una isla de la Samoa americana del océano Pacifico: Pago-Pago.

 Joan Crawford es la protagonista. Lo mismo que Walter Huston, el padre del futuro y aclamado director de cine, John Huston.

Bajo un paradisiaco lugar, poblado por nativos kanakas, el escritor presenta el drama que enfrenta Sadie Thompson (la meretriz) ante un Alfred Davidson (el ministro de iglesia), fundamentalista y autoritario.

Los otros personajes —marineros, oficiales, la esposa del predicador, el gobernador de la isla, el propietario de la posada y un matrimonio estadounidense— toman partido en el enfrentamiento entre el santo y la pecadora.

Davidson, bajo amenazas y con ayuda del gobernador, logra convencer a Sadie para que abandone la isla y retorne a San Francisco.

La prostituta cede. Le pide al predicador que reconsidere su decisión. No puede regresar a San Francisco. De hacerlo será encarcelada. La buscan por un delito que no cometió. Y podría pasar tres años en prisión.

El predicador es implacable. El pasado pecaminoso de Sadie será redimido al ser encarcelada. Sea o no culpable.

La mujer es presa de una aparente transformación. Deja el maquillaje, el lápiz labial y la música. Cubre su cuerpo con ropas oscuras. Lee la Biblia y ora a la par que Davidson.

Sadie está consciente que su viaje a San Francisco le permitirá acercarse a Dios.

En el punto culminante de la historia hay un giro inesperado.

Una noche antes de ser deportada, Davidson visita a su nueva feligrés en su habitación.

Lo ocurrido en la intimidad provoca que el predicador abandone el hostal y se suicide.

En la playa se degolla con una navaja de afeitar.

 Los nativos encuentran su cadáver.

En la escena final, Sadie nuevamente en su papel de prostituta y del brazo de un sargento de la marina.

Y pone en evidencia lo inocultable: intimidó sexualmente con el predicador.

—Valió la pena —le dije a Guty al encenderse las luces de la sala cinematográfico.

Fregona, amigo… —asentó Guty—, ahora en chinga hay que leer el libro de Maugham.

Y lo leí.

Pude conseguirlo en la Gran Biblioteca.

Honey tuvo el privilegio de enterarse de su contenido. Lo leí en voz alta. El acuario se encuentra al lado de la cama.

En el libro, de cuarenta y cuatro páginas, un huésped aborda a Sadie Thompson: el doctor Macphail.

Por respeto al muerto le pide que apague el gramófono que está a todo volumen.

Ella le responde en tono lapidario:

—¡Los hombres! ¡Cerdos asquerosos! Todos sois iguales, todos vosotros. ¡Cerdos, unos cerdos!

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UN ZORRO TEPOZTECO

cineUn alemán-chileno-mexicano filmó el primer largometraje del Zorro en México. Lo realizó en una pequeña comunidad de Morelos: Tepoztlán.

José Bohr llegó al pueblo con su pesado equipo de filmación, adquirido en Estados Unidos.

Lo acompañaba una veintena de actrices, actores, iluminadores, el guionista y un camarógrafo.

Bohr tenía 36 años y hablaba un castellano con fuerte acento germano.

—Mira, aquí vamos a trabajar —le dijo a Aurora Walker, una de las actrices del reparto.

Tepoztlán no tenía carretera, solo una brecha que conectaba con Cuernavaca.

Una semana antes,  Bohr y su guionista Xavier Dávila, recorrieron el lugar.

Y después  de valorar el propósito de su estadía, ambos coincidieron que habían encontrado el lugar ideal para realizar la película.

Los escenarios naturales de Tepoztlán les permitirían contar  una historia de amor y de aventuras: las peripecias de un bandolero generoso, enmascarado, hábil con la espada y el látigo y enamorado de una maestra rural.

En 1925, Bohr  había visto en una sala de cine de Nueva York la película La Marca del Zorro.

