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El relincho del miedo

PIEL ABIERTA

No en parte alguna puede estar la casa del inventor de sí mismo.

Nezahualcóyotl

relincho del miedo portadaTu llegada al bar a nadie sorprende. Eres un borracho puntual. El lugar se encuentra semivacío. Saludas a Sam. Lee el periódico tras la barra y te devuelve la atención con un movimiento de cabeza.

El bonjour lo escuchas al instante de llenar el tarro de cerveza.

—Salma murió anoche —dice Sam y regresa a su banquillo para continuar su lectura.

La calva le brilla por el reflejo de la lámpara de neón adherida al espejo, sobre las franjas de licores y copas.

Salma tuvo sus momentos de fulgor en las calles del viejo Montreal. Difícilmente podrías sustraerte a los recuerdos. Fue tu esposa durante diez años. Las drogas la sepultaron en vida.

Rodenko ingresa al tugurio y tirita.

—Maldito frio me tiene hasta la coronilla —lanza el reproche y mete la gorra de lana en un bolso del chaquetón.

Sam le entrega un vaso al tope de vodka. No suelta el periódico.

Le Journal de Montreal resalta a grandes letras los posibles sobornos de un funcionario chino a políticos liberales para obtener concesiones mineras en territorio quebequés.

Tú sigues ensimismado, sufriendo por la ausencia definitiva de Salma.

Salta a tu mente el momento que la abordaste en el tren subterráneo. Le entregaste el bolso que tiró por las prisas.

Todo encajó perfectamente. Ella y tu ocuparon los dos asientos vacíos.

El navajazo de una voz, rasga el recuerdo.

—¿Vas a regresar a la oficina, Andrew?

Rodenko está al costado con su vaso de vodka aun intacto. La barba negra chorrea al diluirse la nieve y moja su camisa de franela de cuadros.

—Es posible —respondes con sequedad y ahogas las palabras con un largo trago de cerveza.

El santé pasa por alto ante el duelo y la rabia.

Nunca fuiste capaz de ayudarla, de sacarla de su infierno.

Y optaste por darle la espalda, seguir tu mediocre vida de archivista del Ministerio de Cultura.

Durante el trayecto del tren subterráneo obtuviste su nombre y número telefónico. Un mes después la invitaste a tu departamento, donde cenaron y bebieron grandes cantidades de vino tinto chileno. No faltó la yerba y el fuego.

Después de soltar la carga seminal, reprodujiste uno de tus viejos poemas, escrito originalmente a una compañera de trabajo. Se lo leíste.

Mutaste el nombre de Carol por Salma y le hiciste creer que lo acabas de escribir.

SALMA

Me gusta cuando entras en casa

bajo el ramaje alegre de tu risa clara,

y amar soñando,

y gozar gritando,

hasta lamer tu torso

como si en el campo arara.

 

Me gusta cuando pisas las alfombras

en zapatillas rojas y el cabello suelto,

y ceder andando

y apretar besando

hasta sentirme un corso

entre tu talle esbelto.

 

Me gusta cuando hablas en el lecho,

rememorando cosas de tu vida incierta.

Y abrazar llorando

y descender bebiendo,

en el islote oscuro

de tu piel abierta.

—Murió Salma, no lo merecía —murmuraste sin importar que Rodenko te escuchara.

—En realidad se suicidó y fue anoche en uno de los mesones para vagabundos… —aclaró Rodenko.

Y vació el vaso de un solo trago.

HEMEROTECA: Monsivais Carlos – Aires De Familia

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¡MORELIA!

relincho del miedo portadaLos sueños son una prolongación de las falsas intenciones. De ello están conscientes los escritores profesionales. Un algo interior —¿Musas? —  permite reconstruir relatos maquinados en el subconsciente y logran conmover al propio autor.

Decirles tal monstruosidad a los alumnos nada significa. Depende de ellos asumir su responsabilidad creativa, sin esperar reconocimientos o dinero.

 Escribir es una vocación, un oficio y requiere disciplina.

—¿Quieres escribir?, escribe, es todo.

Lutero Rojas es conciso en sus respuestas.

En esta ocasión, los muchachos de uniforme naranja aguardaron los rigores del embalaje de imágenes dispersas que carecían de nudo y un desenlace sorpresivo.

Les recordó el momento que el país enfrentaba, a pesar de vivir bajo una civilización tejida con tecnología y mortero.

—El individuo, en su lógica de ocio, es el punto de partida, porque al final podría transformarse en un revolucionario de ideas afines a la demanda de justicia social y felicidad compartida.

De la masa inconforme chorrea lo mejor y transforma al país.

Un tallerista sobresaliente, Carlomagno Kelowna, intentó refutar su tesis. Le recordó que en su pesadilla anterior pudo permanecer al lado de un personaje de cabello relamido, cargado de años e imbuido en un traje gris cincuentero con grandes hombreras y corbata de moño.

El hombre lo adoptó como su hijo y convirtió en su asistente sin nombramiento oficial.

Lancelot Cage era el jefe del área de los archivos criminales. Su trabajo consistía en almacenar la información recabada en los lugares donde yacían los cadáveres humanos.

—¿Y cómo llegaste a su casa?

La pregunta de Marc-André a nadie sorprendió.

El formato del relato exigía un planteamiento inicial con todos los personajes principales. En este caso, Carlomagno y Lancelot ya existían en el imaginario del grupo y, por lo tanto, Carlomagno Kelowna tendría que continuar con la acción y presentarles el poder de la contraparte para enfrentar el bien contra el mal.

Premiar al fuerte.

Maldad e inteligencia, en ambos polos, sin distingo moral.

—Llegué y punto… —subrayó Carlomagno y su oscura caparazón, muy semejante a un rudo boxeador de peso completo, volvió a enjaretarse al asiento.

El rostro de mejillas chupadas y pálidas de Lune Carey sobresalía del mesabanco.

Lutero Rojas lo recibió con agrado.

La jovencita tenia madera de narradora. Le sorprendió su relato relacionado al Papa Francisco enfrentando con rigor al sicario con leucemia que le provocó una caída ante la mirada de millones de feligreses.

El líder mundial de la grey católica visitaba un miserable suburbio de Michoacán.

Morelia era el título del relato.

Le aclaró que, de publicarse, posiblemente lo llamaría ¡No sea egoísta!*.

La historia abordaba el tema de un asesino arrepentido con una enfermedad terminal. Supuso que podría sanar con solo tocar la casulla papal.

En la reconstrucción de lo ocurrido recuperó la verdadera esencia humana del anciano irascible que reaccionaba a una agresión involuntaria.