Y quedó prendado de la historia, basada en una novela de Johnston McCulley: La Maldición de Caspristano.

El hacendado de California y aparente timorato, Diego de la Vega, fue personificado en el filme por Douglas Fairbanks.

Tan lo marcó la película que José Bohr quiso ser el alter ego de Fairbanks.

En su película El Látigo, los asistentes a las salas de cine, escucharían la voz del espadachín, su amada y adversarios.

Para el largometraje contrató a los hermanos Domingo y Julián Soler.

Y la atractiva maestra rural seria protagonizada por la guapa actriz Elena d’Orgaz.

En Estados Unidos, Bohr dirigió la película El Gran Chofer.  Y de paso, actuó en siete, sin obtener el reconocimiento deseado.

Lo mismo le ocurrió en Chile, donde produjo y dirigió cinco largometrajes con poca audiencia.

En México, el presidente de la república,  el general Lázaro Cárdenas del Rio, impulsó la industria cinematográfica. El gran alcance social de las películas abonó su interés.

Su gobierno no solo produciría cine de evasión, a la manera hollywoodense, sino con contenido nacionalista y revolucionario.

Bohr lo único que anhelaba era hacer cine sin contenido político, solo de esparcimiento, como ocurría en los Estados Unidos.

En 1946, Aurora Walker le comentó al pintor y muralista Diego Rivera que la película El Látigo se filmó en dos semanas.

Su anécdota llegó a oídos de la cantante Chavela Vargas, con casa en Tepoztlán.

Durante el rodaje, los actores y técnicos se hospedaron en una casona de la avenida Revolución, frente al Palacio Municipal.

Y el equipo para la filmación fue transportado de la Ciudad de México a San Juan Tlacotenco en ferrocarril. De ahí lo bajaron en burros y mulas a la cabecera municipal.

En 1939, se estrenó la película en el teatro Latino, ubicado en Paseo de Reforma.

Y fue un fracaso de taquilla.

Los periódicos de la época criticaron el acento y la sobreactuación de Bohr.

E hicieron escarnio del desenlace de la historia: el casar a El Zorro con la maestra rural y enterarse, por boca del sacerdote, que su padre biológico era el jefe de la policía.

Antes de filmar El Látigo, Bohr tenía en su haber ocho cintas, realizadas en México.

En algunas exploró la presencia de la mafia y el tráfico y consumo de drogas.  Marihuana, El Monstruo Verde, fue una de ella.

La exhibió en 1936.

Un año antes, dirigió El manos sangrientas o Luponini. La película abordaba la historia de un capo de Chicago.

Una copia de El Látigo aún es posible encontrarla en la filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En el año 2006  fue exhibida en el auditorio Ihuicalli de Tepoztlán (Morelos).

el latigo

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Cine del pueblo

SUCEDIÓ EN TEPOZ…

cineLos siete pistoleros gringos estuvieron en Tepoztlán.

Y probaron el mole y los frijoles negros.

Los lugareños siguieron de cerca sus peripecias: en Santo Domingo Ocotitlan, Amatlán, Santiago Tepetlapa y la cabecera municipal.

El billar —único en el pueblo— fue remodelado.

Los gringos regalaron huaraches, sombreros de palma y ropa de manta sin tintura.

John Sturges festejó sus 49 años de existencia. Los lugareños cuentan que, en ese día asoleado, el alcalde Adolfo Palacios García lo emborrachó con ponches de naranja agria y leche.

La película, Los Siete Magníficos, se filmó de febrero a mayo de 1959.

En Estados Unidos se estrenó con gran gala el 23 de octubre de 1960.

Tres millones de dólares invirtieron en su producción.

En ningún momento impusieron su ascendencia mediática los actores Steve McQueen, Charles Bronson, James Coburn, Horst Buchholz, Robert Vaughn, Eli Wallach y Brad Dexter.

Todos  bajo el liderazgo de Yul Brynner.