Lune se puso de pie y frotándose las manos con evidente nerviosismo dirigió sus cuestionamientos a Carlomagno.

—¿Por qué antes de comentarnos tu trabajo no aclaraste que se trató de un sueño inducido por la mariguana? ¿Por qué crees que tu historia está ambientada en la década de los cincuenta sin precisar lugar? y ¿Por qué no desarrollaste con más detalle el aislamiento del burócrata y lo que realmente lo motivó a compartirte una de las recámaras de su aristocrático departamento de Montreal?

Lune evitó ahondar sobre el propósito creativo de los villanos o villanas que le darían sentido al thriller.

El principal interés lo encauzó a dos grandes temas humanos, poco explorados: amistad y soledad.

El mal y el bien eran unos asuntos literarios recurrentes y podrían sortearse con facilidad. Describir el submundo de la inconformidad individual significaba entrar en el terreno del psicoanálisis o la psicología inductiva.

Una sola persona podría cambiar el destino del mundo.

—Por ley y para su estudio —sugirió— deberían preservarse los cerebros de la gente sobresaliente en un centro de neurología.

Lutero Rojas, sin disimular su satisfacción ante los alumnos, confirmó que Lune Carey coincidía abiertamente con su tesis sobre el comportamiento humano desde la soledad y sus silencios.

Y confirmó que no araba en el desierto al impartir clases de arte creativo en el taller de literatura de la prisión de Bordeaux de Montreal.

Lo importante era defender al individuo libre, sin perder el sentido de humanidad y amor al prójimo.

En su celda y frente al ordenador intentaría desarrollar mejor su idea.

Lo haría antes de ser deportado a España por el asunto de la independencia de Cataluña y los bombazos de la Plaza Mayor de Madrid.

*Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, realizó una gira pastoral en México del 12 al 17 de febrero de 2016. En Morelia, Michoacán ocurrió el incidente. El causante de su caída no fue un criminal, sino un feligrés entusiasta que acudió a un estadio deportivo al encuentro de jóvenes católicos. ¡No sea egoísta! fue la expresión lanzada por el Papa.

HEMEROTECA: El Vaticano Como Nunca Te Lo Habian Contado

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LOS SUEÑOS DE CHAMPLAIN

relincho del miedo portadaIntentas escribir y te detienes.

Debes terminar de leer el libro biográfico de Samuel de Champlain, fundador de la primera ciudad canadiense, Quebec.

Navegante y espía francés,

David Hackett Fisher realizó la portentosa investigación y fisgoneó en archivos inimaginables de Brouage, Paris, Londres, Quebec y Montreal.

No ha sido traducido al castellano. Champlain también incursionó territorios gringos y mexicas, en calidad de espía.

Lo hizo bajo el imperio español.

El libro de casi mil páginas: Le Rêve de Champlain.

La obra te obliga a sumergirte en los encuentros y desencuentros del navegante

 Des Sauvages: ou voyage de Samuel de Champlain (Salvajes o el viaje de Samuel de Champlain) te sorprende, al confirmar que fue un intelectual liberal y alentó el matrimonio entre nativos y europeos; respetó las diversas creencias religiosas y culturales de sus aliados algonquinos, hurones e iroqueses y llegó a suponer que, en la Nueva Francia, podría construirse una sociedad de iguales: cristianos, pacifistas y respetuosos de la ley y el orden.

Hackett aclara que llamar sauvages a los amerindios, significaba identificarlos como moradores de la foresta, no personas ignorantes, como pudiera creerse.

Tú piensas diferente.

Después de leer Des Sauvages: ou voyage de Samuel de Champlain compruebas que, el enviado del rey Enrique IV, tuvo comentarios desafortunados en contra los habitantes originales de Canadá.

Su propósito era someterlos y crear una nueva colonia francesa para comercializar pieles de castor, pescado —principalmente sardina—, plata y oro.

Sin embargo, no diezmó amerindios a la manera inglesa o estadounidense.

Su estadía en Tadoussac —la primera fortificación canadiense en territorio de Quebec— quedó consignada en sus memorias y mapas que elaboró con su propia mano.

De Champlain frisaba los 27 años cuando en 1603 arribó a ese pequeño saliente rocoso que bordea el rio Saint Lawrence, habitado en un principio —en 1535— por su paisano y excelente navegante, Jacques Cartier.

Champlain en un pasaje de su diario describió a grandes trazos  la presencia de los algonquinos que visitaron Tadoussac:

“Tous ces peuples, ce sont gens bien proportionnés de leurs corps, sans aucune difformité; ils sont dispos, et les femmes bien formées, remplies et potelées, de couleur basanée.”

(Todas esas personas eran gente bien proporcionada de sus cuerpos, sin ninguna deformidad; estaban dispuestos y las mujeres bien formadas, disciplinadas, satisfechas y rollizas, morenas).

Champlain aseguró que, después del saludo, las mujeres adultas y sus hijas adolescentes se desnudaron y empezaron a cantar y bailar.

—0—

El texto que has interrumpido, antes de sumirte en la vida y obra de Champlain —quien muriera por un infarto cerebral el 25 de diciembre de 1635—, intentaba ser un breve esbozo del origen de Acapulco, un puerto mexicano.

En esta ocasión, consignaste la presencia de un monje budista chino en territorio guerrerense.

Escribiste:

Fa Hsien era un monje budista y aventurero. Vivía en Hong Kong y se embarcó en un barco comercial de remos y aspas, construido de madera y juncos. Los trece navegantes invirtieron nueve días, sin tocar costas filipinas, para llegar a Nueva Guinea. Tuvieron que recorrer más de cuatro mil kilómetros de mar abierto. Uno de los tripulantes, avejentado y sin dientes, empezó a gimotear. Fa Hsien repitió un pensamiento de Siddhartha Gautama: “Si tiene solución, ¿por qué lloras? Si no tiene solución, ¿por qué lloras?”. Año 415 de nuestra era y Fa Hsien invertiría otros dos años para hundir sus deshilachadas sandalias en arenas acapulqueñas. El puerto estaba a quince mil kilómetros de Hong Kong, separado por la inmensidad aterradora del océano Pacifico, conocido entonces como el Mar del Sur.

—0—

Tu teléfono portátil lanzó pujidos sobre la mesa. Tras el oui, escuchaste la voz de Anne para recordarte que a las tres de la tarde partirían a Toronto.

Los ciento sesenta y tres sirios —hombres y mujeres— arribarán al aeropuerto Internacional Pearson.

Son los primeros refugiados acogidos por el gobierno y la sociedad canadiense. Parte de los veinticinco mil sirios beneficiados que huyen de la guerra en el Oriente Medio.