Por el contrario, de inmediato se integraron a la vida cotidiana de los tepoztecos.

Los mexicanos Rosenda Monteros, Enrique Lucero y  Jorge Martínez de Hoyos —protagonistas en el filme— fungieron como intérpretes y guías de los siete pistoleros gringos.

Y advertían cuando algún pícaro tepozteco, en plan de broma, intentaba inducirlos a masticar chile o beber en demasía mezcal oaxaqueño.

—Muy temprano nos llevaban a una llanura, cercana a Yautepec y rodeada de caña de azúcar. Ahí nos hacían correr y disparar balas de salva —contaba en 1988, un integrante de la familia García.

Tepoztlán estuvo bajo el constante asedio de un rufián apodado Calvera. Era jefe de una banda de salteadores, encarnado por Eli Wallach, un actor neoyorkino, del barrio de Brooklyn.

El actor, seis años después, protagonizaría la cinta italiana El Bueno, el Malo y el Feo, dirigida por Sergio Leone, padre del spaghetti western.

Eli, de 35 años,  arribó a Tepoztlán con el aura de haber trabajado con los laureados directores hollywoodenses Elia Kazan, Don Siegel y Henry Hathaway.

En un receso de Los Siete Magníficos firmó el contrato para actuar en el filme Vidas Rebeldes o Los Inadaptados que dirigiría John Huston.

En esa producción, sus compañeros de reparto serian Marilyn Monroe, Montgomery Clift y Clark Gable.

La historia fue escrita por el dramaturgo Arthur Miller, esposo de Marilyn Monroe.

El gobernador de Morelos, Norberto López Avelar visitó Tepoztlán e invitó a los actores y director a una cena de gala en el Palacio de Gobierno. En un autobús fueron transportados a Cuernavaca.

Sturges le explicó a López Avelar que también filmaría en Durango y los Estudios Churubusco de la Ciudad de México.

La historia era un refrito de la película japonesa Los siete Samuráis, escrita y dirigida por Akira Kurosawa.

En su versión, estaría ambientada en el México prerrevolucionario.

Y Sturges hizo una apretada síntesis de lo que filmaba:

Una comunidad rural se ve asediada por una gavilla que roba sus cosechas de maíz y frijol. Los lugareños, muy pobres, contratan a siete solitarios pistoleros, bajo el mando del pelón Yul Brynner. Tras dejar su cuota de sangre —tres de los siete matones sobreviven—, los campesinos aprenden a usar las armas de fuego para defenderse. De  esa manera, organizados y sin ayuda de matones profesionales, enfrentaran a los futuros gavilleros.

El tema musical de la película fue compuesto por Elmer Bernstein. Un acierto. Le dio realce al filme.

La cinta de Los siete magníficos recibió, en 1960, una nominación en la entrega de los oscares por la mejor banda sonora.

El intro tambien fue utilizado en la teleserie Bonanza y en una película de El Llanero Solitario.

De todos los actores, el más borracho resultó ser James Coburn, pese a ser un experto en artes marciales.

(Para ver la pelicula, debe abrir su cuenta gratuita en ok.ru)

VIDEOTECA: https://ok.ru/video/1427171511016

 

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HERMOSILLO

cineOtoño de 1976

El hombre de anteojos bifocales y barba rectangular, algo crespa, de pie aguardaba su turno para ser presentado.

Los cinco brigadistas hacíamos lo propio en el pasillo y acuclillados en la baldosa. En breve se proyectaría una película de 16 milímetros.

Nuestro coordinador, Archi Garza, era el responsable de hacer la presentación.

En el Instituto Nacional de Capacitación Agraria, el INCA, nos permitían cierta autonomía de acción.

Archi, dos veces al mes, recurría al cine para enriquecer nuestra visión de servicio.

La Barca estaba sumida en una perenne tranquilidad. La noche otoñal no era distinta a otras. Salvo que, en mi caso, me provocaba constantes estornudos.