El sábado 12, otros ciento sesenta pisarán territorio quebequés. La mayoría ha sido apadrinada por familias montrealenses.

—No te olvides de tus botas de invierno, porque puede haber sorpresas durante el trayecto —recomienda Anne.

—Y un par de condones…

Lanzas la puya para recordarle sus deberes.

—Por supuesto… De eso nadie se salva…

—0—

La isla vive inmersa en el edredón del atardecer. Un olor a pimienta negra y clavo empieza a filtrarse a tu recámara.

Los vecinos del departamento de arriba iniciaron los preparativos de la cena. No tardarán en encender su televisor.

Seguramente en contra de tu voluntad tendrás que zamparte un concierto del egipcio Amr Diab o de la libanesa Elissa.

Todas las tardes ocurre lo mismo y no te quejas.

Bendita libertad…

HEMEROTECA: Las ensenanzas de don Juan – Carlos Castaneda

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FIN DEL CICLO (Epílogo)

Por Everardo Monroy Caracas

EPILOGO

Viernes 27 de marzo.

14:15 PM.

El primero de junio cumpliré cuatro años de residir en el departamento donde escribo estas líneas.

Tiene una recámara.

Tres años lo compartí con un nieto. Ahora vive con su madre. Es alumno de una escuela secundaria de Hamilton.

He permanecido siete años en Montreal. Durante cuatro, renté cinco habitaciones en diferentes departamentos compartidos.

No fue nada fácil.

Mis compañeros de claustro, en su mayoría hombres,  eran máquinas de trabajo. Su única virtud, de serla, era la tenacidad. Nunca los oí quejarse.

De sobrevivir, merece ser contada la historia de cada personaje.

Todos, en demasía, bebían alcohol o fumaban marihuana. Nunca les vi un libro en la mano. El cansancio físico era evidente. Dormían con el televisor encendido. Nuestras charlas —muy breves—, solo abordaban asuntos familiares o de trabajo.

El primer departamento que habité era rentado por el novio de una amiga entrañable. Durante mes y medio dormí en la sala, sobre una alfombra algo deshilachada. El desorden era absoluto. M jamás tuvo un empleo fijo y P estudiaba francés y recibía ayuda social.

Por Internet localicé una habitación que un centroamericano rentaba. El departamento hallábase en el bulevar Pie-IX. Ahí permanecí quince días. Prácticamente salí huyendo.

Y no me importó perder los 250 dólares del depósito.

F, un hombretón de casi dos metros, era el propietario. Estaba ahogado en deudas y rencor. Su esposa lo abandonó y enfrentaba un juicio de divorcio. Para cubrir la hipoteca del departamento rentaba la sala y la recámara. Dormía en la cocina-comedor. Un paisano, sin estatus migratorio, habitaba la sala. Yo, la recámara.

Mi corto paso por el departamento permitió que escribiera una novela corta: El chacal de Pie-IX.

En el departamento de la rue Walkley, al sur de Montreal, tampoco la tuve fácil.

En año y medio compartí  el inmueble con una cauda de personajes fellinescos: ex veteranos de guerra, prostitutas, estudiantes apegados a la cannabis, cirróticos, profesionistas desempleados, cleptómanos, etcétera.

Terminé enfrentado y con líos judiciales.

La experiencia valió la pena. Me permitió allegarme de historias reales, humanas.

Y no me quejo.

Parte de la experiencia quedó consignada en la novela Morir en Montreal.

Por recomendación de P fue posible vivir en una casona de tres recámaras, ocupada por tres estudiantes universitarios. Me cedieron la sala.

En un supermercado cercano compré un cobertor y un colchón inflable.

La hornaza de marihuana era recurrente. Estaba a la orden del día. Las 24 horas. Sus pulmones eran unos fuelles imparables.

Me desplazaba por terreno minado, lleno de cenizas o papeles chamuscados. En todos los rincones y pasillos, principalmente en el baño y el comedor.

Una semana resistí.

Y la salida la aceleró el robo de mi cartera con mil dólares. Dinero que utilizaría para la renta de un departamento. Después me enteraría que uno de los estudiantes, de padres caribeños, era adicto a la heroína.

Un anuncio del periódico El Chasqui permitió contactar con un peruano que rentaba una habitación por trescientos dólares mensuales.

Es difícil olvidar la fecha: jueves 23 de diciembre.

Nevaba.

IG fue en su automóvil a recogerme en una estación del tren subterráneo. Su departamento era tétrico y desordenado. Sus deudas lo obligaban a compartirlo para ahorrarse cuatro mil dólares anuales.

Un matrimonio de venezolanos abandonó el inmueble. Sus alegatos hartaron a IG. Tuvo que echarlos.

La necesidad de encontrar un espacio para vivir, obnubiló mi sapiencia. No dudé en firmar el contrato. Dormiría, a partir del 6 de enero, en la sala.

El mismo día partí a Hamilton donde pasé las fiestas decembrinas y el año nuevo al lado de mi hija L y mis nietos.

Regresé a Montreal en la fecha acordada. De inmediato solicité ayuda social en Emploi Quebec. Fui aprobado.

En mi nueva morada existía un punto a mi favor: la edad.

IG era sexagenario, como yo.

Y su necesidad de dinero le impedía confrontar ante cualquier reclamo.

Por ejemplo, no dejar platos cochambrosos en el lavatrastos o papel con gargajos en una bolsa plástica en la puerta del sanitario. O el escuchar la radio con volumen alto.

Terminó respetando los silencios de la lectura y producción literaria.

Le tomé aprecio.

La presencia de mi nieto en Montreal me obligó a buscar un nuevo departamento. El niño necesitaba aprender francés. Y quise apoyarlo.

No tuve contratiempos para encontrar el inmueble donde  actualmente resido.

Mi nieto cumplió su ciclo pedagógico y retornó al hogar materno.

Ahora estoy solo y enfrento solo la pandemia provocada por el coronavirus.

Quebec amaneció con 18 muertos y dos mil 21 personas infectadas de Covid 19. Es posible que se declare una especie de estado de sitio para impedir el tránsito humano en las calles.

François Legault, en su conferencia mañanera, invitó a los quebequés a no visitar Montreal.  La mayoría de los infectados viven en la isla y Estrie.

El precio de los principales productos básicos aumentó un 30 por ciento. Hay una demanda extraordinaria de huevo, proteína animal, frutas y verduras, pañales y papel sanitario.

El hambre empieza a hacerse presente entre algunas familias desempleadas. Hay largas filas frente a los bancos de alimentos.

De 450 mil demandantes de alimentos sin costo por semana, pasó a 800 mil, en el mismo lapso, según  Claudia Gastonguay, vocera de la red de bancos de comida, La Bouchée généreuse de Québec

Es posible que algunos barrios del centro-oeste sean aislados, como ocurrió en China, por la incidencia de infectados.

Yo, por necesidad, me preparo a tomar la calle para allegarme de alimentos.

banque alimentaire

A la espera de un poco de alimento sin costo. (Foto tomada de Le Journal de Montreal)

HEMEROTECA:La alegria de vivir – Emile Zola

 

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NO ES EL FIN DEL MUNDO

Por Everardo Monroy Caracas

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Jueves 26 de marzo.

14: 40 PM.

No es el fin del mundo.

Es una gripa severa con nombre propio y apodo: Covid 19 alias Coronavirus.

La cuarentena es lo que nos hace flaquear. El aislamiento altera el orden de las ideas; las noticias mediáticas, las contamina de miedo.

El dolor nos arrodilla; la muerte nos horroriza. Seguimos anclados a un hecho experimentado.

Cada personaje cercano, principalmente del vecindario, carga una cruz y aprieta los dientes.

El apagón de ayer, mientras leía y escuchaba música, me provocó cierto pánico. Es normal experimentar tres o cuatro veces por año un suceso semejante, principalmente durante el invierno.

La nieve afecta algunos transformadores y el cableado de alta tensión.

Hydro-Québec, consciente del problema, de inmediato graba un mensaje de voz para tranquilizar a los usuarios. No se trata de un apagón general, que afecte a la isla. Únicamente a dos o tres manzanas del barrio. El desperfecto es reparado en dos horas, a lo máximo.

Lo ocurrido ayer en la tarde tiene otras connotaciones para el comportamiento humano sometido a la cuarentena. Parte de nuestra sobrevivencia depende de los alimentos refrigerados y la calefacción.

La esposa del conserje, de sangre cubana, tuvo la responsabilidad de tranquilizar a los inquilinos.

—Ya hablamos a Hydro-Quebec —me informó por teléfono—, y pronto repararan el imperfecto, no se preocupe…

Aprovechó el contacto para preguntar sobre mi salud.

—Sano y trabajando, señora, muchas gracias por su interés… ¿Y ustedes como están sorteando el aislamiento?

PE tiene que salir por sus negocios y yo estoy al frente de los niños, pero todos estamos bien, la Virgen del Cobre nos protege y el santo Chárbel…

Es posible que al dormir, el apagón le abonó incomodidad al subconsciente.

En mi sueño me vi despierto, desesperado, frente a un refrigerador sin electricidad, chorreando agua rojiza por la hendidura inferior de la puerta.  Imaginé que en su interior, en estado putrefacto yacían las verduras y los trozos de carne de pescado y ave.

No es mentira.

La pesadilla ocurrió.  

Le comenté de lo ocurrido al vecino del departamento 3.

Los dos, en piyama y chamarra, coincidimos junto a los buzones del lobby del edificio.

Después de escuchar mis cuitas, reveló:

—Mis sueños son otros. Me veo de niño al lado de mis padres y hermanos… Usted sabe que en Culiacán la violencia está al orden del día y ahora con el encierro nuevamente descubro a mi padre ensangrentado, tirado en el patio de la casa…

En una ocasión me confió esa parte trágica de su vida.

Me arrepentí de haberle externado el asunto del refrigerador y los alimentos podridos.

Mi subconsciente no concatenó añoranzas o temores filiares.

Mis hijas y nietos, durante el sueño, no fueron los personajes protagónicos.

Francisco, de nueve años, vivió en carne propia el ajusticiamiento de su padre, un agricultor pobre que se negó a sembrar amapola. Su madre, él y sus cinco hermanos, de rodillas y con las manos en la cabeza fueron obligados a mirar el fusilamiento.

Los tres asesinos, a la usanza chera, hicieron su trabajo, sin tocar a la familia.

La mayoría de inmigrantes de Quebec son descendientes del horror de la guerra y el autoritarismo. Pocos países del mundo, de los 195 existentes —incluyo a Palestina y el Vaticano— disfrutan una vida plena y en paz.

Mi encuentro con Francisco me hizo reflexionar. Estoy por cumplir sesenta y cinco años y en Montreal nada me ata físicamente a la familia. En mis quince años de estancia en Canada, diez he permanecido solo. Mis hijas, al madurar, se independizaron. Ahora solo velan por su bienestar. Y una, la mayor, por sus hijos.

Es la norma natural.

La guerra mediática y la muerte de 22 mil 993 por el coronavirus —solo 36 canadienses— nos tienen paralizados.

Es la verdad.

Nuestra realidad cotidiana quedó constreñida a cuatro paredes, un ordenador, un teléfono portátil y un televisor.

Internet, como metáfora bíblica del Árbol del conocimiento del bien y el mal, nos mueve a su voluntad.

Está claro que el Covid 19 no se transmite por aire, sino únicamente por la saliva y el sudor humano.

Sin embargo, China, durante su cuarentena, nos proporcionó imágenes de su población con el rostro con cubrebocas y las manos enguantadas.

En la conferencia mañanera del primer ministro provincial, François Legault, después de informar sobre el deceso de otras dos personas por el Covid 19 y la hospitalización de 106 —de las 1629 enfermas—, hizo un llamado para no utilizar innecesariamente los cubrebocas.

— Necesitamos usar las mascarillas juiciosamente. Todos los países están tratando de tener cuidado con su consumo —subrayó al lado del director de Salud Pública, doctor Horacio Arruda, y del ministro del Trabajo y Solidaridad Social, Jean Boulet.

De acuerdo a lo recomendado por los expertos de la Organización Mundial de la Salud, solo deben utilizar tales aditamentos —guantes y cubrebocas— el personal que labora en hospitales.  Es quien tiene contacto directo con los enfermos.

   Media hora antes de encender e ordenador, recibí una llamada telefónica.

El primo Beto, el de la risa a flor de labios, ve el asunto de la pandemia como algo pasajero. Radica en la Ciudad de México.  Y no es muy apagado a socializar con la familia.

En esta ocasión lo hizo para enterarse de mi salud.

—Aun hablando contigo —respondí a su pregunta.

No es el fin del mundo, primo —exclamó, sin evidenciar temor o preocupación— y te recomiendo que te apartes un poco de la televisión…

CANABIS

En Montreal, compra de marihuana en tiempos del coronavirus, (Foto tomada del diario La Presse)

HEMEROTECA:Soy leyenda – Richard Matheson

 

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CRUCIFIXIÓN ADELANTADA

Por Everardo Monroy Caracas

eglise9

Miércoles 25 de marzo.