—Jaime Humberto Hermosillo vino desde Guadalajara para conocer nuestro trabajo y hablar un poco de su oficio  —nos explicó Archi—. Es cineasta y un hombre generoso, comprometido con la libre expresión y el cine de denuncia.

Jaime Humberto avanzó un par de pasos. Vestía camisa de manga corta, suéter guinda atado a la cintura y pantalón vaquero, ajustado.

Las botas de minero, manchadas de lodo, evidenciaban una reciente incursión a las parcelas experimentales de sorgo.

—Mi propósito es exhibirles dos películas  —dijo con acento pedagógico, de educador de escuela primaria—. Una es de mi autoría. La que ahorita veremos es de un director estadounidense, Sam Peckinpah. Straw Dogs o Perros de Paja se titula… Al final, si así lo consideran, podemos debatir o intercambiar opiniones.

El cineasta, de 34 años, tenía en su haber cuatro cortometrajes y cinco largometrajes. La pasión según Berenice, seria proyectada en la noche siguiente, después de la cena.

Jaime Humberto y Archi, el melenudo coordinador, se insertaron al grupo. Valeria, la compañera sentimental de Archi, fue la responsable de maniobrar el proyector.

En hora quince minutos se exhibió la película sobre un muro encalado.

La historia me impactó por su crudeza.

Un matemático gringo mata a cinco malandros ingleses en defensa de la propiedad privada. A uno le machaca la cabeza con un palo de golf.

O son crímenes perpetrados para evitar el linchamiento de un hombre con mente de niño que involuntariamente ahorcó a una chica de la comunidad.

David, el matemático no mata por defender la honra o violación de su esposa que previamente le fue infiel.

Es el comburente para desatar su ira.

Enrique, Roberto, Benny, Alberto y yo, al término de la exhibición, participamos en el debate. Archi y Valeria no intervinieron. Jaime Humberto nos escuchó con atención, pero jamás sacó conclusiones. Nuestras propias palabras abonaban razonamientos o dudas.

Una especie de dialéctica transformadora, si es posible categorizar la experiencia.

Benny resaltó el papel de las mujeres en la historia: ser víctimas.

Una, Amy, fue vejada sexualmente y otra, ahorcada involuntariamente.

Roberto centró sus observaciones en el enfermo mental, principal contribuye de la tragedia.

El intelectual estadounidense es quien alteró la convivencia de los lugareños.  Antes de su presencia en el pueblo, todos interactuaban sin llegar al crimen.

El patriarca de una familia malamansada, al final cedía a la autoridad representada por un ex oficial del ejército tunco. Era quien tenía el control moral y legal de los lugareños.

La esposa del matemático pertenecía a la comunidad. Precisamente los dos estaban ahí, porque ella había heredado la propiedad de su padre. Y cuatro amigos de infancia fueron contratados para construir un garaje.

Uno, Charles Bennet, intimidó sexualmente con Amy.

Finalmente, tras una hora de debate, concluimos que los ingleses salieron mal parados.

El gringo superó la prueba y logró sus propósitos: salvaguardar la propiedad y la vida de su esposa y el enfermo mental.

Peckinpah y su coguionista, David Zeelag, destacaron los límites del hombre pacifista acosado por la violencia.

La guerra de Vietnam aún estaba en el subconsciente de la sociedad estadounidense.

David, el matemático, era un marine sin uniforme que mataba en defensa propia en un país extranjero.

Durante la cena, Jaime Humberto nos compartió una botella de tequila.

En la sobremesa lo escuchamos hablar de su paso por el cine y la historia que tenía en mente filmar: Naufragio.

*El lunes 13 de enero de 2020, Jaime Humberto Hermosillo murió, a los 77 años, en Guadalajara.

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LOS MARCADOS

cineEstúpido error. Cuánto lo lamento.

Guty Pérez no es el responsable. Él simplemente me extendió la invitación por teléfono.