13: 52 PM.

La imagen de OH me intranquilizó durante varias horas. Su situación no era nada agradable ante el yugo de dos paisanos alcoholizados y presionados por el desempleo. Algo debía aportar para superar el remordimiento.

Hojeé la agenda telefónica, en busca de una tabla de salvación.

El ulular de ambulancias o patrullas es continuo.

Los gritos infantiles detienen mi búsqueda. Me asomo por la ventana. Dos niñas rubias en bicicleta regresan de hacer compras en la tienda Dollarama. Lo evidencian las bolsas verdes de la empresa que cuelgan del manubrio. Discuten y reinician el pedaleo.

Nada grave.

Detengo la mirada en un nombre de la agenda: OB.

Hace tres meses la contacté telefónicamente por un problema familiar. Al día siguiente me recibió en su oficina. Es argentina-quebequés y cuáquera.

Mi asunto fue saneado con su ayuda. El servicio fue gratuito. Asistence aux femmes es financiado por el Ministerio de Salud y Servicios Sociales de Quebec. (http://www.assistanceauxfemmes.ca/)

Antes de meterme a la cama le dejé un mensaje en el buzón de voz. Diez minutos después atendió el llamado.

—Le doy las gracias por su rápida respuesta —dije algo avergonzado por la hora—. La llamé sin el propósito de alterar su tranquilidad.

—Por desgracia, son tiempos del coronavirus y no podemos darnos el lujo de desdeñar las demandas de ayuda… Dígame, monsieur M en qué puedo ser buena…

Y a grandes trazos le expuse el asunto de OH. Me pidió el número telefónico de la paisana y se comprometió tomar el caso con absoluta prioridad.

En la madrugada, sin ánimo de continuar en la cama a pesar de lo irregular del sueño, descubrí que tenía un mensaje de voz en el teléfono portátil. Era de OH. Lo envió a la media noche y me extrañó no haber escuchado el timbreo.

Don E, muchísimas gracias por  su ayuda, ya me habló una trabajadora social y es posible que mañana (hoy) me vaya a un albergue para mujeres… Yo le llamo nuevamente de donde me encuentre. Buenas noches.

El claustro sanitario no merma mi ánimo. De eso estoy seguro. Mis sesenta genuflexiones de brazos y piernas, permiten aligerar la circulación de la sangre y la movilidad de los músculos.

Nada de alcohol. Nada de café. Nada de tabaco.

El calvario de la Semana santa se adelantó para los militantes del cristianismo. Soy parte de ese ejército de fe. Fui bautizado y apadrinado en Huayacocotla.

Por el momento, mis dos hijas y nietos libran la cuarentena en paz. Cada una acompañada de gente buena y solidaria.

No me quejo.

Quebec amaneció con mil 339 enfermos por el Covid 19. 336 más que el martes. Solo 35 se encuentran hospitalizados. Las cifras ascienden.

En las últimas 24 horas, por el virus, se registraron otros dos decesos. Hasta este miércoles, seis familias perdieron un ser cercano.

Somos ocho y medio millones de quebequés —recordó el primer ministro, François Legault en su conferencia mañanera—, ocho y medio millones de soldados comprometidos en el combate pacifico, pero vital contra el virus. Y cada cambio que hacemos nos aproxima a la victoria.

La policía montreales está muy activa.

Infinidad de jóvenes de ambos sexos hacen caso omiso a la alerta sanitaria. Echan por borda las recomendaciones de la sana distancia. En algunos departamentos y casas se drogan y alcoholizan. Los vecinos son quienes denuncian.

  Los Bergeron lograron resolver el asunto del primogénito. La policía intervino. Lo canalizó a un centro juvenil de rehabilitación. De no hacerlo, por sus constantes salidas, ponía en riesgo la salud de la familia.

IR me habló por teléfono en los momentos que desayunaba. Quiso conocer mi estado de salud. Por ser empleado de un hospital no puede ausentarse.

—¿Y cómo te sientes? —mi pregunta no tuvo la intención de incomodarlo.

—Lleno de miedo —afirmó sin ocultar su preocupación—. Y no solo yo lo tengo, sino todos los que trabajamos en el hospital…

IR es un hombre de 63 años. Su turno laboral es de las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde, de lunes a viernes. Es chef.

Boris, el cubano, sigue enfiestado, pero sin alterar la tranquilidad del vecindario. Imagino que está bien apertrechado de ron y cerveza. Me comentó que durante la primera semana de abril recibirá su primer cheque del Seguro de desempleo. Su renta y comida está garantizada.

—¿Y la familia?

—Muy bien de salud y está tranquila por el aislamiento domiciliario ordenado por el régimen —respondió sin dar visos de angustia—. Por el momento no hay manera de mandar dinero. Las agencias de envío están cerradas y el banco, donde tengo mi cuenta, no ofrece ese servicio…

—¿Y cómo libran sus necesidades de alimento y agua?

—El cubano es muy unido cuando se trata de estas vainas y el régimen hace su parte…

Es virtual nuestro contacto con el mundo exterior. No faltan la energía eléctrica, la calefacción y el agua potable.

El transporte público —autobuses y tren suburbano— aun funciona sin variar los horarios preestablecidos.

Una aplicación en nuestro ordenador móvil de la Société de transport de Montréal nos permite visualizar en tiempo real la ruta del autobús que nos interesa abordar.

Enfrentamos una calamidad de salud pública. El aislamiento es el único recurso viable para no contaminarnos del mortal germen.

Y contrario a lo que se pensara, el director general de  Suicide Action Montréal, Luc Vallerand informó que en los últimos diez días han disminuido considerablemente las llamadas de auxilio de personas con intención de quitarse la vida.

El domingo 5 de abril es el inicio de la Semana santa. Ningún templo católico abrirá sus puertas.

La liturgia obligada, en esta fecha de duelo, tendrá que aplicarse a través de las redes sociales.

Una novela de Émile Zola, de la trilogía Las tres ciudadesParis—, me permite disipar temporalmente mis preocupaciones.

Me angustia imaginar el sufrimiento de las personas vulnerables. Sobre todo, de mis familiares y amigos. Dos hermanos radican en España y ocho en México.

HEMEROTECA: tele24mar20

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UNA PAISANA EN APUROS

Por Everardo Monroy Caracas

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Martes 24 de marzo.

14: 38 PM.

—Don E, buenos días…

—¿Quién habla?

OH, ¿me recuerda?

—Claro que la recuerdo… ¿Está usted bien?

—Regular, ayer nos avisó el supervisor que se cerrará la fábrica durante tres semanas, por lo del coronavirus

—Lo bueno que usted recibe ayuda social…

—Le hablo para saber si no quiere compartir su departamento, le ayudaría con algo de dinero…

—¿Tiene problemas donde vive?

—Sí, le soy sincera… Mis compañeros se quedaron sin trabajo y se la pasan borrachos…

OH es mexicana de sangre zapoteca. En diciembre del año pasado entró a Canada por aire y en el aeropuerto solicitó refugio político. Es madre soltera con cuatro hijos, tiene 35 años y trabaja en una fábrica sin el permiso del gobierno.

Hace tres semanas la conocí en un supermercado latino de la rue Saint-Huber. Mientras aguardaba mi turno para ordenar un plato de chicharrón con salsa verde y arroz jardinado, me preguntó en castellano sobre el contenido de una de las charolas de alimentos del aparador-mostrador.

—Es lengua de res enjitomatada —le dije.

—Prefiero lo que usted pidió…

—¿De qué parte de México es originaria?

El físico evidenciaba su posible mexicanidad: morena, robusta, cara regordeta, nariz corta y ancha, labios delgados y resecos y grandes dientes.

—Soy de Oaxaca, de un pueblo cercano a Puerto Juárez…

—¿Y que hace tan lejos? —cuestioné—, sobre todo en un país tan frio y ajeno al sol del trópico?

—La necesidad…

El amigo que me acompañaba —IR— vio la oportunidad de intimidar con una mexicana. Es un hombre solitario como yo.

—Déjeme invitarle el almuerzo —ofreció antes de presentarse.

IR es un camarada  —dije al presentarlo—, es peruano, pero ya tiene la ciudadanía canadiense…

En la mesa, OH nos narró parte de su odisea del viaje de Puerto Juárez a Montreal. De su boca escuchamos por qué dejó a sus hijos en manos de su madre.

En el hotel donde laboraba querían obligarla a vender drogas. Al negarse, fue amenazada de muerte y huyó. En base a esa historia demandó el refugio político por miedo fundado.

Un amigo radicado en Montreal, vecino de su comunidad, fue quien la convenció del viaje a Canada. En la actualidad, el gobierno no le exige visa de turista a los mexicanos.

—Cuando bajes del avión solicitas refugio político —le aconsejó su amigo.

Un mes después de su arribo, el gobierno provincial, a través de Emploi Quebec, le proporcionó dinero —750 dólares mensuales— para alimentarse y rentar una habitación en algún departamento compartido.

Su amigo, también zapoteco, la llevó a vivir a su departamento de una recámara. Él y otro oaxaqueño duermen en la sala. Ella ocupó la habitación que tiene puerta.

En Montreal existen agencias de empleo que contratan obreros y jornaleros sin documentos migratorios. El gobierno las tolera ante la demanda de mano de obra. Hay un déficit anual de cuarenta mil a cincuenta mil plazas laborales.

Las factorías, comercios y agroindustrias, por medio de esas agencias, se allegan de trabajadores sin papeles. La mayoría, demandantes de refugio político. Por lo mismo, fácilmente se deshacen de ellos, sin necesidad de enfrentar alguna demanda laboral. Pagan al contado (l’argent noir, en francés) con el respaldo de la agencia de empleo.

OH así sobrevive en Montreal. El dinero de la ayuda social se lo envía integro a su madre.

Cuando la conocí, su situación económica era desastrosa.

La agencia le pagaría su primer sueldo en tres semanas. Y su problema en el departamento se originó por robarle comida a sus compañeros.

La única solución, en estos casos, es acudir a los bancos de comida.

La hoja marrón como solicitante de refugio, expedida por el Ministerio de Inmigración y Ciudadanía, permite recibir ese tipo de ayuda.

—Señora, todos los inmigrantes somos sobrevivientes al llegar a Canada —le recordé—, pero los quebequés no desamparan a los grupos vulnerables, menos a los que huyen de su país por temor a ser asesinados…

En diciembre de 2019, el asunto del coronavirus era una simple referencia periodística. Únicamente los chinos lo enfrentaban sin la ayuda de otras naciones.

Y tres meses después de la experiencia china, Canada experimenta el mismo infierno.

Quebec amaneció —hoy martes 24 de marzo— con mil trece personas hospitalizadas por el virus. François Legault prevé que seguirá a la alza y le ha solicitado al gobierno federal equipo médico, porque aún no alcanzamos la cresta de la pandemia.

OH nunca imaginó que el Covid-19 alteraría radicalmente su propósito de mejorar la situación económica de sus hijos. El más pequeño tiene un año seis meses de edad.

Pero me tranquiliza saber que cuenta con la protección económica del gobierno quebequés. Los bancos de comida aun proporcionan ayuda, de requerirse.

OH paga trescientos dólares mensuales de renta. Dispone de cuatrocientos cincuenta para enviarles a sus hijos, mientras superamos la pandemia.

Tal vez pensó que yo le proporcionaría refugio sin pagar renta o comprar alimentos.

—Lo lamento, paisana —dije sin mentirle ni sentir remordimiento—, estoy enfrentando el mismo dilema. Te recomiendo que busques por teléfono a tu trabajadora social y le digas que no te sientes segura en el lugar donde vives. No dudarán en enviarte a un refugio para mujeres solas (abri pour femmes en danger), donde te darán alimentos calientes y una habitación donde dormir. No pagarás ni un quinto y podrás enviarle a tu mamá el dinero de la ayuda social.

vinateria

En espera para comprar alcohol en una vinateria. ¡Que Baco los protega! (foto publicada en Le Journal de Montreal)

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El relincho del miedo

SOY LEYENDA

Por Everardo Monroy Caracas

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Lunes 23 de marzo.

15:15 PM.

Insomnio y preocupación.

Me vi precisado en hacer sentadillas y lagartijas —genuflexiones de piernas y brazos— para atemperar la tensión. Después, tras beber un vaso de agua, leí hasta que el sueño hizo de las suyas. Estoy por concluir el libro de MacLaine.

Mi tablet empezó a repicar cuando aun dormía. Una pariente, LD, supuso que el horario de Montreal estaba a la par de la Ciudad de México. Le aclaré su error al acudir a su videollamada. Hay dos horas de diferencia.

En Montreal eran las siete cuarenta y cinco de la mañana. En la Ciudad de México, las nueve cuarenta y cinco.

—Te hablo primo  —dijo algo agitada—, porque leí que en Quebec han cerrado todos los comercios y las farmacias y que solo por Internet se pueden hacer las compras…

Tuve que sobreponer la somnolencia sin sonar molesto.