—No dudes que iré —dije con una voz algo afectada por un resfriado—, cómo crees que voy a perderme un westerns de Alberto Mariscal… El Tunco Maclovio y Todo por nada, de lo mejorcito que he visto de este señorón…

Pude pretextar cualquier cosa. No soy afín a caminar en la nieve. Menos en temporada invernal.

La nieve se encharca. En contadas ocasiones, terminas bañado en lodo al paso de los automóviles.

Amelia Perret retornaba de la iglesia cuando coincidimos en el área de carnes del supermercado.

El frío había enrojecido sus mejillas y resaltado el tono violáceo de sus ojos, muy parecidos los de la finada Elizabeth Taylor. Portaba sus cuarenta y nueve años con mucha dignidad y altivez.

Su soltería era un enigma para sus vecinos, yo entre ellos.

En algunos encuentros, dentro o fuera del edificio, intercambiábamos saludos.

De acuerdo a su tiempo o estado de ánimo, abordábamos temas relacionados al cine y la literatura. Por ella, tuve que leer dos o tres novelas de Emilie Zola y Le retour du bonbeur de Madeleine Chapsal.

En esta ocasión, con el paquete de jamón en una mano, le dije que Guty me invitó ver una película controversial, de la década de los setenta.

—¿De qué país?

—De México… Es película del oeste, más bien un spaghetti western de mi director de cabecera…

Su primera reacción fue de consentimiento.

El acercarse a un alma descarriada, como hay tantas en Montreal, permitía hacer proselitismo religioso.

Un gesto involuntario hizo deducir que Amelia traía otras intenciones: el soltarse el cabello, alisarlo y nuevamente sujetarlo a la nuca con una horquilla dorada.

Ahora entiendo el porque los musulmanes son recelosos con el cabello de sus mujeres.

—Ese Guty es tremendo  —dijo mi vecina—, necesita acercarse más a Dios…

—Yo también lo creo…

—Y usted no debe descartarse —me lanzó el dardo—, las hermanas me han dicho que siempre las rechaza cuando lo buscan en su departamento. Ni siquiera les acepta un ejemplar de Réveillez-Vous!…

—Todo a su momento —filosofé sin mirarla a los ojos—, en los asuntos de Dios solo la angustia nos obliga a levantar la vista…

Porque andamos por fe, no por vista, recuerde lo que se lee en Corintios…

Tuve que utilizar un subterfugio para no entrar en pleito.

—¿Significa que entonces si me acompañará en la exhibición de la película? Estará la novia de Guty… En lo que a mí respecta, iré solo, como siempre…

Me observó con detenimiento, sin alterar ningún musculo facial. Sus labios gruesos, carnosos y cárdenos, alteraron mi libido. Aguardé su respuesta, reteniendo el aire.

—Cuente conmigo…  —y metió la mano a su bolso para sacar un lapicero y me lo entregó—. Anote mi número telefónico…

En el reverso de una tarjeta de presentación, escribí los nueve garabatos de mi futura felicidad.

Jamás supuse que la película de Alberto Mariscal me convirtiera, ante los ojos de Amelia, en un auténtico hijo del mal.

Mi principal error fue no preguntarle a Guty el título de la película.

Ya en su departamento me enteraría que se llamaba Los marcados.

La produjo un cantante de música ranchera, Antonio Aguilar.

La historia fue escrita por Mario Hernández —futuro director de cabecera de Aguilar— y Ricardo Garibay, un periodista iconoclasta y malhablado.

La resumo en pocas líneas:

En la frontera de México—Estados Unidos, a finales del siglo XIX, una prostituta es madre de un psicópata homosexual que tiene una relación incestuosa con su padre, el cabecilla de una banda de asesinos.

Ni siquiera mi argumento sobre Lot y sus hijas, en el Antiguo Testamento, me sacó del apuro.

VIDEOTECA: es el link para ver la pelicula en YouTube:

https://

http://www.youtube.com/watch?v=SkXiCm7ZmwA