—No —aclaré—, continúan abiertos los supermercados, las farmacias y las vinaterías. Lo único que ha cambiado es el trato a la clientela. La espera es larga para pagar y siempre nos recomiendan hacerlo con tarjetas de débito o crédito…

—¿Y los bancos?

—Ayer chequé en el sitio virtual de la sucursal del banco donde me  deposita el gobierno y confirmé que los empleados siguen trabajando de diez de la mañana a las seis de la tarde. ¿Y allá, como están las cosas?

—Las calles de la ciudad se encuentran desiertas, como en la película de Will Smith, Soy Leyenda… Pero aún podemos conseguir alimentos y enseres del baño en los comercios…

—Prima, dile a los tíos que vean todos los días, a las siete de la noche, la conferencia de prensa del subsecretario de salud y acaten sus recomendaciones… México aún controla la situación…

 La charla duró cerca de una hora. Pude sobreponer mi somnolencia y escuchar con atención a la prima. De su boca me enteré de los asuntos de otros parientes cercanos. Ninguno estaba conectado a una máquina de oxigenación.

Después de la llamada, no logré dormir. Preferí pasar la aspiradora por mi habitación (que en realidad es la sala) y meterme una cucharada de miel al estómago. Es lo primero que hago al levantarme.

La curva del Covid 19 sigue en ascenso en Quebec. Amanecimos con 756 casos, 499 más que el día anterior. 

—He tomado la decisión de cerrar todas las empresas y comercios no esenciales hasta el 13 de abril —afirmó, en conferencia de prensa, el primer ministro provincial, François Legault.

Significa que cierra sus puertas parte de la industria no relacionada al procesamiento de alimentos, bebidas y productos de limpieza. Hasta ayer casi un millón de quebequés estaba en paro y se inscribía al Seguro del desempleo.

De inmediato busqué en Internet los cuatro sitios necesarios para mi sobrevivencia:  los supermercados Metro y Dollarama; TD-Bank y la farmacia Jean-Coutu. Todos cercanos a mi domicilio. No informaban cambios de última hora. Metro aclaraba que algunos productos están limitados a dos por cliente y se debe aguardar cierto tiempo para pagar en la caja registradora.

Y un nuevo sonido apareció en mi espacio vital, a consecuencia del aislamiento obligado: las escandalosas correrías de los dos niños del departamento de arriba.

En otras ocasiones ascendía al piso superior y hablaba con la madre. El silencio retornaba de inmediato. De lunes a viernes, los infantes se ausentan del departamento por ir a la escuela. Al retornar realizan su tarea escolar, ven televisión o activan su caja de videojuegos.

Todo es distinto en estos momentos.

La propia madre de los chiquillos me habló por teléfono para disculparse.

—Señora, por favor, no son tiempos de reproche  —la tranquilicé—. Por el contrario, déjelos descargar su energía, solo regúleles los dulces y chocolates…

Y tras reír, agradeció mi sugerencia.

Su esposo es taxista. No ha dejado de trabajar.

Normalmente lo buscan por teléfono para recoger clientes conocidos que van de compras a las vinaterías, supermercados y farmacias.

Y me recuerda a un personaje de una vieja película mexicana —A toda máquina— con Pedro Infante y Luis Aguilar. Se trata del conserje del edificio donde viven los dos agentes de tránsito.

—¡Ya me voy vieja! —le grita a su esposa al salir de su departamento vestido de elevadorista, bombero, mesero o mariachi.

Y al regresar de cada turno, solo exclama:

—¡Ya llegué vieja!

Una de mis mayores preocupaciones —y perdón por abusar del verbo— es el asunto del dentista.

Ya fui notificado que no habrá servicio en el consultorio dental donde me atienden tres veces por año. En dos semanas estaba programada mi limpieza dental. Uso una prótesis parcial y dos amalgamas.

El año pasado, por comer chicharrón, se me desprendió una amalgama y de inmediato fui atendido.

Desde hace tres años recibo una modesta ayuda económica del gobierno quebequés como artista creativo. El setenta por ciento del dinero lo aplico en la renta del departamento, transporte público, lavandería, teléfono portátil e Internet.

Por mis bajos ingresos, de los que no me quejo, tengo derecho a no pagar algunos servicios dentales y oftalmológicos.

El mecenazgo quebequés dignifica a la mayoría de sus pobres, enfermos y artistas: pintores, escultores, poetas, literatos, dramaturgos, etcétera. La única exigencia es tener obra y presentar algún nuevo proyecto relacionado a su oficio.

Importa el  estatus migratorio del beneficiado: ser canadiense y residir en la provincia.

Ante la nueva realidad, aceitada por el coronavirus, es una prioridad el cuidado de los dientes. Pocos azucares y limpieza permanente. Pero difícilmente tenemos el control de las bacterias que provocan la caries.

Es posible que bajo la amalgama algo extraordinario esté sucediendo.

Las escuelas públicas y privadas continuarán cerradas hasta el 1 de mayo, no el 5 de abril.

Es tiempo de ser tolerantes y solidarios con los vecinos. Son víctimas de la pandemia, como usted y yo…

HEMEROTECA: pro22mars20

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BENDITO DIOS…

Por Everardo Monroy Caracas

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Domingo 22 de marzo.

14: 34 PM

Boris, el cubano, estuvo anoche de fiesta. Soltó su dosis de música salsa hasta que el alcohol lo doblegó. Aprovechó la ausencia de su esposa que, por el coronavirus, decidió apoyar a sus padres que son octogenarios.

Desgraciadamente tuve que apergollar una ranfla de composiciones de Rubén Blades, Tito Puente y Héctor Lavoe. Hasta los berreos de su paisana Celia Cruz sacudieron mis oídos.

En otros tiempos, aquel ruido estruendoso hubiese provocado incontables enconos.

Hoy es distinto.

Le tengo conmiseración al cubano. Es un inmigrante que trabaja de lunes a viernes y abandona su departamento a las cuatro de la mañana. Retorna casi al anochecer con las ojeras y mejillas colgantes, casi arrastrando sus zapatones de herrero.

El miércoles me abordó en la calle, en los momentos que dejaba la bolsa de basura. El camión recolector la recoge durante la madrugada del jueves.

  —¿Cómo está su familia en Cuba? —le pregunté, después del saludo.

—No comprendo por qué el gobierno aun permite que entren extranjeros a La Habana… —respondió.

—Me imagino que el clima ayuda para tener un mejor control del virus. Además la medicina cubana es de primera…

—No lo crea —me aclaró— hay escasez de combustible y de ciertos alimentos… El gobierno debería cerrar las fronteras y meter a la gente a sus casas…

—¿Pero su familia está bien?

—Bendito Dios que le envío dinero a mis padres, pero mi madre que ya es grande de edad tiene que hacer largas colas para conseguir azúcar, sal, sopas, pollo o huevo. Mi padre tiene una enfermedad en los huesos y no puede caminar…

El Ministerio de la Salud de Cuba informó hoy, domingo 22, que 35 pacientes fueron afectados por el Covid-19. Dos se encuentran en estado crítico.

El periódico Gramna publicó la lista de los enfermos con nombre, apellido, edad y lugar de residencia.

Cientos de médicos cubanos viajaron, con el propósito de ayudar a las víctimas del agresivo virus, a Italia, Jamaica, Nicaragua y Venezuela.

En Quebec, el número de enfermos aumentó: 257 casos registrados oficialmente.

El primer ministro provincial, François Legault, en conferencia de prensa, anunció el cierre de todas las plazas comerciales, donde normalmente se refugian las personas de la tercera edad. Continuarán abiertos los supermercados, farmacias y vinaterías.

Francisco, el vecino del departamento 3, por teléfono me comentó que se encuentran cerrados todos los restaurantes, centros nocturnos y bares del Viejo Montreal. La ciudad es un cementerio. Los autobuses cambiaron radicalmente sus horarios de recorrido.

—Preferí caminar después de esperar el bus por más de una hora, vecino —dijo y escuché en su voz un dejo de amargura y cansancio.

Durante la madrugada tuve escalofríos, a pesar de estar en orden la calefacción. Encendí la luz de la lámpara y me distraje leyendo. Al azar agarré del sillón uno de los libros autobiográficos de la actriz Shirley MacLaine. Lo conseguí por un dólar en francés en una librería de segunda. L’amour foudre o amor de rayo o relámpago de amor… En la traducción castellana, la editorial Plaza & Janes la intituló Bailando en la luz. El sueño retornó en la página 53.  La preocupación y los escalofríos se habían disipado.

Los Bergeron no paran de discutir. Sus gritos trascienden y es posible que empiecen a escucharse las quejas de los vecinos. Tener un adolescente narcoadicto es un infierno, en estos tiempos de recogimiento obligado.

En todo Canada hay mil 426 personas contaminadas por el coronavirus.

Uno de mis ex caseros me contactó por vía telefónica. Ocurrió diez minutos antes de sentarme a escribir.

LU me hizo saber que en la Place des festivals, dentro del área céntrica de Montreal, el gobierno provincial construye una clínica de salud para atender a enfermos afectados por el virus gripal.

—Abrirá sus puertas mañana, señor Monroy —indicó.

De paso, intercambiamos información relacionada a la salud de nuestros respectivos parientes. El tema de la compra de alimentos y papel sanitario tuvo que ser abordado. El segundo producto sigue escaso, pero es posible conseguirlo en algunos supermercados.

Nuestro principal problema es salir a la calle y romper la cuarentena.

Para la cena, según mis planes, me allegaré de una sopa de col y enfrijoladas con chile chipotle, queso mozzarella y cebolla picada.

Una vez por semana solo me alimentaré de carne de pollo o pescado congelado, importado de China.  La proteína animal es necesaria para los huesos cansados.

Esta mañana bebí una taza de té verde y comí un tazón de avena instantánea con agua caliente y una veintena de uvas verdes.

Después, al mediodía, almorcé un par de huevos estrellados con pan integral.

La dentista familiar me envió un correo electrónico, pero de esto escribiré mañana…

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HEMEROTECA: Biotecnologia Para PrincipiantesReinhard Renneberg –

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¡RESPIRAR O MORIR!

Por Everardo Monroy Caracas

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Sábado 21 de Marzo.

Día soleado, pero frio. Ocho grados bajo cero.

Mi área de acción corresponde al barrio de Ahuntsic-Cartierville, en la parte norte de Montreal.

La municipalidad tiene un registro de casi doscientos mil habitantes en  el barrio.

Soy uno más.

Y según el Ministerio de la Salud y Servicios Sociales de Quebec en la provincia solo hay tres mil ventiladores mecánicos y mil camas de cuidados intensivos.

No olvidar que en la provincia radican nueve millones de habitantes.

El dato preocupa. De ahí la importancia de acatar las recomendaciones de los especialistas de mantenernos alejados temporalmente del contacto humano.

Una gripa severa, como la que provoca el Covid-19, afecta el sistema respiratorio. Nuestra respiración se dificulta. Los enfermos crónicos o personas de la tercera edad es posible que necesiten de un ventilador mecánico para no asfixiarse.

En la fase uno que tanto cacarean los especialistas de la salud no es necesario el aislamiento social.

Sin embargo, según la experiencia china, es el momento de aislarnos voluntariamente en nuestra casa o departamento si notamos algún cambio radical en nuestra salud. De agravarse, es necesario que nos hospitalicen.

Y aquí empieza el desmadre.

En el barrio de Ahuntsic-Cartierville pululamos no menos de cuarenta mil viejos, en su mayoría con problemas de salud.

Por desgracia, el diez por ciento de los habitantes mayores de trece años consume en exceso drogas o alcohol.

Y predominan un alto porcentaje de personas obesas o enfermas de cáncer, diabetes, hipertensión arterial, Sida, etcétera.

Y solo existen tres mil ventiladores mecánicos en toda la provincia.

De ese tamaño está el problema.

La pandemia no solo hace estragos en nuestro equilibrio emocional. Por la falta de previsión de los barones del dinero y sus políticos debilitaron el derecho de la clase obrera a organizarse, capacitarse y proteger su salud. La televisión adormece, enajena.

Después de la pandemia vendrá una etapa de rapiña salarial con xenofobia.

Y, como siempre, los únicos ganones serán quienes tienen el control absoluto de los bancos, los hidrocarburos, la energía eléctrica, las redes sociales, la telefonía y la agroindustria.

En una palabra, nos tienen de los cojones. Y disculpen la expresión.

Por lo pronto, WalMart envió un comunicado electrónico para informar que, a partir del lunes 23 de marzo, de las siete a las ocho de la mañana, en nueve provincias se atenderá a las personas de sesenta y cinco años y más. Quebec, tal vez por ser francófona, quedó fuera.

En Quebec se han confirmado cuatro nuevos decesos. Van cinco hasta hoy, a las 14: 24 horas, tiempo de Montreal. Y 223 personas se encuentran hospitalizadas por el Coronavirus.

El director general de la Salud Publica, Horacio Arruda informó que las cuatro víctimas del Covid 19 eran septuagenarias y vivían en el mismo asilo de ancianos.

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